El reloj y el bonsái

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Transcripción del vídeo

Todo padre se plantea que es una familia. Todo ciudadano se cuestiona qué es el Estado.

Todo estudiante se pregunta qué sentido tiene una universidad. Todo trabajador debería plantearse

qué es una empresa. ¿Hace falta esta pregunta? ¿Acaso no lo sabemos todos ya? Pero si nos

pidiesen una definición quizás descubramos que la respuesta no es tan sencilla. ¿Cómo?

Una imagen vale más que mil palabras. El hombre siempre ha usado las metáforas, los mitos y las

parábolas para explicar el sentido más profundo de las cosas. Más que estudiar definiciones,

nos impacta a aprehender la realidad a través de lo plástico, lo sensorial y lo poético.

Busquemos una imagen por la que empezar. Busquemos a qué se parece más la naturaleza de la empresa,

a una máquina o a un organismo. ¿Reloj o bonsai?

Primero, veamos la definición de empresa. Unidad de organización dedicada a actividades

industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos. Interesante,

pero profundicemos. Empresa es acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución

requiere decisión y esfuerzo. Las empresas son las formas que ideamos para superar dificultades

en nuestro abastecimiento, nuestro ocio, nuestro trabajo y educación, nuestro transporte y viviendas,

son una herramienta social que va mucho más allá del mero lucro. Como en el mito griego de Prometeo,

en el que Prometeo robaba a los dioses el fuego para dárselo a los hombres y que pudieran estos

salir de su barbarie. Las comunidades humanas, entre ellas la empresa, son Prometeos, que permiten

al hombre superar multitud de dificultades en su vida social y económica. Lo que el hombre no puede

solo lo alcanza unido. Sin comunidad no podríamos dominar los elementos. Gracias al tejido empresarial

los hombres obtenemos beneficios que nos permiten hacer del mundo un hogar. Queremos plantear dos

modos de enfocar la empresa, según dos metáforas que vamos a llamar la metáfora organicista y la

metáfora mecanicista. Dicho de otro modo, ¿entendemos la empresa como una máquina en la que yo soy un

engranaje más y soy reemplazable por otro engranaje igual? ¿Como una suma de individuos

que nada tienen que ver en común entre sí ni con el proyecto? ¿O como un organismo en el que cada

miembro desempeña una función y todos son necesarios? La máquina es un aparato impersonal

en el que todo es neutro y reemplazable, el cuerpo un todo integrado. Si un engranaje falla en la

máquina, la máquina deja de funcionar. Si un miembro del cuerpo falla, el resto del mismo se

reorganiza para que el cuerpo siga funcionando. Un cuerpo puede crecer. Una máquina está limitada

por sus propios procedimientos. La naturaleza de una empresa es la de un organismo. Nadie quiere

sentirse engranaje de un reloj o parte de un automóvil. No hay dos hojas iguales. Si un

miembro falla, el resto se reorganiza para que siga funcionando, como un cuerpo. De hecho,

la palabra corporativa viene del latín corpus. Cuando una persona entra en una empresa se

incorpora, pasa a formar parte del cuerpo. Solo desde una comprensión corporativa de la empresa

se comprende, por un lado, su estructura jerarquizada y por otro su necesidad de actuar de forma

armónica y unida. Ya Platón, en la República, habla de cómo surge la sociedad a partir del

comercio. Como no tiene sentido que todos realicen las mismas tareas, cada uno se especializa en una

actividad e intercambia el fruto con el vecino. Del mismo modo, un cuerpo no se compone de un

solo miembro sino de muchos. Como se pregunta Pablo de Tarso, si todo el cuerpo fuera ojo,

¿dónde estaría el sentido del oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?

La empresa no es un engranaje impersonal, es un cuerpo vivo.

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