La fama en el medievo español

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¿Qué es la comunidad?
Aunque hoy en día pueda sonar extraño, la idea de comunidad en otros momentos de la historia tenía que ver no sólo con la relación entre individuos que convivían durante el mismo periodo vital, sino también con los que lo habían hecho en el pasado.
Es lo que se conoce como tradición, o como dice Chesterton, la democracia de los muertos.
Aceptar la tradición es como conceder derecho de voto a la más oscura de las clases sociales, la de nuestros antepasados.
No es más que la democracia de la muerte. La tradición rehúsa a someterse a la pequeña
y arrogante oligarquía de aquellos que solo por casualidad andan todavía por la tierra.
La importancia de la tradición se apoya en varios pilares, entre ellos el de la fama.
Es muy interesante revisar este concepto universal y que en nuestro tiempo se ha cargado de otros
significados bien distintos al que tenían origen. En la Edad Media fue tratado por varios autores,
pero uno de los que lo hizo con mayor profundidad fue Jorge Manrique en sus coplas.
Esta obra, compuesta entre 1476 y 1479, tiene como motivo inspirador la muerte de su padre,
el maestro Don Rodrigo. El poema toca temas de consideración y validez universal como la
condición mortal de todo lo terreno, la inestabilidad de la fortuna, la fugacidad de las
glorias humanas, el desprecio de los bienes mundanos y el poder igualador de la muerte
que no respeta ni a los poderosos ni a los humildes. Únicamente la vida de virtud, la fama
adquirida con honor, conduce a la vida eterna, a la glorificación y puede desafiar al poder
destructor del tiempo y la muerte. Jorge Manrique cita tres formas distintas de vida y nombra la
tercera en esta copla. Y pues vos, claro varón, tanta sangre derramasteis de paganos, esperad el
galardón que en este mundo ganasteis por las manos. Y con esta confianza y con la fe tan entera que
tenéis, partid con buena esperanza que esa otra vida tercera ganaréis. Las otras formas de vida
a las que alude son las que todo occidental de tradición judeocristiana entiende. Una es la
terrena, que es común a todos y que acaba con la muerte, y la otra es la vida eterna, la que no
tiene fin. Pero la que nos interesa en este punto es a la que se cita como tercera, la vida de la
fama. Más larga que la vida terrena, sobrevive en el recuerdo de las gentes, no es eterna,
pero contribuye a la perpetuación en la tradición y en la memoria de una familia, un pueblo
o una nación. Además, la fama adquirida por los actos realizados en esta vida repercute
favorablemente en el goce que los bienaventurados tendrán en la otra. El honor de don Rodrigo
y las buenas obras que de él se desprenden le hacen adquirir fama y gracias a esto consigue
vencer a la muerte y alcanzar de esta forma la vida eterna. Qué distinto este concepto a la idea
de fama actual. La popularidad, la aprobación o el número de seguidores bien poco tienen que ver con
la gloria o el renombre ganados por acciones esforzadas y ejemplares a lo largo de toda una
vida. Esa fama contribuye al mantenimiento de la tradición y no sólo como tema literario sino
como sostén del pasado que nos constituye como comunidad desde el más próximo ámbito familiar
hasta el nivel máximo de toda una civilización.
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