Bien de la empresa/comunidad

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BIEN DE LA EMPRESA Y COMUNIDAD - REYES Y LEPROSOS
CALIFICA LA CLASEHemos visto cómo la empresa es mucho más que una mera aglomeración de individuos buscando beneficio monetario. En tanto que comunidad, buscan lo común, y a ese fin de la comunidad empresarial lo denominamos bien común.
En el vídeo ponemos, como ejemplo primero, la teoría del viaje del héroe de Campbell, que ya vimos en su momento. Ahora que estamos más avanzados, podemos ahondar un poco en esta teoría: por un lado, encontrar en las historias y relatos humanos un común denominador, así como estructura y moralejas similares es reflejo de la común naturaleza que compartimos todos los seres humanos. Así, las virtudes y defectos, retos y dificultades son similares en todo el espacio y tiempo que abarca nuestra especie. Sin embargo, es importante no tomar esta teoría como un dogma, pues podría impedirnos conocer en profundidad la realidad única de cada civilización y cultura.

La importancia de los mitos, en general, es que nos permiten comprender de un modo intuitivo aspectos esenciales del mundo y de la condición humana: nos hablan de la importancia de la misión del héroe, de los trabajos y penurias que deben pasarse para cumplirla, y de su centralidad en la historia que estamos contando.
Pensemos en El Señor de los Anillos, la obra mítica de J.R.R Tolkien. Tenemos allí a Frodo, un mediano o hobbit que asume el protagonismo de su vida —y de la historia del libro— sólo cuando acepta una misión que le viene de fuera. En el cumplimiento de esta misión, encontrará antagonistas que obedecen a su propio interés. Y también hallará la fuerza para llevar a cabo su misión cuanto más consciente es de que cualquier aventura —sobre todo aquellas que son especialmente arduas— se culmina sólo cuando se sirve a algo más grande que uno mismo, que es lo que en estos relatos representa el destinatario, aquellos por los que el héroe arriesga y se pone en marcha.
Si hemos querido empezar con este ejemplo es por lo que la forja del héroe nos dice acerca del modo en que los seres humanos formamos los grupos en los que habitamos. ¿En qué sentido? En que todo orden social precisa de una tarea común, de algo que se identifique con el bien, y como un bien que debemos hacer juntos. O, más brevemente, que no hay sociedad sin bien común.
La literatura, el cine y la propia historia están plagados de ejemplos de una sociedad cohesionada en torno a un bien común. Es interesante comprobar que en ocasiones la búsqueda de ese bien común surge de una empresa que aúna no sólo a toda una sociedad concreta, sino sociedades pertenecientes a diversas comunidades, con el fin de lograr ese bien. Podemos citar como ejemplo la campaña de las Cruzadas.
Entendiéndolas en su contexto, surgen de una necesidad social de pervivencia frente a un enemigo que se expande desde oriente hacia occidente, amenazando la estructura económica, religiosa y política de los reinos occidentales. Esta amenaza, marcada por un profundo sentido espiritual y religioso (tanto en Occidente con el cristianismo como en Oriente con el islam), consigue que por medio de la Iglesia y de la voluntad de los Reyes se aplaquen las rencillas entre diversos reinos de Occidente. La unidad de los diversos pueblos europeos en torno a esta misión tiene incluso evidencias genéticas en la zona.
Estos reinos cristianos de la Edad Media dejarán sus discrepancias y luchas territoriales en un segundo plano para centrar su atención en un bien superior a sus intereses, un bien común a todos: frenar la ocupación del Turco de los Santos Lugares e impedir su avance hacia Occidente, evitando así la desaparición cultural occidental.
Puedes profundizar sobre las Cruzadas y sus motivaciones en este artículo.
En las Cruzadas todos los miembros de la sociedad jugaban un papel importante y trascendental, desde el monarca y el papa, nobles y caballeros o príncipes de la iglesia y alto clero, hasta los plebeyos, frailes y esclavos. Con independencia del éxito o fracaso de las Cruzadas, su función unificadora de las sociedades europeas del momento es innegable. Como vemos, todos sus integrantes tenían una meta común, sin importar rango, condición, u origen.

Para lograr este bien común, y de cara a la consecución de los distintos objetivos de las Cruzadas, se crearán diferentes órdenes al servicio de la misión común. Los nobles y caballeros crearán diferentes órdenes, como la Orden de Caballería del Santo Sepulcro, con el fin de preservar Jerusalén; o las órdenes hospitalarias, como la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén o los teutones, la Orden de los Caballeros Teutónicos del Hospital de Santa María de Jerusalén, con la misión de proteger y cuidar a los peregrinos, enfermos y pobres en su camino hacia los Santos Lugares.
Otros, como los Templarios (Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón), serán monjes dedicados a la oración y la batalla (pasarán a ser conocidos como los banqueros de Europa); y hasta los marginados por la sociedad, como los leprosos, adquirirán un especial protagonismo en las Cruzadas, constituyéndose la Orden de San Lázaro como primera línea de batalla formada por caballeros leprosos. Así, para lograr este bien común, por encima de los propios intereses, se desarrollarán pequeños proyectos dentro de esta gran empresa, que contribuirán, cada uno desde sus posibilidades, a la consecución de la misión. Y así, cada uno, en el ejercicio y desarrollo de su proyecto o misión, contribuía a la gran campaña de la Cruzada.

En España la Cruzada se enfocó en la expulsión de los musulmanes de la Península Ibérica por encima de la recuperación de los Santos Lugares y ello aunó a los reinos cristianos en una empresa común, que finalizó con la recuperación del Reino de Granada por los reinos de Aragón y Castilla, unidos por los Reyes Católicos y que supuso la recuperación del antiguo reino Visigodo. Este deseo de reconquista y reunificación del antiguo reino Visigodo, llevó en el siglo XII a la creación de Órdenes como Santiago, Alcántara y Calatrava, que facilitaron la colaboración de los reinos cristianos a la hora de luchar juntos contra el invasor, como pudo verse en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. Han llegado a existir hasta 30 diferentes órdenes militares en España. pero las principales, agrupadas hoy en el Real Consejo de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara. Puedes profundizar en su creación y misión en este artículo.

En la batalla de las Navas de Tolosa, los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón, Sancho VII de Navarra y voluntarios del Reino de León y del Rino de Portugal, y caballeros de órdenes hispanas, hospitalarios y templarios dejaron de lado sus diferencias para luchar contra los almohades. De manera similar, solo con la unidad de los reinos de Aragón y Castilla bajo los Reyes Católicos, pudo recuperarse el Reino de Granada en 1492, culminando así la recuperación del antiguo reino Visigodo.
Puedes profundizar más en esta emblemática batalla en este documental de la Universidad de Murcia:
Estos ejemplos, y otros, ilustran a las claras que los seres humanos formamos grupos o comunidades por distintas razones, pero cada uno de ellos se puede organizar según los bienes a los que aspiran y la capacidad que poseen de lograrlo. Esto es algo que ya vio con mucha lucidez Aristóteles al principio de su Política, cuando hace una doble reflexión, genética y filosófica, sobre la sociabilidad humana y su desarrollo.
Aristóteles distingue entre los tres estadios de comunidad humana:
- Primero, la familia es una sociedad casi completa. Se constituye de modo natural, dice Aristóteles, para satisfacer necesidades cotidianas y, ciertamente, no puede contener ni ofrecer todos los recursos necesarios para una vida plenamente humana, pero su bien común se asemeja bastante al de la comunidad política, pues consiste en establecer un conjunto de condiciones para que los niños puedan crecer (hasta convertirse en miembros de la comunidad política), y para que sus miembros puedan cuidarse entre ellos.
- Segundo, tenemos las sociedades especializadas, a las que ciertamente el Estagirita prestó menos atención que a la familia y la ciudad, por considerarlas un tipo de asociación temporal y “transicional” entre comunidades más estables e importantes como son la familia y la sociedad política. Se trata, entonces, de comunidades incompletas, que no pretenden ofrecer todo lo necesario para una vida auténticamente humana, pues su fin es lograr algún bien o conjunto de bienes específico. La empresa es un tipo de comunidad o asociación especializada.
- Por último, tenemos la ciudad, que es la sociedad perfecta o completa cuyo fin es proveer todo lo necesario para una vida humana buena, lo indispensable para que sus miembros puedan madurar, desarrollarse humanamente y aprender a actuar. En este sentido, el bien común de la ciudad, esto es, el bien que comparten y al que aspiran sus miembros se refiere a condiciones como la paz, la justicia, la educación, el acceso a la cultura o la participación en la vida pública.
La dificultad de fundar, dirigir y mantener una empresa consiste en que esta debe buscar simultáneamente varios tipos de bienes.
Una buena empresa “debe tener objetivos valiosos y establecer las condiciones para operar que respeten plenamente la dignidad humana. Debe permitir que sus empleados se puedan ganar la vida y darles un trabajo que merezca la pena hacer. Debe hacer buen uso de los recursos de propietarios y accionistas y crear riqueza para ellos. Finalmente, debe ofrecer productos y servicios a los clientes que satisfagan auténticas necesidades humanas a precios razonables”.
Para conocer mejor el bien de las sociedades especializadas, las empresas, y el impacto positivo que tienen sobre el bien común de la ciudad, te recomendamos la lectura de la obra: El bien que hace la empresa, del profesor americano Robert G. Kennedy.
A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.
Transcripción del vídeo
En vídeos anteriores hemos mencionado la noción de bien común con bastante frecuencia, pero todavía podemos definir mejor su relación con la empresa.
¿Qué importancia tiene este concepto para la vida social y, por tanto, la vida empresarial? ¿Qué tipo de comunidad es una empresa y qué podemos esperar de ella en relación con el bien común?
A mediados del siglo XX, Joseph Campbell definió en El héroe de las mil caras la matriz o
estructura básica de la que se nutren los relatos míticos en cualquier cultura.
El líder, en definitiva, es capaz de vislumbrar una misión y de hacerse responsable de ella.
El antropólogo cultural Joseph Campbell propone en su teoría del monomito que todas las epopeyas
del mundo, incluyendo las contemporáneas, siguen un mismo patrón, una misión llamada
el viaje del héroe. Ulises, Moisés, Keutsalcoatl, Dante, los protagonistas de los cuentos populares
o incluso las superproducciones de Hollywood parten de su hogar, afrontan una aventura
en un mundo hostil lleno de peripecias y retornan transformados.
La potencia de esta obra reside en la lucidez con que detectó un motivo recurrente y una
misma secuencia de situaciones típicas. Pero lo más interesante de estos relatos es que
en el fondo el centro de la historia no es el héroe, sino la misión misma.
En El Señor de los Anillos, la obra mítica de Tolkien, Frodo es un hobbit que asume el
protagonismo de su vida y de la historia del libro sólo cuando acepta una misión que
le viene de fuera. En el cumplimiento de esta misión encontrará antagonistas que
obedecen a su propio interés y también hallará la fuerza para llevar a cabo su misión cuanto
más consciente es de que cualquier aventura, sobre todo aquellas que son especialmente
arduas, se culmina sólo cuando se sirve a algo más grande que a uno mismo. El pasaje en el que
se constituye el Consejo de Elrond habla muy claramente de este encargo que recibe Frodo y
que no puede realizar sólo, y también de alguna manera expresa el valor del destinatario de su
misión, pues el Consejo incluye seres de todas las razas y pueblos de la Tierra Media.
Los mitos nos permiten comprender de un modo intuitivo aspectos esenciales del mundo y de
la condición humana. En este caso, que todo orden social precisa de una tarea común, de algo que se
identifique con el bien y como un bien que debemos hacer. O más brevemente, que no hay sociedad sin
bien común. La literatura, el cine y la propia historia están plagados de ejemplos de una sociedad
cohesionada en torno a un bien común. A veces este surge de una empresa que aúna no sólo toda
una sociedad sino sociedades diversas con el fin de lograr ese bien. Entendidas en su contexto,
las cruzadas, aunque van a estar marcadas por un profundo sentido espiritual y religioso,
también surgen como consecuencia de una necesidad de proteger o de previvencia frente a un enemigo
que se expande, que va a ser el turco y que amenaza con extinguir la estructura de los
reinos occidentales, tanto su economía como su religión como la política de estos reinos.
Esta amenaza supone la unión de estos reinos cristianos por medio de la iglesia, a través de la figura del papa, como vínculo religioso,
y por medio de los reyes, aplacándose así todas esas rencillas que se van a dar entre los diversos reinos de Occidente.
Una unión que va a hacerse en pos de un bien superior, frenar la ocupación del turco de los santos lugares e impedir su avance hacia los territorios cristianos.
En las cruzadas todos los miembros de la sociedad van a jugar un papel muy importante y trascendental,
desde el monarca, el papa, hasta los nobles y los caballeros o los príncipes de la iglesia,
el alto clero, hasta los más plebellos, los frailes, los siervos, incluso los esclavos.
Como vemos todos tenían una meta común, sin importar el rango, la condición o el origen,
se van a crear diferentes órdenes para poder llevar a cabo la protección de los santos lugares
como van a ser las oraciones de caballería del santo sepulcro con el fin de preservar Jerusalén
la orden hospitalaria con la misión de proteger y cuidar a los peregrinos, los enfermos
también a los pobres en su camino hacia los santos lugares
y también se van a crear otras órdenes como las de los templarios
que van a ser monjes dedicados a la oración y a la batalla
también los marginados por la sociedad como son los leprosos y es un dato muy relevante van a tener un papel fundamental también y protagonista en las cruzadas
se va a constituir la Orden de San Lázaro como primera línea de batalla formada por caballeros leprosos
así vemos como para lograr este bien común por encima de los propios intereses se van a desarrollar pequeños proyectos
dentro de lo que es esta gran empresa de la cruzada, que van a contribuir cada uno desde sus posibilidades a la consecución de la misión.
En España se va a trasladar esta intención de cruzada a los territorios ocupados por los musulmanes,
lo que se conoce como la región de Al-Ándalus, y va a ser también una misión que van a tener patrocinada desde el papado,
pero también desde los propios monarcas de la península ibérica, incluso se les insiste que antes de acudir a la gran cruzada contra el turco en oriente,
que primero consigan reconquistar y reunificar el antiguo reino visigodo en la península ibérica.
Esto lleva a que en el siglo XII se creen diferentes órdenes como la de Santiago, por ejemplo, también se va a crear la orden de Alcántara, la de Calatrava,
y estas órdenes van a facilitar la colaboración de los diferentes reinos cristianos que se dan en la península ibérica
y que se van a unir para luchar juntos contra el invasor.
Esto puede verse en el claro ejemplo de las Navas de Tolosa en 1212, una batalla muy importante para los reinos cristianos.
Allí Alfonso VII de Castilla, Pedro II de Aragón, también Sancho VII de Navarra y voluntarios del Reino de León
y del reino de Portugal, así como caballeros de órdenes hispanas como la que hemos mencionado anteriormente,
hospitalarios, templarios, dejan de lado sus diferencias para luchar contra los almohades
y contra la religión de los reinos que quedaban de Al-Andalus.
Todo esto supone finalmente la unidad de todos estos reinos en el reino de Aragón y de Castilla
bajo los reyes católicos que van a ser quienes finalmente ponen fin a esa misión de reconquista
a través de la conquista de Granada en 1492, recuperando finalmente todo el territorio visigodo
y expulsando esa amenaza finalmente de la península ibérica.
Estos ejemplos ilustran que los humanos formamos comunidades por distintos motivos.
Cada grupo puede definirse según el bien al que aspira y su capacidad para lograrlo.
Es lo que propone Aristóteles en su reflexión genética e histórica sobre la sociabilidad
humana. Según él, hay tres tipos de comunidad, la familia, la aldea y la ciudad.
La distinción es útil, pues nos permite comprender los sentidos en que un bien puede
ser común o compartido. La ciudad es la sociedad perfecta o completa cuyo fin es proveer todo
lo necesario para una vida humana buena, lo indispensable para que sus miembros puedan
madurar, desarrollarse humanamente y aprender a actuar. En este sentido, el bien común de la
ciudad, esto es, el bien que comparten y al que aspiran sus miembros, se refiere a condiciones
como la paz, la justicia, la educación, el acceso a la cultura o a la participación en la vida
pública. La familia es una sociedad casi completa. Se constituye de modo natural,
dice Aristóteles, para satisfacer necesidades cotidianas y ciertamente no puede contener ni
ofrecer todos los recursos necesarios para una vida plenamente humana, pero su bien común se
asemeja bastante al de la comunidad política, pues consiste en establecer un conjunto de condiciones
para que los niños puedan crecer hasta convertirse en miembros de la comunidad política para que sus
miembros puedan cuidarse entre ellos. La aldea es un tipo de sociedad especializada. Aristóteles
les presta menos atención por considerarlas un tipo de asociación temporal y transicional
entre comunidades más estables e importantes como la familia y la sociedad política. Se trata
entonces de comunidades incompletas que no pretenden ofrecer todo lo necesario para una
vida auténticamente humana pues su fin es lograr algún bien específico. La empresa es un tipo de
comunidad o asociación especializada como también pueden serlo el ejército, una orquesta, una ONG,
un club deportivo, una universidad, un sindicato... Los filósofos, por lo general,
han tendido a restar valor a las comunidades especializadas. También porque hasta bien
entrada la modernidad, aunque si había una extensa red de asociaciones, gremios, iglesias,
parroquias, ejércitos, nunca alcanzaron el tamaño y complejidad de las organizaciones contemporáneas.
Pero como puntualiza Robert G. Kennedy en nuestros días, el rol de las asociaciones específicas ha crecido enormemente, tanto en cuanto a su tamaño como a su número.
En las sociedades desarrolladas de hoy, prácticamente todos dependemos de asociaciones especializadas, directa o indirectamente.
Efectivamente, gran parte de nuestro tiempo e incluso de nuestras relaciones se dan en el contexto de las empresas u organizaciones en que trabajamos.
pero esto no significa que las empresas tengan el mismo propósito que la sociedad política,
por varias razones. Una organización tiene un propósito distinto al de la sociedad política,
pues no busca la realización integral de sus miembros. Los bienes comunes que busca dependen
del tipo de asociación y en torno a ellos gira la organización y la colaboración entre sus
miembros. No persigue lo mismo un ejército que un supermercado, un sindicato, un laboratorio
científico, etc. Pero en todos estos casos, como dice Kennedy, el éxito de la organización
requeriría un cierto tipo de contribución activa de cada uno de sus miembros, mientras
que para sostener el bien común de una sociedad basta con que algunos de sus miembros elijan
no darse a comportamientos que socaven este mismo bien común. Al igual que la sociedad
política las asociaciones especializadas tienen bienes comunes que llamamos constructivos. En
este caso, condiciones que deben mantenerse para que la gente haga su tarea, como pueden ser la
información, recursos materiales, equipamiento adecuado, así como cualquier otro tipo de
condiciones necesarias para respetar y enriquecer la dignidad de los trabajadores. Que el trabajo
no sea físicamente abrumador, que esté bien remunerado, que merezca la pena y que no sea
degradante o dañino para quienes lo realizan. Pero, a diferencia de la sociedad política,
el bien común de una asociación especializada es o puede ser final, esto es, una asociación de este
tipo puede cesar cuando se logra aquello para lo que se constituyó. A diferencia suya, el bien
común de la comunidad política es instrumental, o sea, se valora en la medida en que contribuye a la
acción y realización de todos sus miembros. Por último, las asociaciones especializadas tienen una
relación clara con la sociedad política. La comunidad política debe crear las circunstancias
en que pueden funcionar estas organizaciones, cuya legitimidad no depende de su contribución
al bien común, sino de los bienes humanos que persigue, tanto para sus miembros como
para el conjunto de la sociedad.
En The Good That Business Does, Robert G. Kennedy recuerda que la dificultad de fundar y mantener
una empresa consiste en que ésta debe buscar simultáneamente varios tipos de bienes.
Una buena empresa, dice, debe tener objetivos valiosos y establecer las condiciones para
operar que respeten plenamente la dignidad humana. Debe permitir que sus empleados se
puedan ganar la vida y darles un trabajo que merezca la pena hacer. Debe hacer buen uso
de los recursos de propietarios y accionistas y crear riqueza para ellos. Finalmente, debe
ofrecer productos y servicios a los clientes que satisfagan auténticas necesidades humanas
a precios razonables.
La contribución que una empresa por sí sola puede hacer al bien común es relativamente
pequeña y necesariamente modesta. Sin embargo, el sistema empresarial como tal sí supone
una contribución de peso al bien común de la sociedad política.
Las empresas no crean los valores morales a partir de los que se organiza su actividad,
ni deben redactar las políticas fiscales ni la regulación de sus operaciones. Tampoco
son responsables de erigir las infraestructuras que facilitan su funcionamiento. Pero cuando
su actividad se desarrolla de un modo coherente con este marco, o incluso cuando colaboran
o comparten con el poder político algunas de sus funciones respecto al bien común,
pueden ser de una ayuda inestimable en la creación de un mundo más próspero, pacífico y humanamente
significativo. Como acabamos de ver, la empresa constituye un tipo particular de comunidad con
un modo particular de contribuir al bien común. Para comprenderlo es necesario recordar que todo
orden social precisa de una tarea común, sin bien común no hay sociedad. Entre los diferentes
tipos de comunidad, la empresa es una asociación especializada, intermediaria entre la familia y la
sociedad política. La empresa no sustituye a la sociedad política, pero el tejido empresarial
contribuye de manera decisiva al bien común.
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