De raíces y hojas

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Transcripción del vídeo

Una empresa es como un cuerpo. Pero, ¿cómo funciona este cuerpo? ¿Y sus miembros? ¿Qué tiene más valor para su buen funcionamiento? ¿El tronco o las hojas?

Los cuerpos funcionan según un principio de armonía entre sus miembros. Y de la misma forma que los cuerpos individuales actúan así, las corporaciones también tienen una unidad de sentido que les empuja a ejercer conjuntamente.

La formación histórica de los reinos o de los imperios ofrece ejemplos muy ilustrativos del

funcionamiento integral que debería tener una empresa, como la fábula del gran Khan Kubrat,

príncipe de los Hunos y fundador del Reino de Bulgaria. Cuando se disponía a dejar sus vastas

posesiones a sus hijos en su lecho de muerte, les entregó a cada uno un haz de ramas y les

pidió que trataran de romperlo. Los mayores lo intentaron sin éxito y al llegar al turno del

hijo más pequeño, éste decidió separar las ramitas del haz y romperlas una por una.

El anciano padre les explicó, si os separáis y cada uno actúa por su cuenta, sois fácilmente rompibles.

Pero si permanecéis unidos, nada podrá con vosotros.

Nunca distanciéis vuestras moradas, pues solo estando unidos y concordes podrá vuestro reino prosperar.

Y de ahí proviene el lema nacional de Bulgaria, y como ese, los de muchos otros países.

Pero, ¿este ideal de unidad no entra en conflicto con la libertad?

Hay que reconocer el riesgo de que lo colectivo se construya en detrimento de la persona.

Muchos proyectos colectivistas del siglo XX así lo han hecho.

Pero, ¿resulta esto inevitable? ¿El grupo anula necesariamente al individuo?

A pesar de este riesgo, la singularidad de la persona y los objetivos del colectivo no

son irreconciliables. Al contrario, el hombre es un ser naturalmente social, como dice Aristóteles,

un zoon politikon, o en griego un animal político, en el sentido amplio de la palabra. Y es que no

hay criatura del reino animal que nazca tan desvalida como el hombre. Por eso,

dependemos de nuestro entorno social y de las estructuras que nos preceden. Y la empresa es

Es uno de esos ámbitos de sociabilidad que aglutina los diversos intereses comerciales

y contribuye así al desarrollo humano.

La empresa no flota en un vacío, sino que está integrada en la sociedad.

Además, el fin lucrativo cumple un fin social.

Por eso, en lugar de una oposición entre individuo y colectivo, la empresa encarna una

alianza entre persona y comunidad.

Por eso, el dilema entre el todo y las partes resulta falso.

La empresa, como el árbol, no es un cúmulo de individuos, sino una comunidad integradora.

Cada hoja aporta luz y oxígeno al resto del bosque, al mismo tiempo que se nutre de sus raíces.

Sin su fin social, empresa y empleados jamás podrán prosperar.

Hoja y tronco tienen la misma y recíproca importancia.

No se puede elegir entre tronco y hojas porque no se debe, se necesitan mutuamente.

O como diría Michael Cripton, no saber la propia historia es como ser una hoja y no saber que formas parte de un árbol.

sin embargo, para que esta relación simbiótica funcione, debe dar su fruto. Los líderes.

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