El liderazgo al estilo de los jesuitas

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Transcripción del vídeo

¿Qué es la razón?

Recordamos que estamos repasando las reflexiones de Chris Lowney, autor del libro El liderazgo según los jesuitas,

sobre cuáles fueron las razones esenciales que condujeron a su éxito.

Recordamos que habla de cuatro razones, la primera el conocerte a ti mismo, la segunda el ingenio,

la tercera el amor y la cuarta el heroísmo. Así que vamos a tratar de resumir o repasar brevemente

estos cuatro pilares y vamos a comenzar con el conócete a ti mismo. Podría expresarse en forma

de consejo válido para cualquiera, cualquiera a título personal, pero aunque no lo comenta en el

libro, a título empresarial. Cualquier organización debería tratar de ordenar su propia vida. Fácil de

decir complicado de hacer, especialmente en el mundo que vivimos en el que el ruido, la velocidad,

las redes, los medios, las reuniones, cada vez más frecuentes por las dichosas reuniones online,

pues nos impiden parar y ordenar esa vida, ya sea a título personal o a título empresarial.

El orden de la vida requiere reflexión y aprendizaje. Decían los jesuitas que el

instrumento más poderoso con el que cuenta el ser humano es el conocimiento de sí mismo. Si nos

vamos a Sócrates, él consideraba que lo que realmente diferencia al ser humano es su capacidad

de pensar y de razonar, que la excelencia consiste en desarrollar esas capacidades y que deben

orientarse a la adquisición de saber-conocimiento, que por tanto el mejor ser humano es el ser humano

sabio, ese que llega a un mayor conocimiento de sí mismo. Sin irnos tan lejos, nos vamos a un

momento más reciente y nos vamos a Peter Drucker, reconocido como el padre de la gestión empresarial,

el management, y en uno de sus libros, cito textualmente, dice, las carreras que tienen éxito

no se planean, se desarrollan cuando las personas están preparadas para las oportunidades,

porque conocen sus fortalezas, su método de trabajo y sus valores.

Es decir, y esto ya lo dice el libro, se conocen a sí mismos.

Y ojo, estamos hablando de cualidades personales, no técnicas.

Finalmente, vale la pena recordar que San Ignacio de Loyola,

su último proyecto fue la redacción de las constituciones, un documento de unas 250 páginas en las que expresa las reglas y procedimientos que debían de gobernar en aquel momento joven compañía de Jesús.

Pues bien, dos terceras partes de estas constituciones se dedican a hablar del proceso de selección y formación de los novicios para que veamos la importancia que tiene el conocimiento de la propia organización.

En un mundo cada vez más complejo, más rápido, sobresalen las personas, y yo añadiría las empresas, que tienen capacidad para aprender de forma continua, para innovar, para asumir responsabilidades y adaptarse al cambio.

Conocerse a uno mismo es una labor de toda la vida. Nuestras fortalezas, nuestras debilidades van cambiando y por tanto tendremos que entenderlas, asumirlas y utilizarlas. Solo el que conoce sus debilidades es capaz de corregirlas. Solo quien sabe dónde quiere ir puede realmente lograrlo.

Pasamos a hablar del segundo pilar, el ingenio

Es interesante porque la forma en la que San Ignacio habla del ingenio difiere bastante de lo que son los tratados o los escritos actuales

Para San Ignacio, dice el autor, el ingenio consiste o nace de cultivar la indiferencia

Cuando hablamos de indiferencia hoy en día podemos pensar que estamos hablando de pasotismo

Pues no, todo lo contrario, no estamos hablando de pasotismo, de que las cosas no nos importen, sino de desapego, desprendimiento de las cosas, de los lugares.

Desprendimiento, desapego fundamental para poder evitar la resistencia al cambio, algo muy habitual.

Ellos hablaban de vivir con el pie levantado, es decir, estar dispuestos, y también hablaban de, decían, todo el mundo es nuestro hogar.

La indiferencia, decía San Ignacio, es la base del ingenio. Según San Ignacio, una combinación de adaptabilidad, audacia, rapidez y buen juicio. Creo que criterios perfectamente aplicables a la persona y a la empresa.

La indiferencia es la libertad para interpretar y responder a un mundo cambiante.

¡Qué mensaje tan actual!

El ingenio es la voluntad de trabajar sin una cartilla, sin unas reglas fijas,

soñar nuevas maneras de resolver problemas que a otros han bloqueado.

Válido para la persona, válido para la empresa.

Esta forma de pensar y de actuar, pues parece que no está muy alineada

con la tendencia muy habitual en la actualidad de acomodarse,

atrincherarse en pequeños o grandes logros pasados. Lo que viene a llamarse ese quedarse en nuestra zona de confort.

Qué importante es no aceptar esto, qué importante es el desapego que menciona el autor como forma para vencer la resistencia al cambio.

Un reto urgente de nuestro tiempo es convertir el cambio, que deje de ser un enemigo y que pase a ser nuestro amigo.

Repito, un reto urgente de nuestro tiempo, tanto a nivel personal como empresarial, es hacer que el cambio no sea un enemigo sino un amigo.

Vamos a por el tercer pilar, el amor.

Hablar de amor cuando se habla de empresa pues parece poco habitual.

Pero sin embargo, creo que todos estaremos de acuerdo que el amor en todas sus facetas es parte esencial de nuestra vida.

Y decían los jesuitas, trabaja por amor y no por temor. San Ignacio decía, en todo, amar y servir. Realmente es un mensaje muy utilizado en muchos libros de coaching americanos hoy actualmente.

Pero ¿por qué el amor puede hacer mejor a una compañía? Una compañía que practica el liderazgo personal, empresarial, basado en el amor, tiene una capacidad, una visión especial para identificar el talento, el potencial y la dignidad de cada persona.

Tiene el valor, la pasión y el compromiso para desatar el potencial de cualquiera de estas personas.

Identifica a personas que otras empresas descartarían.

Fomenta la lealtad y el mutuo apoyo.

Qué importante es la virtud de la lealtad.

Qué poco se da hoy en día.

Cuántos saltos de un lado a otro.

¿Por qué será?

¿Por qué las empresas no logran retener, ilusionar, motivar a sus empleados a largo plazo?

Una empresa que actúa más por amor que por temor, tanto a título individual como a título corporativo.

Y es que cualquier empleado trabaja mejor cuando se siente apreciado, valorado, es decir, querido.

El amor no es solo una idea, el amor se demuestra con palabras y con hechos, sobre todo con hechos.

ayudar a los demás a hacer fructificar su potencial, ser capaz de delegarles responsabilidad.

El amor es una actitud recíproca de comunicación entre las personas.

Los individuos dan lo mejor cuando alguien que genuinamente se interesa por su bienestar

los respeta, los estima y confía en ellos.

Loyola llamaba a este conjunto de actitudes amor.

En definitiva, todo lo que hemos dicho significa compromiso con la excelencia.

Y vamos a por el cuarto pilar, el heroísmo, que como dijimos al principio consiste en desarrollar personalmente y comunicar grandes deseos.

Los líderes, a título personal o a título empresarial, desarrollan, imaginan futuros inspiradores.

Les dan forma y no se quedan parados para lo que ocurra, sino que avanzan con valentía.

El heroísmo está en la nobleza de comprometerse con una manera de vivir

que se concreta en metas que nos superan personalmente.

El liderazgo heroico, según el autor en el libro, es un esfuerzo diario, no es un tema momentáneo.

Saliendo del libro, vamos a ir a una serie de citas que creo que complementan todo esto.

Hay un psiquiatra austríaco, Víctor Frankel, que escribió una obra muy conocida y que dice, se llama El hombre en busca de sentido, dice que el sentido de la vida está en hallar un propósito.

Cuando alguien tiene un porqué, siempre podemos hacer frente a los cómos. Esto es algo que es válido a título personal y de nuevo a título empresarial.

ese por qué es nuestra misión. Y en un mundo cambiante, si entendemos, valoramos y respetamos nuestra misión,

siempre encontraremos cómos para enfrentarnos al cambio. También decía, lo importante es que cada objetivo

nos confiera satisfacción, aliento para levantarnos. Es decir, que las metas sean metas por las que valga la pena

levantarse y luchar. Decía, muchas veces no podemos cambiar lo que nos ocurre, pero sí podemos cambiar

nuestra actitud ante esas circunstancias. Y aquí enlazamos con lo que dijimos previamente,

la importancia de la actitud y no solo de la aptitud. Extraigo o introduzco un fragmento

de una oración de un general americano, el general Douglas MacArthur, muy conocido, que

estuvo en Filipinas en la Segunda Guerra Mundial, y un pequeño fragmento de una oración que

escribió por un hijo suyo. Decía así, dame señor un hijo cuyo corazón sea claro y cuyos

ideales sean altos. Un hijo que se domine a sí mismo antes que pretenda dominar a los demás. Un

hijo que aprenda a reír, pero que también sepa llorar. Un hijo que avance hacia el futuro, pero

nunca olvide el pasado. Bueno, creo que sobran las palabras, ¿no? Cuyos ideales sean altos,

heroicos. Y finalmente el cardenal Newman, John Henry Newman, decía, el cálculo nunca hace al

que podría decirse la técnica nunca hace al héroe. Lo que hace el héroe son actitudes plenamente humanas.

El heroísmo, el liderazgo, según los jesuitas, regreso al autor del libro, es una vida ininterrumpida de actos heroicos.

San Ignacio invitaba a los novicios a convertir una aspiración de la compañía en una visión personal.

Creó una cultura que subrayaba el heroísmo que servía a los jesuitas de modelo

Y les dio a todos la oportunidad de engrandecerse mediante la participación

En la colaboración, en la consecución de las metas de la compañía

Termino, dice el autor en el libro

Crear un futuro mejor es una magna empresa

¿Hasta dónde puede una persona influir decisivamente?

Pregúntaselo a los heros

Y concluyo.

rodea y adquiere el hábito de reflexionar y actualizarte de forma

continua. Todos, sin excepción, ocupemos el lugar que ocupemos en nuestra empresa,

podemos hacer todo lo que hemos comentado. Todos somos capaces de

conocernos, de desarrollar nuestro ingenio,

vivir con un pie levantado, de desarrollar actitudes heroicas

y de querer.

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