Reflexiones
Hemos realizado un recorrido profundizando en diez valores, y muchas de las virtudes que se pueden relacionar con ellos, para tratar de trasladar un mensaje de esperanza sobre el hombre íntegro y virtuoso en nuestra sociedad actual.
Hemos tratado, además de la relación de valores y virtudes, su naturaleza y origen, sobre las cuatro virtudes cardinales. Por su importancia, son aquellas virtudes que ejercen de cabeza de otras. La reina y primera de ellas es la prudencia, que veíamos que nos permite realizar en cada momento el bien pertinente, necesario, adecuado a las circunstancias, y de mayor utilidad y beneficio al bien común.
En segundo lugar vimos las virtudes cardinales de la templanza y la fortaleza. Para el hombre moderno, que tantas veces es animado e impulsado a dejarse llevar por sus emociones, por sus pasiones o por sus impulsos, estas virtudes actúan de riendas de nuestra voluntad. La fortaleza permite al hombre sobreponerse y dominar los impactos de lo exterior; y la templanza le permite someter los impulsos interiores. Ambas hacen que sea nuestra razón la dueña de nuestras acciones, verdaderamente libre, y no esclavo de instintos animales, miedos o imposiciones ajenas.
Por último, la justicia, la virtud cardinal comunitaria por excelencia: mientras las tres anteriores estructuran nuestro bien personal, ésta asegura el bien respecto de los demás. Por eso, hemos querido acompañarlo con otros pilares de nuestra vida social, como son la responsabilidad, la sinceridad y el perdón. La primera, porque nos asegura que actuaremos conforme a las consecuencias de nuestros actos. La segunda, porque nos afianza en la verdad, conformando nuestras acciones con la realidad y la palabra dada. La tercera, por su carácter sanador de las relaciones humanas, que nunca serán perfectas, pero siempre serán perfeccionables.
Las dos últimas virtudes que completan y perfeccionan a una persona virtuosa interna y externamente son la integridad y la humildad. La primera, porque asegura que, de cara a los que nos rodean, nuestra virtud es apreciada, promovida y protegida. Así, inspira y favorece mayor crecimiento, generando un círculo virtuoso de perfeccionamiento. La segunda, porque internamente nos asegura una vida humana plena, limitada a nuestros objetivos y fines, a nuestra misión, y a nuestro puesto y responsabilidades en la comunidad, siendo capaces de apreciar los dones recibidos y de agradecer la ayuda en nuestra virtud que obtenemos de los que nos rodean. Si el honor y le integridad son la virtud que refuerza los vínculos de el virtuoso hacia los que se lo reconocen, la humildad los refuerza del reconocedor a los virtuosos que le rodean.
Ahora, tras este recorrido ético, os animamos a profundizar en los diez siguientes vídeos sobre la persona humana, primero; y sobre la comunidad que conformamos unidos para permitirnos alcanzar la felicidad.
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