Responsabilidad e implicación

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Transcripción del vídeo
En los vídeos introductorios hemos tratado cuestiones como la dirección y el liderazgo.
Cuando la dirección actúa, hablamos de responsabilidad.
La antigüedad, como siempre, ofrece ejemplos muy ilustrativos. En la República Romana, de hecho, había dos clases de responsabilidad o de liderazgo, la auctoritas y la potestas.
La potestas era el poder efectivo y coactivo. El pretor y el cónsul eran la encarnación perfecta
de la potestas. El primero se encargaba de impartir justicia, señalar penas y resolver
litigios de la vida diaria. El segundo se elegía anualmente para dirigir a los ejércitos y hacer
efectivos los decretos del Senado. La obediencia a este tipo de figura se basaba en el castigo.
La auctoritas, en contraste, no se basaba en el poder de la fuerza, sino precisamente en el de
la autoridad. Se obedecía a la auctoritas por convencimiento. En Roma la encarnaban instituciones
como el Senado, Senatus, o el Colegio de Pontífices, Collegium Pontificum. Estos órganos carecían de
poder efectivo, pero afectaban radicalmente a la vida de la república. Y esto se debía al respeto
y solemnidad que infundían en los ciudadanos. Los romanos reconocían su superioridad moral.
La dirección de una empresa tiene que fundarse en la auctoritas, que el equipo actúe porque cree
en lo que hacemos y se siente implicado en el proyecto. Esta autoridad moral nace de la
responsabilidad y la responsabilidad exige sentir el proyecto como propio. Es lo mismo que ocurre
cuando un niño aprende que nadie va a sustituir sus juguetes rotos, es entonces cuando empieza
a apreciarlos de verdad, a tratarlos como suyos. El mejor ejemplo de liderazgo responsable lo
encontramos en Héctor. El héroe troyano se encuentra hasta en tres ocasiones con una invitación
a descansar de la batalla. Primero con su madre, Ecuba, que le ofrece un vino de miel. Después con
Helena, cuñada suya y en parte causante de la guerra. Y por último con su propia esposa,
Andrómaca. Héctor rechaza las tres oportunidades de apartarse de la lucha. Sin duda la más dolorosa
es la de Andrómaca, a la que así responde. Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría
entre los troyanos y las troyanas de rezongantes peplos, si como un cobarde huyera del combate.
Y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos.
Nadie le hubiera reprochado que hiciera las libaciones a Zeus, que tomase el asiento que le ofrecía Helena o se quedara junto a su mujer y su hijo.
Pero Héctor sabe que él, príncipe de Troya, comparte el mismo destino que el soldado más raso.
La victoria o la muerte, la salvación o la condenación de la ciudad.
Se siente responsable ante su conciencia y ante sí mismo.
Pero la responsabilidad también se da frente a otros. En sentido coloquial se trata de dar la cara.
Un buen ejemplo es la elección por constituency del sistema electoral británico. En vez de votar
una lista cerrada o un partido, se vota un representante de tu distrito. Se elige una
persona a la que pones cara, alguien a quien podrás pedir cuentas, que incluso podría ser tu vecino.
La responsabilidad ante los demás también implica un sacrificio cuando las cosas no salen bien,
asumir las consecuencias y centrarse en el éxito de la empresa en lugar de dedicarse a repartir
culpas. Durante el sitio de Jergovia, defendido por el líder galo Vercingetorix, Julio César hizo
avanzar sus legiones. Y en un cierto momento, cuando las legiones ya estaban llegando a
la fortaleza y empezando a romper la muralla, ordenó que se detuvieran y se retiraran para
concentrar las fuerzas. Sin embargo, una parte importante de sus tropas continuaron probablemente
por ansias de botín. En ese momento contraatacó Perfín Getórix y se produjo una situación
crítica en la batalla. Al producirse una desbandada, los centuriones formaron una línea
en retaguardia y detuvieron la cometida de los galos. Según Julio César, fueron solo
700 bajas cuando habían podido ser varios miles. Asumir la responsabilidad es constituirse
como líder. Al dar la cara, el equipo reconoce en nosotros una autóritas, alguien capaz de
llevar el proyecto hasta el final a pesar de todos los errores. También podríamos resumirlo de esta
manera. Hacerse responsable es asumir el mundo como un don, cuidarlo e integrarlo en mi vida a la vez
que me dejo integrar por él.
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