El organigrama

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Transcripción del vídeo

Como ya hemos visto, es imposible construir la empresa sin un equipo.

Pero la plasmación del líder empresarial no sucede de golpe.

Primero, hay que dominar el terreno sobre el que se va a construir la misión.

Diseñar el organigrama.

Desde la noche de los tiempos, toda empresa comienza con un choque entre el hombre y la naturaleza.

Lo mismo ocurre con la composición del equipo.

Al principio, un grupo humano siempre será caótico y descoordinado, incluso si ha sido

previamente seleccionado. El terreno sobre el que se proyectan nuestros planes empresariales

es un equipo humano, pero este es originariamente caótico. Solo si se ordena puede ser fructífero.

Ese orden, esa organización, ese organigrama son los cimientos de nuestra empresa. Y esta

necesidad nos obliga a organizarnos. El ser humano se une a otros para alcanzar metas más altas de

las que podría alcanzar individualmente. La primera jerarquía, el primer organigrama que encontramos

en la historia de la humanidad desde la prehistoria es obviamente la familia. Pero aparte de eso, el

hombre no necesitó una jerarquía hasta que ya entramos en la agricultura, en la ganadería, y

entramos en las primeras civilizaciones. Incluso los agricultores más primitivos no tenían unas

jerarquías muy claras, pero es cuando el hombre se ve abocado a un proyecto común, como es la

irrigación, cuando tiene que coordinar grandes cantidades de mano de obra, cuando comienzan los

organigramas, cuando comienza una jerarquía, porque si no, esos proyectos no se pueden llegar a cabo.

La alternativa al orden es la anarquía. Recordemos que Arjé significa principio, orden y también mando. Por tanto, lo anárquico es lo que carece de principio, lo cual contradice la definición direccional del proyecto, como veíamos en capítulos anteriores.

Y así el proyecto, basado en la idea, es el motor que mueve a ese designio y en el que nos basamos para emprender, que nunca debe perder el arraigo de la realidad, eso hay que dándolo siempre en cuenta, si queremos que fructifique.

Sin principio, sin origen y sin dirección, resulta imposible acometer ninguna empresa humana.

Este orden se encuentra impreso en nuestro cuerpo, en la propia naturaleza y en toda sociedad que da frutos.

Como vemos, el orden es fundamental por dos motivos.

Resulta necesario y es natural.

El cuerpo humano se organiza siguiendo un modelo competencial.

Cada órgano es un instrumento encargado de una función determinada, como el pulmón o el estómago.

La representación gráfica de los distintos órganos coordinados se llama organigrama.

Tenemos el famoso discurso que nos describe Tito Livio en su historia de Roma, cuando ante una

rebelión de los plebeyos, el senado romano envió al excónsul Agripa, Menenio Lanato,

también de origen plebeyo, a mediar entre plebeyos y patricios. Menenio les convenció

con una fábula, mostrando cómo las discordias internas entre las partes del cuerpo sólo

llevan a su autodestrucción.

Les contó Menenio que cuando las partes del cuerpo humano vivían aún separadas, se indignaron

todos contra el vientre, acusándolo de que vivía a costa del resto. Y como castigo decidieron

dejar de alimentarlo, ni las manos, ni la boca, ni los dientes, le llevarían ningún

tipo de comida. Sin embargo, matando de hambre al vientre, se debilitaron todos, haciéndose

evidente que el vientre no es un holgazán, y que su función de distribuir equitativamente

por las venas todo lo que recibe, era vital para todos los miembros.

Esta organización funcional no es meramente corporal, la vemos también en la naturaleza

tomada en su conjunto. Del aparente caos que es el universo, si tomamos perspectiva,

lo vemos organizarse en cascada, en materiales y entidades orgánicas e inorgánicas y dentro

de los seres vivos en los cinco reinos que pueblan la Tierra. Desde la bacteria más

pequeña a la ballena más grande, cada uno cumple una función en el organigrama de la naturaleza.

El hombre percibe este orden natural y trata de recrearlo a través de la cultura. Así,

los antiguos entendían que el mundo puede ser originariamente caótico, pero que es

necesario un orden compartimentado en la realidad, y como tal distribuían sus panteones conforme al

orden que descubrían en la naturaleza. El elemento más importante de aquellas civilizaciones eran los

dioses. Estos existían dentro de un orden lógico y jerárquico. En todos los mitos politeístas de

la creación, los dioses nacen en cascada, según su importancia, para sustituir al caos primigenio.

Un caos inestable, imposible de mantener, que se estructura fluyendo naturalmente hacia un

organigrama que sí puede abrigar la vida y hacer del mundo un lugar habitable.

Sus relatos de la creación eran similares. Del caos nace un orden estructurado y funcional,

jerárquico. En general podemos distinguir cuatro estadios. Primero, el caos. Segundo,

la vida cósmica de los primeros dioses celestiales. Tercero, un cosmos ordenado en tierra y cielo. Y

por último la vida humana y su orden político encarnada en los últimos dioses así el universo

se estamenta en un organigrama perfectamente armonizado de lo mayor a lo menor y como reflejo

tenemos las mitologías por ejemplo sumero-acadia tenemos la mitología hasta cierto punto olímpica

en parte de también parte de la mitología egipcia donde nos encontramos un intento de

ordenar el caos mediante familias de dioses, donde vemos una mitología muchas veces basada

en el orden frente al caos, en el caso egipcio, el Ahmad como el orden que ponen los dioses en el

mundo. A su vez, en la mitología griega vemos un elemento que falta en los anteriores. No basta con

que el caos nazca del orden, es necesario matar al caos para construir el orden. Este elemento tan

visuales comunes a varias civilizaciones, por ejemplo en los babilonios, que sucedieron a los

sumerios en Mesopotamia. Hay un poema religioso escrito en el siglo XII a.C. en tablillas que ha

llegado hasta nosotros, que es el Enuma Elish. En Babilonia significa cuando lo alto, son las

primeras palabras de este poema. Y el día de año nuevo se recitaba todos los años en Babilonia,

una lectura pública. Y aquí nos cuenta el origen del mundo. Nos cuentan cómo en el principio de

todo había como dos especies de grandes dioses, que era la diosa Tiamat, que era el principio

femenino, el agua salada, el caos en forma de dragón, y su marido, el Apsu, que era el agua dulce,

y ambos, digamos, regían el mundo.

Entre ambos tuvieron descendencia que eventualmente dio lugar a los grandes dioses,

a los grandes, lo que se va a ser el dios Anu, el dios del cielo,

Ishtar, la diosa del amor y el planeta Venus,

Shamash, el dios del sol,

y también al dios de la atmósfera y de la realeza, Enlil,

y el más importante para la humanidad, que es Enki.

Enki, que literalmente en sumerio es un hombre que decía el señor tierra,

que era el dios de las aguas dulces, de la tierra,

y hasta cierto punto de la magia y hasta cierto punto, diría, de la civilización.

¿Qué ocurre?

que Tiamat y Apsu estaban descontentos con los dioses,

porque decían que hacían mucho ruido y que molestaban

con esa progenie que habían tenido, y decían exterminarlo.

Adelantándose a los acontecimientos,

el dios Enki consigue vencer a Apsu y quedarse con su morada.

Tiamat entra entonces en furia, reúne un ejército de engendros,

de Tiamat, es el caos, hay que recordarlo, al mando de una especie de edad llamada Kingu,

y arremete contra los dioses. Y es ahí donde surge, según dice el Enuma Elis, la figura del Marduk,

el cual es un hijo de Enki, el cual se planta en la asamblea de los dioses y dice que si le nombra

el rey de los dioses, vencerá a Tiamat. Y efectivamente, lucha un mano a mano con Tiamat,

vence a Tiamat, desmembra su cuerpo y después de las diversas partes de su cuerpo surge el mundo

tal y como lo conocemos. Tanto en la mitología egipcia como en la mesopotámica, el orden tiene

que vencer al caos en el caso de la mesopotámica marduk representa el orden y mata al caos primigenio

la diosa tiamat el dragón el agua salada y el caos y gracias a eso con sus fragmentos construir

el mundo y gracias a eso tenemos un orden y tenemos el mundo en que vivimos según los mesopotámicos

tremendamente parecido es el rato de la creación nórdica al principio sólo existía un abismo

original, Ginnungagab, entre el país del hielo, Nifleim, y el país del fuego, Muspelheim. Del choque

y mezcla entre hielo y el fuego, nace el primer gigante, Ymir, y de él el resto de gigantes. Ymir

se alimentaba de leche, y de estas tibias gotas surgió otro ser viviente, de forma humana, Buri.

De él van naciendo los dioses nórdicos, Bor, Odín, Bili, Bé. Los tres hijos de Bor matan al gigante

Teimir, y despedazando a este gigante del caos, crearon el universo, usando su carne para la tierra,

su sangre para el mar, sus huesos para las montañas, su cráneo para el cielo, etc. De forma muy similar

a cómo Marduk, en los babilónicos, había construido el cosmos del cuerpo de la diosa del caos, Diamante.

Así es, destruyendo y ordenando el caos, como obtenemos un orden fructífero y un universo

exuberante, productivo, fértil, lleno de vida. De Sumer a Escandinavia, pasando por la teogonía

de Osiódo en la cultura griega, todas las cosmogonías se basan en la misma idea. Sin

orden no hay vida. Si la tarea de los dioses era sustituir el caos con el orden, lo mismo

podemos decir de la creación empresarial. Se trata de integrar elementos dispersos en

una unidad de sentido. El equipo, por su naturaleza humana, está llamado a estructurarse según

una jerarquía, a dividirse las funciones según un organigrama. Ahora bien, esa jerarquía no es

solo estructural, sino también interna. Toda pirámide tiene su pináculo. ¿Cuál crees que

debe ser la relación entre los distintos estadios del organigrama? ¿Cómo crees que

pueden potenciar o lastrar a la empresa? Lo veremos en los próximos vídeos.

Gracias por ver el video.

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