Gestión de los temperamentos (I)

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Transcripción del vídeo

La coordinación implica una gestión del equipo, pero no de meros recursos humanos, como suele decirse, sino de personas con personalidades concretas.

Vamos a conocerlas y a comprender el impacto que pueden tener en la empresa.

Antropológicamente, nuestra racionalidad y nuestra voluntad conforman parte fundamental de quienes somos.

Sin embargo, hay muchos más elementos sobre nuestra persona en los que podemos profundizar

para conocernos mejor, tales como el temperamento.

La tipología temperamental, teoría antropológica que clasifica a las personas de acuerdo al

temperamento, nos puede orientar acerca de uno de los aspectos más relevantes en la

manera de ser de una persona, sobre todo en su afecto y en su actuar.

Ser consciente de estas diferencias resulta de gran ayuda a la hora de conformar los equipos

y de gestionarlos.

El temperamento vendría a ser la estructura básica, biológica, encima de la cual se construye el carácter a lo largo de la vida, conformando la personalidad de cada uno.

Influido por la teoría de los cuatro elementos de Empédocles, una de las primeras personalidades históricas en desarrollar esta teoría de los temperamentos en base a los humores fue el médico griego Hipócrates.

Según él, nuestro cuerpo está formado por cuatro sustancias básicas, los humores.

La flema, fría y húmeda, simbolizada por el elemento acuático, corresponde al temperamento

flemático. La bilis, amarilla y caliente y seca, simbolizada por el fuego, corresponde

al temperamento colérico. La sangre, caliente, asociada al aire, al sanguíneo. Por último,

la bilis, negra, fría y seca, asociada a la tierra, al temperamento melancólico.

Según la teoría humoral del padre de la medicina, una persona se encuentra en buen

estado de salud cuando estos principios activos están en una justa proporción de mezcla,

cantidad y calidad, es decir, en su adecuada integración. Es por lo que conocer estas

diferencias no solo nos ayudará a comprender e impulsar a los demás, sino aprender de

ellos y conseguir una personalidad más sólida, balanceada e integrada.

Fue Galeno de Pérgamo quien sostuvo que los niveles de cada humor en el cuerpo explicaban

los tipos de temperamento. Si bien existen clasificaciones más modernas de la personalidad,

resulta muy interesante conocer y explorar la que, desde la aguda observación de Galeno,

dio origen a las demás. Vamos a profundizar en las manifestaciones de cada temperamento,

empleando ejemplos de famosos personajes cinematográficos.

El temperamento flemático no se impresiona ni reacciona fácilmente, debido a que las

impresiones no le impactan demasiado. No suele guardar rencor por lo mismo. Suelen ser personas

capaces, serias, impasibles, altamente racionales y analíticas. Son prácticos y sobrios, tranquilos,

de fácil trato y muy rara vez pierden los papeles. El flemático mantiene la cabeza fría,

trabaja despacio y constante. El temperamento colérico suele excitarse fácilmente y reacciona

rápidamente ante los estímulos y luego las impresiones de ese momento quedan hondamente

grabadas en su interior. La persona con una marcada tendencia colérica es la que salta

en una discusión, se enfada y guarda el dolor por largo tiempo. O la que cuando le pasa

algo bueno siente una inmensa alegría y ese recuerdo le marca profundamente. Son personalidades

a las que les gusta mandar. Son apasionadas, se conmueven, se dejan llevar. Son irritables,

son entusiastas, son generosas y siempre buscan lo más grande. Tienden a tomar elecciones

imprudentemente. Se empecinan en un camino elegido, en un momento de pasión y de poca reflexión,

sin darse cuenta de que por otro camino pudiera llegar a su fin con mucha más facilidad. Llegan

a perforar la pared con la cabeza teniendo al lado una puerta que les franquea la entrada.

El temperamento sanguíneo suele excitarse y reaccionar rápidamente, pero la impresión tiende

a durarle muy poco tiempo. Las pasiones le salen rápidamente, pero no llegan a penetrar su alma,

a diferencia del colérico. Tiende a ser superficial e inconstante, se emociona con facilidad. Suele

ser optimista, asertivo, agradable, alegre, locuaz, extrovertido y tiende a no guardar

rencor. Suele cambiar de idea rápidamente. Es común que defienda una cosa con vehemencia

para enseguida defender lo contrario. Se muestra sensible a los estímulos externos y es muy

sociable. El temperamento melancólico suele reaccionar pobremente a las influencias externas,

pero tal excitación permanece largo tiempo en él.

Quizá en una discusión no diga nada, no salte, mantenga la calma,

pero lo que le ha dolido o lo que le ha agradado se queda con él mucho tiempo.

Suelen ser profundos, sensibles, creativos, con una gran riqueza interior.

El temperamento melancólico tiende a la tristeza, la reflexión y a veces a la indecisión.

Sin embargo, son profundos, soñadores, creativos y reflexivos.

suelen ser poco asertivos tímidos torpes para hablar y lentos en la decisión les cuesta hacerse

notar en los puestos de trabajo puede ceder la presidencia a otras personas que pueden ser menos

capaces sintiéndose sin embargo herido en su corazón por no haberse respetado y apreciado

lo bastante sus talentos toda persona es única e irrepetible sin embargo podemos identificarnos

a grandes rasgos con una de estas tipologías humorales igual que conocerse a uno mismo permite

apreciar los propios alcances y limitaciones, conocer cuán diferentes pueden ser los demás

posibilita una mejor comprensión y relación con ellos. Para eso nos sirve conocer sus

temperamentos. ¿Conoces ya el tuyo y el de tus compañeros?

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