La Ilíada: la primera obra de literatura

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¿Qué es la vida?
Dice Aristóteles, en su Poética, que las acciones preferidas por el lector son las nobles y eminentes que suscitan piedad y temor y sirven como purificación de las pasiones en el proceso de catarsis.
Es decir, que la debilidad de los lectores son las historias en las que suceden hechos orientados a un bien que se consigue mediante el esfuerzo.
además es fundamental para que una historia nos enamore que nos haga sentir identificados de
alguna manera nos adherimos al héroe porque compartimos con él la sensación de miedo
ante el fracaso o la muerte y la sensación de piedad por sus desventuras pero experimentamos
un gozo casi real cuando el desenlace es ventajoso esto es a lo que aristóteles llama catarsis que
significa purificación. Veamos qué hizo Homero para que su obra sea convertido en inmortal y
haya atraído a hombres de toda condición y de cualquier latitud durante casi 3.000 años.
La Ilíada cuenta lo ocurrido durante 51 días de la guerra de Ilión, nombre de Troya en griego,
que se origina con el rapto de Helena por París, príncipe troyano. Menelao, esposo de Helena,
pide ayuda a su hermano Agamenón, rey de Micenas y el más poderoso de Grecia en aquel momento.
Reúnen casi 1.200 naves que asedian Troya durante 10 años. Mejor hagamos una pausa para presentar
a todos los personajes. Los griegos o aqueos están capitaneados por Agamenón, hermano de Menelao,
rey de Esparta y cuñado de Helena. Todavía no lo sabe, pero a su vuelta de Troya va a encontrar
su hogar bastante revolucionado, pero esa es otra historia y será contada cuando corresponda.
De su lado encontramos a valientes guerreros griegos como Ajax, Ulises, Néstor y el mítico
Aquiles, el Pélida, el de pies ligeros. Es hijo de una ninfa y esto lo convierte en sobrehumano.
Su ira se desencadena cuando Agamenón le quita a su esclava Briseida y por ello decide dejar de
luchar. Su amigo Patroclo va al campo de batalla vestido con la panoplia de Aquiles y Héctor lo
mata confundiéndole con el héroe. Del lado de los troyanos encontramos al anciano rey Príamo y su
esposa Écuba, padres de Héctor y París. Héctor es el mayor, que tiene que asumir la enorme imprudencia
de su hermano pequeño y es el encargado de proteger la ciudad ante el asedio griego. Está
casado con Andrómaca y tienen un hijo pequeño. El otro hijo varón es París, raptor de Helena,
la bella y enamorada por las artes de Afrodita. Los reyes tienen una gran descendencia, pero
solo mencionaremos a otra de las hijas, Casandra, que rechazó el amor de Apolo, quien traicionado,
la maldijo escupiéndole en la boca. Poseería el don de la profecía, pero nadie creería jamás en
sus pronósticos. También están los dioses, que se ponen de un lado o de otro. En el bando de los
griegos encontramos a Atenea y a Hera, y apoyando a los troyanos, Apolo, Afrodita e incluso en
algunos momentos a Zeus, pero el melodrama de esta teogonía es aún más compleja que los propios
devaneos humanos. Pero a lo que Homero da más importancia en esta obra no es a la guerra,
que ni comienza ni queda resuelta en la Iliada y cuyo desenlace el auditorio ya conoce, sino que
sintetiza todo su dramatismo y sentido en unas acciones que se inician con un conflicto moral
y con un choque de pasiones. Aquí irrumpen la cólera, el resentimiento, el amor y el orgullo
guerrero de los héroes y en este momento surge la verdad poética y humana del asedio de Troya.
Agamenón es injusto con Aquiles y este deja de luchar. El noble Héctor, por su parte, da muerte
en el campo de batalla a Patroclo, fiel amigo de Aquiles, y este hecho impulsa de nuevo alpélida
al campo de batalla. Busca venganza en Héctor, al que mata en un duelo personal, y arrastra al
cadáver hasta su campamento. Tiene que ser el anciano Príamo el que vaya a recuperar el cuerpo
de su hijo para celebrar los funerales con los que acaba la obra. El mundo representado en la
Iliada es ideal, pero humano, y en él la intervención de los dioses es decisiva en el
transcurso de la trama y en las acciones de los hombres. Este carácter determinista viene dado
por la cosmovisión antigua en la que el destino del hombre está ligado al capricho de los dioses.
Toda la acción queda impregnada así de un profundo sentido poético y de una reflexión
sobre las limitaciones humanas. Ante esta trágica realidad el griego decide vivir su breve existencia
de forma heroica. Los personajes de Homero no se resignan a vivir una vida que no merezca la pena
ser cantada y así honor, valor y gloria marcan todas sus acciones. Sobre todo este escenario
destacan dos personajes, Aquiles y Héctor. La magnífica semblanza de Aquiles, hijo de la
ninfa Tetis, favorita de Zeus, dibujado por Homero con su humana y trágica grandeza. El mejor de
todos los guerreros aqueos, el más veloz de los hombres, capaz de los mayores arrebatos, de proezas
admirables, de la sensibilidad más delicada y a la vez fácil presa de la cólera y de la más cruel
de las venganzas. Busca la gloria, la inmortalidad en la memoria de los hombres gracias a sus gestas.
Sabe que si no lucha morirá siendo un anciano pero nadie lo recordará. Y Héctor, príncipe,
heredero y defensor de Troya, representado con caracteres heroicos, noble, fuerte, valeroso,
fiel, de moral irreprochable y con alto sentido del honor. Se ha visto envuelto en esta guerra
sin sentido por el arrebato de su hermano y aunque teme por su familia y por su reino,
sabe que si no lucha, el destino de su pueblo será el deshonor y esa es la peor de las derrotas.
En los personajes femeninos priman la belleza, la fidelidad y la abnegación. Elena simboliza
la belleza absoluta, una belleza que bien vale una guerra y por la que dos reinos están
dispuestos a sucumbir. Écuba, reina de Troya, madre de Héctor y París, y Andrómaca, la esposa
de Héctor representan cualidades como la dignidad, la nobleza y el amor incondicional. Todos estos
personajes con tan altos ideales hacen que uno de los motivos de la obra sea el espíritu heroico.
Para ellos la victoria en el campo de batalla es la mayor gloria y aunque incluso los vencedores
tienen un final trágico, sus vidas fueron tan excelentes que merecieron la pena ser cantadas
y así hoy, 28 siglos más tarde, seguimos rememorando sus hazañas. El único personaje
que conoce un desenlace feliz de Ulises, del que hablaremos en otro momento. Dice Aristóteles en
su poética que a través de la épica y la tragedia, el lector purifica sus pasiones,
mediante el temor y la compasión que éste les provoca. Y así leyendo, lloramos junto a Príamo,
nos aterrorizamos ante Aquiles y, como no, también nos enamoramos junto a Andrómaca.
La literatura nos hace seguir vivos, nos invita a hacernos las preguntas importantes,
nos interpela ante las grandes cuestiones de nuestra existencia.
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