Mando y obediencia

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Transcripción del vídeo

En los vídeos anteriores hemos abordado la identidad de la empresa y su dimensión comunitaria.

Ha llegado la hora de tocar un tema delicado, la obediencia. ¿De verdad es necesaria?

En la primera semana del curso hablamos de la importancia del organigrama y de la coordinación.

Y estos elementos no pueden desligarse de dos conceptos, el mando y la obediencia.

¿Por qué el hombre obedece naturalmente a la autoridad? Autores como Bertando Yuenel o

Julielmo Ferrero han insistido en el origen y carácter misterioso de la obediencia humana

al mando político. Apuntan esos autores que hay algo mágico en la predisposición humana a la

obediencia. Para comprender este fenómeno, como siempre, debemos remontarnos a la naturaleza

social del hombre. Las comunidades se estructuran jerárquicamente porque reconocemos un ser superior

en la vida. Esto comienza con la familia. Los padres van abriendo a sus hijos a la realidad.

Es la forma que estos tienen de introducirse en el mundo. El hijo está llamado a encontrar en sus

padres un modelo al que imitar. Para él, sus padres son como superhéroes, que todo lo pueden

y todo lo saben. Se trata de un modelo de obediencia natural, que parte de la familia

y se replica en otros ámbitos. El maestro, por ejemplo, al buscar el aprendizaje y crecimiento

del alumno, se convierte en figura de autoridad. En la familia y en la escuela, la figura de la

autoridad resulta natural. Pero ¿qué pasa en ámbitos como la empresa, donde la superioridad

no es tan objetiva? La relación de jefe y subordinado a veces se debe a la antigüedad,

o a circunstancias vitales o a motivos aleatorios. Se trata en definitiva de una

obediencia artificial y para que funcione hay algo fundamental, ganarse el respeto.

En el siglo II a.C. el romano décimo junio bruto necesitaba cruzar el río Limia para

entrar y conquistar Galicia. Sin embargo, sus legionarios se negaban porque lo identificaban

con el río Lezos que en la mitología estaba identificado como el olvido. Décimo cruzó

entonces encabeza el río y desde el otro lado fue llamando uno por uno a sus legionarios,

demostrando que no había olvidado sus nombres y que era un líder al que se podía seguir.

El destierro del Cid Campeador también ilustra la obediencia basada en el respeto. El cantar

del Mio Cid comienza justo cuando el Cid es mandado al destierro. Todas las grandes obras

de la literatura empiezan con una frase magnífica que resuena por todos los siglos. La Iliada

comienza con la ira de Aquiles. Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles. O en la divina

comedia, el famosísimo En medio del camino de nuestra vida. El cantar comienza con el llanto

del Cid. De los sus ojos, tan fuertemente llorando, tornaba la cabeza y estaba los catando. Lo

curioso es que el poema no empezaba así. Si comparamos con otros cantares medievales,

los inicios del poema son grandes preámbulos sobre el autor, la época y las circunstancias,

pero la historia quiso que se perdiera esta primera página para dejarnos este bello comienzo con las

lágrimas del héroe desterrado. Rodrigo Díaz de Vivar es expulsado, deshonrado y desposeído de

sus bienes, sale de Burgos como un paria y sin embargo no marcha solo, sus hombres le acompañan.

Podrían haberse quedado, pero aceptan compartir el destino de su señor.

Reconocen en el Cid a alguien digno de lealtad, en los honores y en el destierro.

El propio Cid encarna esta obediencia basada en el respeto.

Después de tomar valencia, podría haberse coronado, pero ratifica la conquista de esta

tierra en nombre del rey Alfonso y en señal de su lealtad envía regalos a la corte.

Estos ejemplos se resumen en una frase de la película del Hobbit, inspirada en la novela

de Tolkien que antecede al Señor de los Anillos. Cuando la batalla de Moria aparece perdida,

aparece Thorin con su escudo de roble y se enfrenta a Azo, el líder de los orcos. Y gracias

a su intervención salva a los demás enanos. Y Balin piensa, he ahí a uno al que podría

seguir, he ahí a uno al que podría llamar rey.

El mando nace siempre del ejemplo y la obediencia de un reconocimiento al respeto ganado. Cuando

Cuando se produce este reconocimiento, hay acuerdo. Y cuando hay acuerdo, hay proyecto.

Sin el acuerdo, la obediencia artificial es imposible. Por eso debemos buscar en nuestro

entorno a nuestro décimo, a nuestro CID o a nuestro VALI. Y también podrías preguntártelo

a ti mismo ¿me seguiría mi equipo hasta el fin del mundo? Solo hay una manera de comprobarlo.

Cruzando el río.

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