Realidad e idea en una película: una pareja de tres

El vídeo de esta lección llega en unos días.Mientras tanto, tienes el texto de la lección aquí debajo.
Transcripción del vídeo
En 2005, el periodista John Grogan publicó un libro de memorias sobre su vida familiar,
la cual incluía a su esposa, sus tres hijos y su perro Marley, un labrador hiperactivo,
prácticamente indomable y destructor de casi todo lo que toca. El libro tuvo tanto éxito que poco
después, en 2008, se llevó a la gran pantalla en una película dirigida por David Frankl y
protagonizada por Owen Wilson y Jennifer Aniston. Si la juzgamos por la portada,
la película tiene todas las papeletas para olvidarse. Comedia familiar con perro,
situaciones de enredo predecibles, factura artesanal y casi de telefilme. Sin embargo,
antes de que pasen a otra cosa, déjenme darle tres motivos para pensárselo de nuevo y echarle
un vistazo. El primero es que para ser un entretenimiento pasajero tiene más drama
del recomendado para productos ligeros. Aquí hay embarazos frustrados, carreras profesionales a las
que cuesta despegar, una insostenible conciliación, trabajo-familia e incluso muerte de animales.
El segundo es que cuando de vez en cuando la ligereza en la forma es fruto de mucho trabajo.
En ese sentido la pareja protagonista lleva a cabo un trabajo espléndido de caracterización
de personajes, sobre todo en el caso de Aniston, como veremos.
El tercer motivo es que la historia es una sanísima lección de realismo.
Olviden por un momento el perro. Es la excusa para arrancar la historia y tiene su peso e
importancia en la vida de los protagonistas y más tarde de sus hijos. Pero Scott Frank,
guionista, adapta el libro con inteligencia y al final Marley sirve más de espejo de la
inmadurez de Grogan que otra cosa. Y es que como escribía ST Carnick en un excelente comentario
de la película, el perro lleva exactamente la vida que John querría tener, o sea, una vida sin límites.
En una existencia así, claro, cualquier restricción es frustrante y la libertad se identifica con hacer
en todo momento lo que quiero y no con elegir entre las opciones que la vida dispone. Esto es,
a grandes rasgos, lo que le ocurre a John durante casi toda la historia. Detesta su trabajo como
columnista de opinión porque aspira a ser un reportero, pero cuando lo consigue echa de menos
la libertad que tenía como columbrista. No quiere asumir la responsabilidad de tener hijos y cuando
llegan se ofrece a ayudar en casa, pero es incapaz de centrarse en sus hijos y hacer bien ninguna
tarea doméstica. La tragedia en el núcleo de la película es que John no sabe apreciar la belleza
de lo que tiene y de ver que estas cosas son de hecho la esencia de la vida, escribía Karnik,
y en lugar de ello no deja de imaginar lo espléndida que sería su vida si estuviera en otro lugar
haciendo otras cosas. El núcleo de la película se encuentra aquí y si
pudiéramos decirlo así, esto es esencialmente lo que le pasa a John. Es
incapaz de ver la grandeza y positividad de la realidad que tiene delante de sus
ojos. Una esposa que le ama y le apoya, unos hijos que le quieren, una familia que
le sigue allá donde va, un trabajo en el que le respetan... Todo esto apenas roza
el ideal que John tiene de éxito social y profesional sin las responsabilidades
consiguientes. Frente a él, en cambio, y aquí es donde
Aniston hace un gran trabajo, su esposa recorre un camino mucho más luminoso y termina convirtiéndose
en el gran referente moral de la historia. Al principio de la película la vemos haciendo
listas de cosas por hacer, en un intento de encajar la vida en un esquema previo, en un plan.
Y además ella lo dice, encontrar a un hombre cariñoso y listo, casarse, mudarse, dar con un
buen trabajo, comprar una casa, fundar una familia. Sin embargo, a medida que los cambios
e imprevistos se acumulan, ella aprende a encajarlos y a sacar el resto de cosas de su vida adelante.
Por eso, cuando un John frustrado le diga que nada de esto, y con ello se refiere a vivir en el campo, con sus tres niños, lejos del trabajo de él y ella haciendo de ama de casa, dice nada de esto formaba parte del plan.
Y Jennifer le podrá responder con toda entereza, no, no formaba parte del plan, pero esto es mucho mejor, hace tiempo que ya no hago planes.
Y en ese momento es que podemos ver la superioridad de la realidad respecto a la idea, al esquema, al plan en la vida de los seres humanos.
Y de paso podemos enlazarles de momento con otros grandes títulos de la historia del cine, sin ir más lejos, como Con qué bello es vivir, cuyo protagonista atraviesa también un singular ajuste de expectativas.
Pero de esa y otras historias hablamos en otro momento.
Se guardan solo en este navegador. Nadie más puede verlas.