Las tres actitudes y el por qué

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Transcripción del vídeo

La satisfacción del empleado y el rendimiento de la empresa pueden maximizarse si se descubre que sus fines coinciden.

El cuento popular de tradición oral Los Tres Canteros hace referencia a tres actitudes o enfoques que se pueden asumir ante una misma tarea.

Un peregrino se dirige a Chartres. Sobre el camino ve a un hombre cansado y sudoroso rompiendo bloques de roca y le pregunta

¿Qué está haciendo señor?

¿Qué hago yo?

¿Romper las piedras no está viendo?

Es duro, madrugo mucho, me duele la espalda, tengo sed y hace mucho calor.

Hago lo mismo día tras día.

El peregrino sigue y ve a otro más lejos, rompiendo piedras.

Señor, ¿qué está haciendo?

Bueno, yo rompo piedras para ganarme la vida.

Este le explicó con rapidez el método que seguía para extraer de la roca

una piedra lo más parecida posible a la anterior.

Trabajo de sol a sol para llevar pan a la mesa de mi familia.

Estoy bien y me alegro de tener al menos este trabajo.

El peregrino siguió su camino y se encontró con un tercer cantero igualmente sudado,

pero que trabajaba las piedras con cierta energía y entusiasmo.

Al partirse la piedra pudo notar que el cantero sonreía y miraba con placer lo logrado.

¿Qué está haciendo, señor?

Yo, caballero, respondió el hombre con orgullo, estoy construyendo una catedral.

y con su mano tendida indicó el valle donde se levantaba un templo grandioso,

con pilares, arcos y atrevidos pináculos de piedra gris que apuntaban al cielo.

El primer cantero se había quedado en el qué.

Hacía su tarea sin ningún sentido, con el único objetivo de cumplir y ganarse la vida.

El segundo estaba centrado en el cómo,

centrado principalmente en su responsabilidad para con su familia

y la satisfacción del trabajo bien hecho.

El tercero, en cambio, asumiendo la tarea y la responsabilidad,

Había dado un paso más allá encontrando el sentido a su trabajo, más allá de la propia tarea.

Estaba focalizado en el para qué, en el propósito último de esa tarea en concreto.

Era consciente del valor de su aportación a esa gran tarea.

Con esta verdad tan sencilla, por ejemplo, hizo fortuna Simon Sinek en 2009 cuando recordaba el error frecuente

en que suelen caer emprendedores, gestores y directivos de empresa que es obcecarse en el qué,

o sea, el producto y en el cómo, es decir, el proceso, cuando lo realmente importante,

lo que moviliza los esfuerzos de todos los empleados es el por qué, el sentido de aquello que ofrece la empresa.

¿Crees que tu fin personal está alineado con el de la empresa o que hay un desequilibrio?

Identificar nuestros fines y comprender los de la empresa es el primer paso para lograr esta confluencia.

Gracias.

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