La dirección

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Transcripción del vídeo

Ya tenemos el proyecto, el equipo y el organigrama. Ahora necesitamos los pilares que dirijan el edificio hacia el cielo y que lo mantengan recto y firme en su verticalidad.

Para ello debemos fijarnos en la cumbre, en el vértice, en la cúspide, la dirección de la empresa.

Un líder se rodea de personas valiosas y saca lo mejor de ellas mismas. ¿Y cómo lo hace? Con el ejemplo. O como diría Goethe.

Una gran persona atrae grandes personas y sabe cómo mantenerlas juntas.

Las palabras convencen, el ejemplo arrastra. Esto es algo que cualquier líder sabe.

Una clave para entender este y otros aspectos de la conducta humana podemos encontrarla en la teoría mimética de René Girard.

El antropólogo francés se hace una pregunta sencilla. ¿Por qué deseamos aquello que deseamos?

Siempre se ha dado por supuesto que deseamos las cosas por su valor.

Sin embargo, Girard plantea que nuestro deseo es fundamentalmente mimético, es decir, no

deseamos las cosas por sí mismas, sino porque resultan deseables para otros.

Imito a los demás no solo en lo exterior, sino en lo más íntimo, en sus deseos.

El niño aprende por imitación de la figura paterna y materna.

En los primeros años hay siempre una educación del gusto.

El niño aprende a mirar al mundo a través de sus padres.

Aquello que la sociedad señala como deseable adquiere de inmediato un prestigio tal que

acaba por orientar nuestro deseo. La imitación no es de por sí algo negativo, sino que constituye

un camino humano de crecimiento y aprendizaje, pero también puede ser fuente de rivalidad

enfermiza y abocar en la exasperación. Cuando la escalada mimética alcanza demasiada intensidad,

puede llegarse la destrucción de la sociedad. El lado negativo de la imitación aparece cuando

el deseo pierde de vista el objeto y fija su energía en apropiarse del prestigio que le

otorga el objeto en relación a los demás, en relación a aquellos que también lo desean. El

otro es mi rival y esto es lo importante. El objeto no importa más que como excusa para suplantar y

aplastar al otro, apropiarme de su prestigio metafísico. La imitación positiva busca un modelo

de crecimiento. Girard diría que el líder es aquel capaz de romper el hechizo mimético, liberando al

sujeto del deseo de competir con el otro para permitirle precisamente aprender del otro. El

El líder genera una confianza que permite a cada uno asumir su puesto.

Se pone a la vanguardia del proyecto y llama a los demás a ponerse a la altura, generando

una escalada no ya mimética, sino sublimadora.

Y en ella se produce un movimiento recíproco entre el directivo y los trabajadores.

Los trabajadores buscan responder al compromiso del líder y juntos impulsan el proyecto.

Ahora bien, la dirección implica dos movimientos.

Avanza y arrastra, como una locomotora.

En el primer movimiento, la locomotora abre camino hacia algo concreto, hacia esa meta que justifica el viaje.

Así, la dirección es la vida por la que el equipo se hace partícipe del proyecto, como una orquesta con su director.

La necesidad de la dirección se remonta a los orígenes de la música.

Las cuevas de abrigo de Boro muestran un dibujo de un hombre marcando el paso de una danza tribal,

igual que lo haría un director de orquesta y data nada menos que de 6.000 años antes de Cristo.

El director de orquesta, tal como lo conocemos, es mucho más actual,

pero tal como manifiesta Enrique García Asensio,

que fue director titular de la Orquesta de Radio Televisión Española

y también catedrático del Real Conservatorio de Música de Madrid,

su existencia es ineludible en una orquesta sinfónica.

Y es que la orquesta tiene músicos e instrumentos llenos de peculiaridades e imperfecciones.

Pero es que precisamente la orquesta es el instrumento del director.

Su misión es la de aunar, hacer que la orquesta suene como uno solo.

El director traduce lo ideal de la partitura en una música real,

igual que un líder encarna un proyecto y un equipo concreto.

Y es que una partitura sinfónica es tremendamente ambigua, por lo que ninguna versión de una pieza es exactamente igual a otra, dependiendo de mil circunstancias.

El director potencia las capacidades de los músicos, generando intenciones que la orquesta vuelve realidad.

Pero no cada músico individualmente, sino manteniendo en todo momento la armonía del grupo humano.

Como explica el director italiano Riccardo Mutti, la labor del director consiste en permitir el tránsito

entre el sentimiento del músico y la capacidad musical de la audiencia.

El líder, al igual que el director de orquesta,

abre camino transformando el ideal del proyecto en una realidad que armoniza a todos los empleados.

Pero la locomotora no solo abre camino, también arrastra.

El líder no solo muestra el camino, sino que da la fuerza necesaria para seguirlo.

La batalla de Alesia ilustra la necesidad de líderes y su impacto en los equipos.

Cuando los romanos están sitiados y a punto de perder,

Julio César abandona la comodidad de su tienda y se lanza el primero a la batalla.

Entonces sus hombres que están luchando lo reconocen por la túnica carmesí y al ver a su comandante marchando el primero al combate

recobran la moral y le siguen a la lucha con ánimos renovados.

Al final los romanos lograron la famosa rendición de Berzin Hectorix y conquistaron la Valia.

Como hemos visto el liderazgo marca el camino y arrastra a los demás gracias a un movimiento de imitación que coordina a todo el equipo.

El verdadero líder no es el general que ve la batalla desde la colina, sino el capitán que se pone al frente del pelotón.

De la misma forma, el ejemplo de un líder no se limita a breves acciones concretas, sino que se extiende a todo lo que le rodea.

El líder comunica con el ejemplo de su vida diaria. Su ejemplo, por tanto, es una tarea que nunca acaba.

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