Motor y motivación

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Transcripción del vídeo
La comunicación siempre busca un efecto, motivar a los demás. Trasladar unos motivos que impulsen a nuestro equipo y a nuestros compañeros.
Pero, ¿qué es un motivo? ¿Qué nos mueve realmente a actuar? En el siguiente vídeo, motor y motivación.
El principio de causalidad es un principio clásico de la filosofía y la ciencia. Todo evento tiene una causa y un efecto.
En esto consiste la causalidad. Las cosas no ocurren de manera aislada, sino que unas
están ligadas con otras en un proceso de interacción.
Pero no todas las causas son iguales. Por ejemplo, hoy en día se asume que el amor
es química, un mero fenómeno fisiológico o bioquímico en nuestro cerebro. La trampa
de esta teoría es que reduce todas las causas del amor a una sola, la material. Esta visión
que podríamos llamar mecanicista y que nos parece tan contemporánea, en realidad se
remonta a la antigüedad. Ya Sócrates se oponía a este planteamiento, mientras está esperando a su
muerte, pues ha sido condenado a la pena capital por la ciudad, afirma que todas estas teorías
reducen al hombre y que sería como explicar el por qué estaba él sentado esperando la muerte,
diciendo que era por cierta disposición de sus huesos, músculos y tendones, y no por el hecho
de que él ha decidido y le ha parecido bien acatar la orden judicial pronunciada por los
catenienses. De hecho, sostiene, con cierto humor, que si a él le hubiera parecido mejor huir,
ya estaría en otra ciudad, gracias a esos mismos músculos y tendones. Aristóteles distingue entre
cuatro causas. Causa material, aquello de lo que está formada una sustancia, por ejemplo, la plata
de la que está hecha una copa. Causa formal, aquello que hace que una cosa sea lo que es y que
le diferencia de las otras cosas, la verdadera esencia, recordemos el vídeo en el que distinguimos
entre materia y forma. Causa eficiente, es la actividad por la que se produce una cosa. En
nuestro ejemplo es el trabajo del orfebre que hizo la copa. Causa final, es el fin, el objetivo,
el motivo por el que se ha hecho la cosa. En nuestro ejemplo, para beber. En este vídeo vamos
a centrarnos en el último tipo de las causas, la causa final, que es el motor y la motivación. Y
aquí la pregunta de por qué hago las cosas. ¿Cuál es la causa última que me impulsa a actuar? Para
Para Aristóteles, paradójicamente, hay que retroceder a la primera causa.
Si seguimos hacia atrás en la cadena de causas y la cadena de movimientos, nos encontramos
con una primera causa incausada.
El motor inmóvil por el que tuvo que empezar todo.
Volviendo al vínculo entre motor y fin que está en la causa final, la motivación se
establece de acuerdo al objetivo.
Yo actúo de una manera determinada porque quiero conseguir algo.
La motivación me da el fin.
Para estudiar esto, vayamos a un ejemplo literario, la Divina Comedia de Dante.
Hay obras que son sintomáticas de una época, que saben reflejar bien su tiempo.
La Divina Comedia es esa obra para la Edad Media.
La simbología de este poema puede interpretarse según los cuatro significados que se atribuyen a los textos sagrados,
el literal, el moral, el alegórico y el anagógico.
La motivación de Dante es encontrar a su amada Beatriz,
pero sobre este motivo de fondo la actitud con la que afronta los distintos momentos va cambiando a
lo largo del poema al final la motivación con la que entró en el infierno cambia la obra empieza
con dante perdido en un bosque oscuro en su mediana edad y entran en una cueva al pie del
monte sion cerca de jerusalén tres animales alegóricos le salen al paso una pantera una
loba y un león. Estos animales representan los pecados y la lujuria, la codicia y la soberbia.
Huyendo de ellos, la primera motivación que impulsa Dante es únicamente el miedo.
La naturaleza del fin condiciona la naturaleza de la causa. Si la naturaleza de la causa es el miedo,
el fin estará condicionado por esa causa, tanto en la literatura como en el trabajo. Si la motivación
del trabajador es el miedo, el fin será incompleto. Si Dante se moviera en todo el
poema por esta motivación inicial, el fin sería mezquino y el camino inconstante y accidentado.
De hecho, no podría llegar al fin que termina llegando cuando consigue superar la motivación
del miedo. En el infierno, Dante es motivado por una mezcla de miedo y curiosidad. Sigue a Virgilio
y en muchas ocasiones se entretiene hablando con los muertos que se encuentran y que buscan
arrastrar a Dante con ellos. Sin embargo Virgilio protege a Dante ante los peligros y lo va guiando,
moderando su curiosidad. Por ejemplo, en el canto noveno del infierno, cuando aparece en la furia
así Medusa, Virgilio le pide que cierre los ojos y pone sus propias manos para tapar sus pupilas,
con el fin de que Medusa no lo convierta en piedra. Esa curiosidad se va transformando
paulatinamente en un deseo de conocimiento. Tras atravesar los nueve círculos del infierno,
se adentra en las siete cornisas del purgatorio. Siguiendo la teología católica, Dante va
desprendiéndose en cada círculo de uno de los siete pecados capitales. Sus motivaciones egoístas
o interesadas van quedando atrás y según va subiendo, le invada un deseo de conocer,
un anhelo por la verdad. Cuando superan el purgatorio y van a adentrarse en el paraíso,
Dante y Virgilio se despiden. La nueva guía de Dante será Beatriz. El paraíso está compuesto
por nueve círculos concéntricos correspondientes a los nueve órdenes angélicos de la jerarquía
celestial. Según Dante y Beatriz van ascendiendo por los círculos angélicos, Dante va experimentando
el deseo de alcanzar el círculo más alto, el de la contemplación y la felicidad. No es casualidad
que el nombre de Beatriz signifique dadora de felicidad y beatificadora. Al final del poema,
cuando Dante, conducido por su último guía, San Bernardo, y gracias a la intercesión de la Virgen
alcanza la contemplación divina, se da cuenta que su razón y su palabra no bastan para describir lo
que está viendo. No alcanza mi palabra a lo que evoco, para pintar las celestiales llamas, y es
tanto que no basta decir poco, termina aturdido, abrumado por lo que ha visto. Y expresa esa
contemplación inefable con estas palabras que cierran el poema. Con mis alas tan alto no volaba,
cuando repercutir sentí en la mente, un fulgor que en su anhelo condensaba. Ya mi alta fantasía
fue impotente, mas cual rueda que gira por sus huellas, el mío y su querer movió igualmente,
el amor que al sol mueve y las estrellas. Volvamos al primer motor inmóvil del que
habló Aristóteles. Pero ya no es la causa impersonal y mecánica que imaginó el filósofo
griego, sino un motor que se mueve por amor. Dante empieza movido por el miedo y acaba movido por el
amor a la verdad. Cuando la causa de la acción es una causa elevada, en este caso la contemplación
o el deseo de felicidad, se hallará el fin correcto. De hecho, la intención que le llevó
a Dante a escribir la Divina Comedia fue la de sacar a aquellos que viven en esta vida en estado
de miseria y llevarlos al estado de felicidad. Volviendo a nuestra empresa, si la causa que
motiva mi actuar es el deseo de felicidad, de realización, de un trabajo bien hecho,
hallaremos el fin correcto de la empresa. Encontrar la motivación correcta nos lleva
al fin verdadero y al mismo tiempo, una vez que se comprende la causa, no hay que perder nunca de
vista el fin. Por eso, la mejor motivación que se le puede dar a un empleado no son frases
positivas ni eslóganes inspiradores, sino hacerle partícipe del objetivo del proyecto. Habrá muchas
causas que se pueden explorar para que el trabajador esté motivado con su trabajo. Todas
son importantes. Si el trabajador está cuidado dentro de la empresa, se le dan las facilidades
para conciliar con su vida familiar, tiene un buen jefe, etcétera, sin duda estará más motivado.
Pero aunque no lo parezca, lo más importante es hacerle partícipe de la causa final, hacerle
parte del proyecto y darle a conocer los objetivos, que entienda por qué hace lo que hace, que
su tarea no sea una mera repetición mecánica, sino que se integre en el actuar de la empresa
con marcha hacia un mismo fin.
La motivación del empleado depende estrechamente de la causa final de la empresa.
Por un lado, hallar la motivación nos lleva al fin.
y comprender el fin empresarial potencia la motivación personal.
Motivación y fin se retroalimentan.
Es destacable que Dante cuenta en todo el poema con un guía.
Virgilio le conduce hacia un fin, iluminando su motivación.
¿Has pensado ya si hay alguna figura similar para ti en tu empresa?
¿Y tú? ¿Sirves de guía a alguien?
Gracias por ver el video.
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