La revolución Moltke

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Transcripción del vídeo

El hacer del empleado. ¿Cómo podemos aproximarnos a nuestra actividad particular en el marco de la empresa?

Y sobre todo, ¿cómo alcanzar esa confluencia de la que hemos venido hablando?

Esta pregunta solía plantearse en otros términos como vocación o misión personal.

Una pregunta que surge desde la más tierna infancia, el que quiere ser mayor,

y que influye en nuestra toma de decisiones durante toda la vida.

Uno de los pensadores que abundó con insistencia esta cuestión fue Ortega-Gasset cuando insistía

en que la vida humana es un quehacer. Y en efecto, aunque los seres humanos no nos definimos

exclusivamente por lo que hacemos, aquello a lo que nos dedicamos en la vida configura

gran parte de nuestra identidad y del sentido que damos a nuestra existencia.

En cierto modo, se puede decir algo parecido de las organizaciones. Ahora bien, ¿en qué

sentido tienen estas una misión? ¿Realmente se puede decir que están llamadas a ser algo?

Para muchos consultores y expertos de economía y empresa la pregunta no presenta dificultad. La

misión de una organización tiene que ver con su identidad corporativa y a la vez ésta consiste en

aquello que ofrece la empresa. Una empresa adquiere una identidad propia en la medida en que se

diferencia de sus rivales. Acudiendo a la historia militar sabemos que en el siglo XIX se produjo un

relevo entre Francia y Prusia en la excelencia militar. El artífice de esta revolución de

asuntos militares y también el responsable de la victoria de Prusia sobre Dinamarca y también en la

guerra austro-prusiana y franco-prusiana fue el general Helmut von Moltke. Una de las grandes

claves del nuevo modelo operativo prusiano fue la Austrastaktik, del alemán Austrak,

directiva, y Taktik, táctica. Se trataba de cambiar la forma de dar las órdenes a las

unidades subordenadas. En lugar de indicarles la acción que debían ejecutar, se les decía

la misión que debían cumplir, dejando al jefe de la unidad la elección de la táctica

más adecuada para su consecución. Esto dinamizó el modo operar, ya que en la guerra,

al igual que en las empresas, se pueden dar muchas situaciones imprevistas que obligan

a actuar según las circunstancias. Tener clara la misión permite reaccionar con coherencia en

relación con el conjunto de la empresa y el propósito general de ésta. Además, cuando la

misión está coherentemente articulada, la identificación de la persona con la misión

dentro de su empresa contribuye a su satisfacción personal y autorealización. Este descubrimiento

no sólo cambia nuestra identidad sino también lo que hacemos. Perigüo mi visión personal, exige de

mí una apertura a lo ajeno y esto transformará mi vida y mi trabajo disponiéndome a la escucha,

al aprendizaje y a una entrega de todas mis habilidades y conocimientos. Dar y recibir

constituyen así la visión que ilumina el modo humano de estar en la empresa. Como hemos visto,

la pregunta por el qué hacer con la vida es la educativa por la misión personal. La conciencia

de una misión facilita la coordinación de los equipos, permite la identificación del empleado

con su empresa. Para descubrir la misión no basta con reflexionar, sino que hay que estar abiertos

a la realidad que nos rodea. Persona y empresa tienen en común que ambas descubren su misión

averiguando en qué son útiles para los demás y enfrentándose a lo desconocido.

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