La delegación

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Transcripción del vídeo
Proyecto, equipo, organigrama y dirección.
Cualquiera diría que la empresa ya puede sostenerse sola y echar a andar.
Pero esto no es del todo cierto.
Los pilares por sí mismos no aguantan todo el peso. Necesitan vigas.
Sin ellas, el edificio acabaría desplomándose.
Por eso la empresa necesita que el líder domine un arte muy particular.
La delegación.
Como hemos visto en el vídeo anterior, la dirección depende de la autoritas, la autoridad
moral inherente al líder. Pero eso no significa que deba hacerlo todo él. Es como si le pidieramos
que hiciera lo mismo que Atlas. Obviamente acabaría aplastado bajo el peso de la empresa.
El líder debe ser el primero en la batalla, como César Enalesia, sí, pero también debe
aprender a ponerse en segundo plano cuando es necesario. De hecho, el ejercicio de la autoritas
se demuestra a través de la delegación, que tiene dos movimientos. Uno, de arriba hacia abajo,
en el que se repartan tareas y responsabilidades, y otro de abajo arriba, que es la forma en la que
opera el principio de subsidiariedad. El trabajo asciende desde la base hasta la gestión y la
dirección interviene para coordinar grupos y para ocuparse de aquellas cosas que las bases no pueden
resolver por sí mismas. Y esto requiere humildad y confianza. Humildad para admitir que no somos
imprescindibles. Confianza en que las personas en las que denego no harán las cosas exactamente
igual que yo, pero las harán. Y sorpresa, muchas veces lo harán mejor. Platón se refiere
constantemente a la sociedad como un barco y critica los amotinamientos. De nada sirve una
tripulación descabezada. Aunque cada uno sea experto en su función, tiene que ver alguien que
aúne todos esos esfuerzos para cumplir una misión. El capitán tiene también sus conocimientos,
de astronomía, meteorología, pero tiene que contar con el resto de la tripulación.
Esa expresión de que vamos en el mismo barco, eso tiene todo el sentido,
porque en un barco todos son necesarios y ninguno imprescindible, eso también es cierto.
Ahora bien, la misión del capitán resultaría estéril sin la tripulación.
Los oficiales en la cubierta, los oficiales en la guardia del puente,
el oficial de comunicaciones, el jefe de máquinas, los oficiales de máquinas, especialistas si es un
barco de guerra en tiro y artillería naval o si es un barco mercante pues también es importante el
oficial de carga porque la carga hay que distribuirla de forma adecuada cuántos barcos se han perdido
por lo que se llama corrimiento de la carga, la carga se ha desplazado, ha escorado el barco y se ha
acababundiente. Por lo tanto, es una necesidad el contar unos con otros. Un capitán sin tripulación
no podría hacer nada y una tripulación sin capitán tampoco lo hace, porque cada cual es capaz de hacer
su especialidad, su cometido, pero sin embargo no tiene una cabeza rectora que pueda organizar
y definir la misión del buque.
El capitán solo jamás podría desempeñar todas las funciones necesarias para la migración,
pero también toda la tripulación necesita un jefe que les coordine,
que aúne esfuerzos y que defina una misión para llevarla a cabo con éxito.
La expansión de los grandes imperios también ofrece un buen ejemplo de la importancia de saber delegar.
Roma manejaba extensiones de miles de kilómetros sin la tecnología actual.
¿Cómo mantener el aparato imperial en un territorio casi inabarcable?
Mediante la división en provincias gestionadas por un procónsul y un cuéstor provincial
y más adelante, gracias a las diócesis, a cargo siempre de un vicario.
La monarquía hispánica se enfrentó al mismo reto pero multiplicado hasta en cinco continentes.
La división política se hacía en virreinatos y provincias, coordinados por consejos y reales audiencias.
Era el régimen polisinodial.
Por un lado, estas instancias actuaban con bastante autonomía y disparidad jurisdiccional.
Por el otro, todos los territorios actuaban frente al exterior como una unidad política.
Los consejos territoriales son un elemento capital para la cohesión imperial.
Constituyen un foro en el que las opiniones y agravios locales pueden manifestarse ante la corte del rey,
de modo que las provincias y los reinatos no quedan marginados por la metrópoli.
Delegar requiere valentía para hacer partícipes a los demás.
Delegar requiere también un conocimiento profundo de tu equipo para saber a quién encomendar unas tareas u otras.
Pero delegar no implica desentenderse, sino que exige acompañar al equipo en su desarrollo.
Por eso, Delegar fomenta el desarrollo de la humildad y de la capacidad para confiar en el líder y, a la vez, el crecimiento orgánico de los empleados.
La pregunta es inevitable. ¿Confían en ti como lo esperas?
¿Y tú? ¿Confías en los tuyos como deberías?
Gracias por ver el video.
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