Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 25 de 107

La comunicación

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LA COMUNICACIÓN - CAÑONES Y MENSAJES

CALIFICA LA CLASE

Siguiendo con nuestro símil del edificio, las diversas plantas o pisos de un edificio son inservibles sin una posible comunicación entre ellos. De nada sirve elevar una construcción indefinidamente si no hay forma de ascender y descender con libertad, y más funcional es nuestro edificio cuanto mayor capacidad existe para trasladar de una punta a otra de la estructura tanto materiales como personas.

En ese sentido, el edificio necesita de escaleras, ascensores, montacargas. La comunicación es tan esencial a su funcionamiento que debe considerarse una pieza crucial de la estructura de la empresa. La comunicación es crucial desde el momento en que el ser humano es ser social: no se puede ser social sin vínculos, y no puede haber vinculación sin ser capaces de entrar en contacto con el otro. Sin comunicación no hay sociedad.

La comunicación tiene dos caras: es vital y puede ser muy fructífera, pero cuando es mal utilizada puede provocar verdaderos desastres. Esta doblez se aprecia, primero, en las mitologías. Por ejemplo, Hermes, el dios mensajero griego, es en palabras del folclorista Meletinskii, un tramposo deificado.


Hermes:

“La Ninfa parió un niño versátil, de sutil ingenio, saqueador, ladrón de vacas, caudillo de sueños, espía de la noche, vigilante de las puertas”

(Himnos Homéricos, Himno VI a Hermes, Traducción de la Biblioteca Clásica Gredos)

Esta doblez podemos verla también claramente en las estructuras militares. Era tremendamente útil, y ya desde la antigüedad todas las unidades militares tenían códigos para comunicarse y enviar las órdenes. Puedes profundizar en los instrumentos militares en este vídeo documental.

Dos eran los principales instrumentos romanos para dar órdenes: la tuba y el cuerno o cornum, como aparece en las Metamorfosis de Ovidio (Libro I, 98):

No la tuba de derecho bronce, no de bronce curvado los cuernos

Non tuba directi, non aeris cornua flexi


“La música de la legión consta de trompetas, cornetas y buccinae. La trompeta hace sonar la carga y la retirada. Las cornetas se utilizan únicamente para regular los movimientos de los estandartes; las trompetas cuando a los soldados se les ordena realizar cualquier trabajo sin los estandartes; pero cuando entran en batalla, las trompetas y las cornetas suenan juntas. El classicum, que es un sonido particular de buccina o cuerno, es reservado al comandante en jefe y se usa en presencia del general, o en la ejecución de un soldado, como una señal de que se está haciendo bajo su autoridad. (…) Estas reglas deben observarse exquisitamente en todos los ejercicios y revisiones, para que los soldados puedan estar bien dispuestos a obedecerlas en batalla sin vacilar, de acuerdo con las órdenes del general de cargar o detenerse, perseguir al enemigo o retirarse.”

(Flavio Vegecio Renato, De Re Militari, Libro II, Música Legionaria)

La parte negativa, sin embargo, llega con el desastre que inevitablemente produce, en batalla, la falta de comunicación. La falta de comunicación ha sido muchas veces causa de graves errores en batalla, o incluso de surrealista derrota.

Un ejemplo de error grave es la Batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854, durante la Guerra de Crimea (1853-1856), en Sebastopol, Península de Crimea. A fines de 1854, una alianza de fuerzas británicas, francesas y turcas asediaba Sebastopol, la principal base naval de Rusia en el Mar Negro, en la península de Crimea. El ejército británico se encontraba bajo el mando de FitzRoy James Henry Somerset, Barón Raglan. Hijo del duque de Beaufort, había sido ayudante de campo del duque Wellington en Portugal (1804-1811), en España (1811-1814) y en la batalla de Waterloo (1815) contra Napoleón. General en jefe de artillería (1852), mandó las tropas británicas en la Guerra de Crimea (1854-1856) contra los rusos. Murió en acción durante el sitio de Sebastopol el 28 de junio de 1855.

Durante esa misma guerra, en la Batalla de Balaclava, una cadena de amargos errores de comunicación y mando se unieron para que la Brigada Ligera, del ejército británico, fuera destruida en un ataque que nunca debió de haberse efectuado. La formaban el 4.º y el 13.º Regimiento de Dragones Ligeros, el 17.º Regimiento de Lanceros, el 8.º y el 11.º Regimiento de Húsares, a las órdenes del general lord Cardigan. 676 hombres.

El ejército ruso avanzaba por un estrecho valle contra el campamento aliado, con su potente artillería de frente. Un grupo de soldados rusos aprovecharon el avance para asaltar unas baterías inglesas que había en la costa, en una de las laderas del valle, donde los británicos tenían apostados varios cañones navales, mirando al mar. El general Lord Raglan, comandante general de las tropas británicas, vio desde las alturas cómo los rusos se llevaban sus preciosas piezas de artillería, y mandó a un mensajero a comunicar a la caballería que “impidiera al enemigo llevarse los cañones”. Lord Raglan sabía que se refería a los cañones británicos robados, pero el teniente general de la caballería, el Mariscal de campo George Charles Bingham, 3.er conde de Lucan, solo veía desde el valle la masa del ejército ruso avanzando, con la artillería al frente.


Confundido por la orden, preguntó al mensajero, que señalando de manera general al valle, le dijo: “Ahí, mi señor, está vuestro enemigo. Ahí están vuestras armas, Atacad”. Lord Lucan obedeció, enviando a su brigada ligera y a Lord Cardigan a atacar al ejército ruso: no hacia los cañones capturados sino hacia la artillería rusa que avanzaba segura por el valle. Fue una masacre. Solo 195 hombres regresaron aún cabalgando, inspirando el el poema del Rudyard Kipling, "The Last of the Light Brigade", o el famosísimo “La carga de la Brigada Ligera”, del laureado poeta Lord Tennyson, que con razón llamó a aquel lugar el Valle de la Muerte. Puedes leer este último traducido aquí.

Otro ejemplo de surrealista derrota es la absurda batalla de Karansebes, en plena guerra ruso-turca. Puedes leer el relato aquí. La enemistad y guerra constante entre el rusos y turcos ya duraba siglos, y en esta ocasión se enfrentaba la zarina Catalina II, Emperatriz de Todas las Rusias, aliada de José II de Habsburgo-Lorena, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, contra el sultán Abd-ul-Hamid I del Imperio Otomano. Tres de los mayores poderes existentes en la Tierra en el siglo XVIII. Sin embargo, el emperador "José II pasaría a la posteridad, sí, pero por ser el único comandante en derrotar a su propio ejército".


Catalina la Grande se había anexionado Crimea, invadiendo territorio hasta entonces otomano, y el emperador austriaco no quería quedarse corto: ansiaba recuperar el ancestral dominio imperial sobre los Balcanes. Avanzó con 245.000 hombres, divididos en 5 cuerpos, por toda la frontera sur del imperio. Él personalmente comandaba una fuerza de 100.000 hombres.

Aún no existía el imperio austro-húngaro, que no aparecería hasta pocos años después como entidad política, en 1804 como austriaco y el 1867 como austro-húngaro. Sin embargo, José II, en tanto que archiduque de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia, aunque fuera nominalmente emperador del agonizante Sacro Imperio, podía ser considerado soberano de un imperio austro-húngaro, que dominaba desde los Balcanes hasta los Alpes. Sin embargo, el problema de sus vastos territorios era la falta de homogeneidad étnica, cultural y lingüística: alemanes, húngaros, checos, polacos, croatas, rumanos, eslovenos, eslovacos, serbios, rutenos, italianos, y un largo etc.

Era la madrugada del 17 de septiembre de 1788, y el masivo ejército del emperador austriaco acababa de disponer su campamento en las afueras de la ciudad de Karánsebes. Es una amalgama de nacionalidades: realmente sólo los oficiales y una pequeña parte son austriacos, el resto son tropas de otros pueblos del Imperio: húngaros, italianos, rumanos, croatas y serbios: 100,000 hombres. Más que suficiente para derrotar a los turcos. Según los últimos informes, su llegada era inminente: 80.000 soldados y 500 cañones.

Con el campamento establecido, se envía al regimiento de húsares para inspeccionar los alrededores. Cruzan el río Timiş, y no encontrando rastro de los otomanos, se topan con una caravana de cíngaros que se ofrecieron a venderles aguardiente. La caballería no vuelve, y el alto mando austriaco envía a un contingente de infantería, más numeroso, a comprobar que no habían sido derrotados en alguna escaramuza. Al cruzar el río, se encuentran a los húsares disfrutando del licor, y queriendo unirse a la juerga son violentamente rechazados por los húsares, que un poco cicateros se atrincheran entre barriles vacíos para defender su preciado brebaje.

Así comenzó el conflicto entre los húsares y la infantería. De los puñetazos a los sablazos, no parecía que fuera a resolverse la cuestión, así que algunos soldados empezaron a gritar “¡Turcik!” para asustar a los húsares. Al oírlo, los oficiales austriacos se indignaron, y ordenaron a los soldados parar, con un “Halt” alemán que sonaba muy similar al grito turco “Alá”. Entre tanta confusión, pensando que llegaban los otomanos, los húsares emprendieron la retirada al campamento, con tan mala suerte que fueron observados por otro regimiento de caballería que volvía de explorar, que pensando que la infantería eran turcos, cargaron contra ellos. Desde el campamento, el General von Colloredo-Mels creyó que la segunda carga contra su infantería eran turcos, y ordenó a la artillería disparar a discreción. Una cosa llevó a la otra, y pronto todo el ejército, incapaz de comprenderse unos a otros, se estaban peleando.

Dos días después llegó a la llanura de Karánsebes el ejército otomano, para encontrar algunos barriles vacíos, y más de 10,000 muertos y heridos, tomando la ciudad sin disparar una sola lombarda.

Puedes profundizar sobre esta absurda batalla con este vídeo en inglés:


FICHA DE PUNTOS CLAVE

A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.

Transcripción del vídeo

Proyecto, equipo, organigrama, dirección, delegación y coordinación.

¿Qué más le podría faltar a una empresa? Para poder sacarle todo el partido, nuestro edificio debe ser transitable.

Sus pisos y departamentos tienen que estar comunicados entre ellos.

Igual que la naturaleza dota a los seres vivos de conductos para que circule por el cuerpo la sangre, el aire o la información.

La empresa requiere de vías seguras y efectivas de comunicación.

Sin una buena comunicación, la empresa y sus frutos serán inviables.

La comunicación es crucial desde el momento en que el ser humano es ser social y no puede ser social sin vínculos

y no puede haber vínculos sin ser capaces de entrar en contacto con el otro.

Es curioso estudiar la concepción de la comunicación a lo largo de la historia.

Bien, tenemos que tener en cuenta que nuestra especie es más antigua de lo que parece,

tenemos 200.000 años, pero solamente, según la teoría de la explosión cognoscitiva,

en los últimos 50.000 alcanzamos la madurez de nuestro sistema nervioso,

de tal manera que en un momento dado, sin que por ahora haya una explicación aparte de esta,

empezamos a comunicar de una manera salvaje, es decir, la cantidad de comunicación que tenemos los seres humanos

es sin parangón en el reino animal, comunicación no verbal, verbal, etc.

Y nos ayuda a cohesionar los grupos y gracias a esta cohesión, hace 100.000 años,

había unas cuatro especies diferentes de homínidos inteligentes en la Tierra y ahora solo quedamos nosotros.

porque gracias a esta cuestión de grupo gracias a la comunicación triunfamos y esto se ve reflejado

en la importancia de las mitologías del mensajero de los dioses de hermes por un lado de los distintos

visires de enki o de el dil la metodología mesopotámica que son absolutamente cruciales

porque la comunicación entre nosotros es un rasgo propio del ser humano tan importante que no podíamos vivir sin ella.

Por un lado, la comunicación es vital y puede ser muy fructífera.

Por el otro, cuando es mal empleada, puede resultar desastrosa.

Siempre están presentes las figuras del heraldo o del dios mensajero,

como Hermes, un tramposo de edificado, en palabras del folclorista Meletinsky.

O como lo describió Homero, ladrón, cuartero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno.

Y sin embargo es uno de los dioses más conocidos del panteón.

De forma similar, en la mitología nórdica, Ratatosk es la ardilla encargada de la difusión de información a través de los nueve reinos del universo.

Sube y baja por Yggdrasil, el árbol del mundo, y todos los dioses dependen de ella.

Y aún a sabiendas de que el principal entretenimiento de esta ardilla es esparcir mentiras y sembrar la cizaña.

Tanto Hermes como Ratatosk encarnan los estragos que puede provocar una mala comunicación.

Esta doblez se aprecia en las estructuras militares a lo largo de la historia.

Los romanos usaban trompetas curvas llamadas cornum para marcar los movimientos de los distintos escuadrones y centurias.

A su vez, usaban las trompetas llamadas tuba para ordenar el ataque o la retirada.

Finalmente, tenían las buxina, más pequeños que los cornum.

Se usaban como sonido de autoridad del general.

Esta estrategia de coordinación, a través del sonido, fue heredada por ejércitos más modernos.

Todos reconocemos, por ejemplo, el toque de carga de la caballería estadounidense o el toque a de huello español.

La historia militar nos ofrece muchísimos ejemplos de las consecuencias que tiene malinterpretar o hacer una mala comunicación.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de la batalla de Balaclava durante la guerra de Crimea,

que enfrentó a británicos, franceses y turcos contra los rusos.

Pues bien, estos, los rusos, habían tomado unos baluartes turcos donde se encontraban una serie de cañones británicos.

Al verlo, el general en jefe británico envió un mensajero para ordenar a la caballería que se dirigiera e impidiera que se llevaran los cañones británicos.

Pero el teniente general británico, jefe de la caballería, solo veía frente a sí unas baterías en una posición muy fuerte al fondo del valle.

Confundido por una orden que le parecía absurda, preguntó al mensajero.

Y este señaló con el brazo hacia el frente y dijo, allí tiene al enemigo, aquí tiene sus medios, ataque usted.

Lorlukan envió entonces a la caballera ligera a través del valle contra las baterías turcas.

En vez de enviarlo hacia la derecha donde se encontraban los cañones que estaban retirando los rusos.

De los 676 jinetes que componían la cavidad ligera, casi la mitad fueron bajas y solo volvieron sobre sus monturas 195.

Esta masacre fue la consecuencia de la falta de claridad en la comunicación de un mensaje.

La batalla de Karanseves ofrece un ejemplo aún más llamativo de falta de comunicación.

Los imperios ruso y austrohúngaro se unieron para detener el avance otomano.

El ejército austro-húngaro estaba formado por diversas nacionalidades, italianos, húngaros,

balcánicos, rumanos, eslavos, y cada uno hablaba en un idioma diferente. Se envió como avanzadilla

a unos úsares húngaros que se toparon con un grupo de zíngaros que les vendió licor. Detrás

llegó la infantería croata que vio cómo estaban celebrando la ocasión los úsares y quisieron

participar de la fiesta. Lo que empezó en realidad como una pequeña rilla terminó

siendo un verdeo combate y la infantería para librarse de la caballería empezó a

gritar Turki, Turki, haciendo creer que venían los turcos. Entonces los oficiales

austriacos, alemanes, empezaron a decir Halt, Halt, que quiere decir en alemán

alto y el Halt, Halt se identificó como Alá, Alá, que era normalmente lo que

esperaban oír de los otomanos. Se enviaron entonces un regimiento de caballería y se

emplazaron cañones para detenerlos, pero se estaba combatiendo contra la caballería de

Úsares y contra la infantería croata que había ido por delante. De la riña al combate y del

combate en esta ocasión a una verdadera batalla, pero entre las tropas propias como consecuencia

de esta falta de comunicación al usarse tantos idiomas.

La historia ha recogido que al llegar después los turcos otomanos

se encontraron 10.000 bajas sobre el campo de batalla.

Probablemente sea una cifra exagerada frente a esos 100.000 hombres

de los que disponía inicialmente el ejército austrohúngaro.

Pero lógicamente, claro, se vieron el campo abandonado

y la situación muy favorecida para ellos.

La comunicación puede dar sentido a la casa o hacerla inútil. Sin ella, los frutos de la

empresa jamás podrían compartirse. ¿Y tú? ¿Has pensado cómo te comunicas dentro de tu empresa?

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