¿Cualquiera puede ser creativo?

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Transcripción del vídeo

La realidad entera me configura, pero ¿en qué sentido? ¿Qué relación hay entre el conocimiento

de la realidad y mi proyecto vital? No todas las realidades son tan sencillas como las

realidades que rodean al niño, pero podemos aprender mucho de él. Nos puede sorprender que

ante un regalo bien envuelto, a menudo el niño decida jugar con el envoltorio y no con el juguete

elegido por nosotros. Una caja vacía es una fuente de posibilidades, mientras que el dinosaurio con

diez sonidos le puede resultar aburrido. ¿Qué sucede ahí? Podemos explicarlo y extrapolarlo a

toda la realidad con dos términos, realidades cerradas y realidades abiertas. El filósofo

español Alfonso López Quintás explica esta distinción en su estética de la creatividad.

Una realidad cerrada corresponde a aquellas cosas que nos rodean y que nos son útiles.

Las usamos, las dominamos, no tienen valor para nosotros más que como un medio para algo.

Nuestra relación con ellas es de manipulación.

En cambio, una realidad abierta requiere de nosotros una relación de estima, de respeto y creatividad.

Por eso, a las realidades abiertas las denominamos ámbitos.

son fuentes de posibilidades que no se pueden utilizar de cualquier modo, sino que albergan

unas reglas con las que debemos cooperar. Mientras colaboramos con ellas, nuestra vida crece y se

eleva. Y esto condiciona la relación entre el sujeto y la realidad, entre tu existencia y la

vida. Tú, que existes, que eres una realidad y estás rodeado de cosas y de personas, de realidades

abiertas y cerradas, tienes una apasionante tarea por delante. Esta tarea es tu vida. La vida nos es

dada, nos descubrimos existiendo, pero se nos da abierta, no está escrita ni determinada. Nuestra

vida consiste en la relación e interrelación que yo haga con lo que me rodea, con las personas,

con lo existente, según sus posibilidades. Podríamos decir que la vida es un juego creativo.

nos encontramos inmersos en una partida en la que el fin del juego es disfrutar la partida,

crear una historia memorable y alcanzar una plenitud. ¿Cómo? Con las posibilidades que

el tablero del mundo me ofrece y con las relaciones que establezca con los demás jugadores. La entrega

a la realidad es una de las reglas que ésta nos impone. Para poder jugar bien necesito conocer

todas las reglas de este juego. No me las invento sin más. Y también comprender el sentido de estas

reglas. Por otro lado, jugar bien mis posibilidades y las posibilidades que en cada momento de la

partida se me ofrecen. En cualquier juego, cuanto más se asimilan las reglas y las posibles jugadas,

más interesante y divertido es. Y como es un mundo abierto y vamos co-creando nuevas realidades,

se nos abren caminos que tenemos que explorar con cautela para ver si nuestra partida tiene

buen término ahí. Conocer y comprender la realidad no es tarea sencilla, pero es algo

a lo que nuestra propia naturaleza nos impulsa. Recordemos a Aristóteles, el hombre desea por

naturaleza conocer. Como la realidad es rica, compleja e histórica, necesitamos de la ayuda

de muchos saberes. No nos basta con ser unos genios de la geografía o de la botánica para

comprender qué es una montaña y lo que ésta como realidad abierta nos ofrece. Otras experiencias,

como la del alpinista o la del Sherpa, por ejemplo, nos abren la mirada sobre la relación

del ser humano con la montaña. Por esto, el conocimiento de la realidad nos lo ofrece no

sólo lo que podemos llamar ciencias empíricas o positivas, sino también la literatura, la historia,

la filosofía, las artes plásticas. No tenemos recetas para vivir, no hay atajos, pero sí que

encontramos en quienes nos han precedido un conocimiento valioso y sobre todo que estamos

dotados de un deseo y de una capacidad asombrosa para hacer de nuestra vida una partida apasionante.

Hay que jugar atento a la realidad dada.

Como hemos visto, la realidad es independiente de mí, es más que mi mera voluntad.

Esto nos lleva a preguntarnos cómo relacionarnos con ella, cómo ajustar nuestros anhelos.

Para ello, resulta útil distinguir entre realidades cerradas y realidades abiertas.

Las abiertas se presentan como fines en sí mismas y demandan de nosotros una creatividad e interacción, la realidad como juego.

En este sentido, las humanidades nos permiten conocer mejor la naturaleza de la realidad,

con sus reglas y normas, y por lo tanto, interactuar mejor con ella.

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