Qué es la comunidad: progresión de la familia a la empresa

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PROGRESIÓN DE FAMILIA A LA EMPRESA - DEL AGUJERO DE HOBBIT A LA COMUNIDAD DEL ANILLO
CALIFICA LA CLASEAl principio de su Política, Aristóteles afirma que “toda comunidad se constituye en vista de algún bien” y que la ciudad o comunidad civil es la comunidad que tiende al mayor bien, pues comprende todas las demás comunidades. Ahora bien, ¿cuáles son estas comunidades? Y ¿en qué sentido la ciudad las contiene a todas?
Como buen observador de la naturaleza, Aristóteles se propone observar la ciudad “desde su origen”, para así poder dar cuenta del desarrollo o progresión a partir de la comunidad más elemental:
"El que considerare las cosas hechas desde su principio, así en esta materia corno en las demás, podrá entenderlas bien de esta manera. Ante todo, conviene reunir aquellos elementos que no pueden subsistir independientes, como son el macho y la hembra para conseguir la prole ; lo cual no es en ellos cosa voluntaria, sino que les es natural, así como a los demás animales y plantas el apetecer la descendencia (...). La compañía, pues, que para los continuos usos se junta es la casa ; y éstos son los que llamó Carondas : «criados con un mismo mantenimiento». Y Epiménides de Creta dice : «que gozan de un mismo fuego». Pero la primera compañía, que, se compone de muchas casas—y no para los usos cotidianos—, es el barrio, el cual parece como colonia o población de la casa. Y así, algunos los designan con el nombre de omogalagtas, que quiere decir criados con una misma leche, pues son los hijos y los hijos de sus hijos. Por esto, antiguamente, las ciudades eran regidas por reyes, y hoy día las naciones, porque procedían de gentes regidas por reyes. Porque toda familia es regida por el más anciano"
Aristóteles, Política, Libro I, 1, 1252a-1252b
La primera comunidad, si lo miramos desde un punto de vista genético o histórico, es la que se forma naturalmente, la familia. A su vez, la unión de varias casas hace la aldea y, ambas se organizan en torno al más anciano. Paralelamente, podemos comparar la aldea con la empresa: se forma para cubrir las necesidades que la familia no puede cubrir por sí misma, y, como podemos observar en nuestro país, el origen de la empresa en la familia persiste hasta hoy en un tejido empresarial compuesto fundamentalmente de empresas familiares.
Ahora bien, familia y asociaciones no terminan de dar cuenta de todas las formas en que los hombres nos relacionamos con los demás. La familia cumple con los cuidados necesarios para que las personas crezcan y aprendan a vivir entre sí. Y las asociaciones dan salida a los diferentes empeños en que los seres humanos podemos embarcarnos. Pero hace falta algo más, un tipo de asociación más amplia que permita orientar tanto a familias como a asociaciones. De ahí nace la ciudad:

La ciudad “surgió por causa de las necesidades de la vida, (...) pero existe ahora para vivir bien. La ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte”.
Aristóteles, Política, I, 2, 1253a
Como expresa Aristóteles en su Política:
"Toda ciudad es compañía natural, pues lo son los elementos de que se compone. De aquí se colige claramente que la ciudad es una de las cosas más naturales, y que el hombre, por su naturaleza, es animal político o civil, y que el que no vive en la ciudad, esto es, errante y sin ley, o es mal hombre o es más que hombre"
Aristóteles, Política, I, 2, 1253a
La ciudad es, por tanto, imprescindible para el hombre, pero no pierde nunca el vínculo ni el modelo de la familia, como hemos visto. Esta realidad se pone de manifiesto, por ejemplo, en las diferentes formas de gobierno o de organización estatal que se han ido dando desde las sociedades más antiguas hasta las más actuales. En todas las sociedades, el individuo se vincula a otros por medio de la unidad familiar, y no entiende su existencia fuera de esta. El vínculo de la unidad familiar queda ampliado cuando esta, al igual que el individuo en la familia, se une a otras unidades familiares similares, conformando la aldea. Esta, a su vez, se vincula con otras hasta conformar el estado.
La jerarquía de autoridad que queda definida por naturaleza y reconocida en la unidad familiar, se imita en la constitución de la aldea y del estado, creándose una pirámide jerárquica de la que dependen los individuos y a la que se reconoce una autoridad. Del mismo modo el individuo renuncia a sus intereses o a su bien propio para garantizar y lograr el bien de la comunidad. Esta pirámide, muy asociada a las sociedades feudales del medievo y los siglos XVI y XVII españoles, continúa dándose aún hoy (también en las democracias) y su existencia es inevitable, por mucho que los modelos de gobierno o las formas de organización del estado cambien, pues en sociedad, existe la necesidad de organización jerárquica como fundamento para la existencia de un orden.

Las monarquías del Antiguo Régimen son, quizá, el ejemplo en que mejor se materializa este vínculo entre familia y empresa-estado, pues funcionan y se estructuran como un gran “Pater familias”, que asume como misión la búsqueda del bien de la comunidad que dirigen como bien superior. A este bien, las monarquías quedan sujetas incondicionalmente, por encima de sus querencias. Esta concepción del bien general por encima del particular en la organización del estado monárquico justifica, por ejemplo, los matrimonios concertados entre los miembros de las casas reinantes. El individuo se somete a los intereses generales de la familia y, en este caso, también de la comunidad/estado.
Por ejemplo, el matrimonio de Felipe II con María Tudor, reina de Inglaterra, fue una cuestión de Estado, en la que los intereses personales no tenían cabida. En este sentido, las partes, dentro de la jerarquía que ocupan en la sociedad o en la familia, conciben la ejecución de su papel como un bien superior a sí mismos, así como un deber y una obligación, por encima de sus intereses particulares.
Felipe de Habsburgo (futuro Felipe II) y María Tudor, reina de Inglaterra
Otros ejemplos en que la relación del modelo familia-estado está presente, se da en la figura de Isabel de Portugal. Puedes profundizar aquí en el crucial papel político de esta indomable mujer, así como estudiar su famoso retrato por Tiziano, que se conserva en el Museo del Prado. Ejerció un papel fundamental en el gobierno del territorio peninsular durante las largas ausencias del emperador Carlos I de España y V de Alemania en Flandes y en las regiones del Imperio. Durante estos largos periodos ejerció su autoridad velando por los intereses de la sociedad castellana, incluso por encima de los intereses de estado en el exterior, entendiendo que como “gobernante en funciones” del territorio peninsular, debía primar la consecución del bien común para dicho territorio por encima del resto de intereses, consciente de que sobre la corona de Castilla y de Aragón residía la esencia de la Monarquía Hispánica y del Imperio. Estas decisiones supusieron algunas discrepancias familiares entre la regente y el emperador, primando las de aquella por ser quien ejercía como última autoridad en Castilla en ausencia del monarca. Es un ejemplo de cómo en el ejercicio de las funciones atribuidas, la autoridad de Isabel de Portugal como regente asume este principio de primacía del bien común sobre los intereses personales o familiares.

Carlos I de España y V de Alemania, e Isabel de Portugal
Esta relación familia-estado tendrá también su repercusión en el modo en que el resto de miembros que conforman la pirámide familiar y social, actúen y asuman sus responsabilidades. El sentido del deber y de responsabilidad de los reyes, que determina las decisiones de la Monarquía Hispánica, inevitablemente revertirá en el proceder y actuar de los individuos que dependen de ella a diferentes escalas. A estos se les exigirá que asuman su deber del mismo modo que lo hace el monarca. Así, la vinculación familia-estado engloba a toda la sociedad: cada estrato, al igual que cada parte en una familia, tiene un “pater familias” como referente, al que se mira para seguir su ejemplo.
Plasmando esta idea en un ejemplo más visual, podemos referir la labor llevada a cabo por Vasco de Quiroga en América, como oidor de la Audiencia de México (puesto que le encomendó personalmente nuestra querida Isabel de Portugal). Su labor en América fue de gran importancia y entre otras acciones, fundó el Hospital de Santa Fe en México, el pueblo-hospital de Santa Fe de la Laguna y el Colegio de San Nicolás Obispo, antecedente de la Universidad Nicolaíta, actualmente sita en el estado de Michoacán en México. El desarrollo de estas medidas con el fin de velar por los intereses indígenas, de su formación, desarrollo y, mejora de sus condiciones de vida, no parten de una decisión unilateral de Vasco de Quiroga como caso aislado. 
Estas medidas se ejecutan como respuesta a la consecución de un proyecto más amplio, ideado desde la monarquía hispánica, y que parten de la consideración de la población autóctona americana como personas con la misma dignidad, trato y derechos que cualquier otro súbdito de la monarquía.
Puedes profundizar en este obispo gobernador en estos artículos:
Don Vasco De Quiroga - Civilizador.pdf
Don Vasco De Quiroga - Educador.pdf
Vemos, por tanto, cómo la asunción del Bien Común desde la cúspide jerárquica revierte en las decisiones que esta toma y, en la ejecución de las mismas por los estamentos inferiores. Si comparamos la actitud de la monarquía hispánica con la visión de los ingleses u holandeses al respecto de las colonias americanas, vemos grandes diferencias. Al contrario que los monarcas españoles, aquellos cuestionan la identidad de los indígenas como personas con alma y cuerpo. Este pensamiento se transmite y generaliza al resto de estamentos y conlleva que, siguiendo las directrices de la máxima autoridad, actúen en consecuencia. Así, vemos una fuerte represión indígena en la ocupación de los territorios por los ingleses en América del Norte, la justificación de la esclavización y una despreocupación por la integración y bienestar de los indígenas y, cuyas consecuencias aún hoy persisten, como vemos en las reservas existentes en Estados Unidos. La Monarquía Hispánica, sin embargo y aunque no está libre de abusos y atrocidades, sitúa por encima de sus intereses económicos y geopolíticos la necesidad de actuar buscando el Bien, sin hacer uso de apologías que pudieran justificar una actuación injusta.
La ciudad es esa comunidad más inclusiva, desde cuyo gobierno se puedan establecer y cuidar las condiciones que permiten el máximo desarrollo de la sociabilidad, así como la plena maduración de las potencialidades humanas. La ciudad, entendida como comunidad más amplia, está ahí para humanizarnos y no sólo para cubrir una serie de necesidades básicas que no podríamos lograr por separado. La ciudad es, de hecho, el lugar donde aprendemos a usar el lenguaje con más carga significativa, el lugar en que se puede hablar de lo conveniente, lo justo, lo bueno y lo bello referido a todos.
Para ilustrar este discurso, podemos fijarnos otra vez en El Señor de los Anillos. A lo largo de la historia vemos la diferencia entre empresa y ciudad. La Comunidad del Anillo, el grupo de protagonistas que se unen para llevar el anillo a Mordor, es como una empresa. Es una asociación especializada cuyo fin es claro y limitado: llevar el anillo al Monte del Destino para destruirlo allá donde fue forjado. A su vez, esta comunidad está integrada por miembros de todas las razas libres de la Tierra Media: hobbits, elfos, hombres y enanos, liderados por un mago. Es decir, en cierta manera se compone de hijos de distintas familias.
Sin embargo, el sentido de la misión que emprenden no está ni en ser empresa ni en ser miembros de diversas familias: la empresa no tiene sentido como tal, sino por la misión que quieren llevar a cabo. A su vez, la misión no responde a la necesidad de cada "familia" en particular. Las distintas razas podrían haberse aislado en sí mismas y haber ignorado el problema del mal. Sin embargo, las distintas razas y pueblos libres de la Tierra Media son "ciudad": comparten un bien común, y es éste el que les impulsa a unirse y destruir el anillo. Solo desde esta unidad en torno al Bien tienen sentido las distintas sociedades políticas: los asentamientos élficos de Rivendel o Lothlorien, reinos de Gondor y Arnor, el reino de Rohan, los reinos enanos o incluso la Comarca.
Hacia el final de la Ética a Nicómaco Aristóteles llega a la conclusión de que la ética individual y la ética comunitaria se necesitan mutuamente: para ser feliz se necesita vivir la virtud, pero la virtud solo se puede aprender y vivir con plenitud comunitariamente -en la polis-, y la sociedad solo podrá satisfacer estas necesidades si está conformada por individuos virtuosos. Este punto precisamente sostiene la historia del Señor de los Anillos. Frente al reto o “empresa” de salvar el mundo por medio de la destrucción del anillo, una comunidad de personas sale de su hogar y se une para a lograr el objetivo. Una vez cumplido el objetivo vuelven al hogar habiendo crecido, madurado y con las fuerzas para hacer prosperar la Comarca. De hecho, cada uno de los personajes implicados en la empresa comunitaria volverá a su pueblo como gobernante: lo que aprenden en el cumplimiento de la misión enriquece su vida personal. Pero sobre todo, permite encontrar sentido pleno al hogar como lugar de descanso, de acogida y de crecimiento familiar frente a la empresa como lugar de trabajo, de donación personal y de desarrollo social. Hay quien piensa (como ilustra este interesantísimo artículo) que, precisamente por ser quien mejor encarna este viaje de crecimiento, Sam, aparentemente un pobre jardinero, es el verdadero eje de la novela.
Si quieres aprender más sobre todo lo que hay detrás de la obra El Señor de los anillos (antropología, mitología, política) puedes ver este vídeo:
FICHA DE PUNTOS CLAVE
A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.
Transcripción del vídeo
La empresa se ha convertido en una de las instituciones más influyentes de la sociedad actual.
Pero detrás de todo empleado hay una familia.
Hoy queremos preguntarnos por la relación entre ambas, familia y empresa.
¿Cómo ha sido histórica y sociológicamente esta relación?
¿Qué papel juegan las empresas actuales para la familia y qué clase de comunidad las une?
Al principio de su política, Aristóteles afirma que toda comunidad se consigue en vista de algún bien, y que la ciudad es la comodidad que tiende al mayor bien, pues comprende a las demás.
Ahora bien, ¿cuáles son estas comunidades? ¿Y en qué sentido la ciudad las contiene a todas?
Aristóteles se propone observar la ciudad desde su origen para poder explicar el desarrollo a partir de la comunidad más elemental.
Para ello hay que encontrar qué o quiénes se unen necesariamente.
El hombre y la mujer no pueden existir sin el otro y de este modo dan lugar a la familia,
la primera comunidad humana, tanto desde un punto de vista genético como histórico.
También jefe y súbdito se unen necesariamente, un dato que revela que en todo grupo humano hace
falta un cierto tipo de gobierno, incluido el hogar. La comunidad que se forma a partir de la unión de
varias casas es la aldea y si en la casa reina el más anciano en la aldea el gobierno también
se confía a uno solo o sea a un monarca hoy en día quizás más apropiado a traducir aldea por
asociación especializada o empresa de hecho históricamente las sociedades que los humanos
formaban para realizar distintas tareas suelen estar vinculadas a un linaje naciones de determinadas
familias y su oficio se transmitía de generación en generación es decir el origen familiar de la
empresa persiste hasta hoy. El tejido empresarial de nuestro país se compone fundamentalmente de
empresas familiares. Ahora bien, familia y asociaciones no son las únicas formas en que
nos relacionamos con los demás. La familia cumple con los cuidados necesarios para que las personas
crezcan y aprendan a vivir entre sí, y las asociaciones dan salida a los diferentes empeños
en que los seres humanos podemos embarcarnos. Pero hace falta algo más, un tipo de asociación
más amplia que permita orientar tanto a familias como a asociaciones. De ahí nace la ciudad,
la cual surgió por causa de las necesidades de la vida, dice Aristóteles. Pero existe ahora para
vivir bien. Es decir, el desarrollo de la sociabilidad humana empezó con la familia y
siguió con la unión de distintas familias en asociaciones especializadas. Pero a lo que apunta
este desarrollo es a la vida en común, lo que hoy podríamos llamar la sociedad política. ¿Por qué?
¿Por qué? Cabría responder apelando a lo evidente que nos resulta, como hace John Stuart Mill cuando afirma que el estado social es a la vez tan natural, tan necesario y tan habitual para el hombre, que con excepción de algunas circunstancias poco comunes o a causa de algún esfuerzo de una abstracción voluntaria, no puede el humano concebirse a sí mismo más que como el miembro de un colectivo.
Por lo tanto, el ser humano tiende a la sociedad y necesita de esta para vivir humanamente
y esta realidad se pone de manifiesto, por ejemplo, en las diferentes formas de gobierno o de organización estatal
que se han ido dando desde las sociedades más antiguas hasta las más actuales.
En todas las sociedades el individuo tiende a vincularse a otros por medio de la unidad familiar,
siendo la jerarquía de autoridad que se va a dar por naturaleza a la familia
la que se imite en la constitución de la aldea y del Estado,
creándose así una pirámide de la que dependen los individuos
y a la que reconocen una autoridad.
Las monarquías del antiguo régimen pueden ser un buen ejemplo
para materializar este vínculo entre familia y Estado,
pues sus líderes van a ejercer como un gran pater familias.
Así, la monarquía de Carlos V se concebirá como esos territorios
que se van a agrupar por derecho familiar,
en torno a una sola cabeza, la de Carlos V, y que une las herencias castellanas, la americana,
la aragonesa, la italiana, también la borgoñona, la austriaca, imperial y que van a reunirse una
por cada abuelo. Tenemos a Isabel de Castilla con América, Fernando de Aragón, Maximiliano
I de Habsburgo, también María de Borgoña y la cabeza reinante, que será Carlos V, asume como
misión la búsqueda del bien de la comunidad que dirige todos estos
territorios como bien superior al que las monarquías en este caso la de
Carlos V quedan sujetas de forma incondicional por encima de sus
creencias. Otro ejemplo es el de Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, es una
figura que va a encarnar muy bien esta relación entre familia y estado que va
a ejercer un papel fundamental en el gobierno del territorio peninsular
concretamente del Reino de Castilla y durante un largo periodo como consecuencia de las ausencias de Carlos V
ella va a velar por los intereses por lo tanto de la sociedad castellana
e incluso velando por encima de los intereses personales propios
o de los intereses de Flandes, de Portugal o del Imperio Germánico
a los que le pide Carlos V que contribuya.
Se entiende que como gobernante en funciones tiene que primar, por lo tanto, el bien de la corona de Castilla
y de la sociedad castellana y anagonesa sobre el resto de intereses,
consciente de que sobre ambas coronas reside la esencia de la monarquía hispánica.
Esta relación, por lo tanto, entre familia y Estado tiene también su repercusión en el resto de miembros de la pirámide familiar
o, en este caso, de la pirámide social, en el ejemplo de la monarquía.
El sentido del deber y de responsabilidad que va a determinar las decisiones de la monarquía hispánica,
pues con Carlos V con Isabel de Portugal, inevitablemente revierte en el proceder o en el actuar de los individuos
que van a depender directamente de los reyes a diferentes escalas.
Cada estrato, al igual que cada parte en una familia, va a tener un paterfamilias,
o en este caso el rey como referente, y van a actuar bajo y según los dictados de esta autoridad,
siguiendo también su ejemplo.
Podemos referir la labor llevada a cabo por Vasco de Quiroga, por ejemplo, en América,
como oidor de la Audiencia de México.
Su labor en América fue de gran importancia.
Vemos cómo a escasos diez años desde que se produce la conquista, en 1521,
bueno, la conquista de la Ciudad de México,
él ya entre otras acciones funda un hospital, el Hospital de Santa Fe de México
también funda el Pueblo Hospital de Santa Fe de la Laguna
y el Colegio de San Nicolás Obispo que es el antecedente de la actual Universidad de Nicolaita
entonces el desarrollo de estas medidas que lleva a cabo Vasco de Quiroga
en favor de la sociedad indígena no es una decisión unilateral que parte de él como un elemento aislado
sino que forma parte de un proyecto más amplio ideado desde esa jerarquía monárquica
o desde la cabeza de la monarquía que será el rey.
La asunción del bien común desde la cúspide jerárquica revierte en el comportamiento de los estamentos inferiores,
algo que también podemos observar en otros ejemplos de la historia americana.
Y esto es así porque el hombre no quiere solo sobrevivir,
más bien nace para vivir bien con los demás y construir el lugar en que vive.
Y esto no es algo que se pueda lograr exclusivamente desde la familia o desde las asociaciones especializadas.
Hace falta una comunidad más inclusiva, desde cuyo gobierno se puedan establecer y cuidar las condiciones que permiten el máximo desarrollo de la sociabilidad,
así como la plena maduración de las potencialidades humanas, la ciudad.
Para Aristóteles, la importancia de la ciudad es tan clara que, llegando a un punto de su exposición,
cambia el registro histórico genético de su discurso y se pasa a uno que podríamos llamar
esencial. Una vez que ha mostrado el modo en que los humanos formamos asociaciones que culminan con
la ciudad, concluye que la ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros,
porque el todo es necesariamente anterior a la parte. Y añade que esto es tan evidente que
apartado de la ley y la justicia, el hombre es el peor de los animales y la justicia es cosa de la
ciudad. Es impresionante cómo Aristóteles establece la naturaleza intrínseca de la
ciudad que está ahí para humanizarnos y no sólo para cubrir una serie de necesidades básicas.
La ciudad es, de hecho, el lugar donde aprendemos a usar el lenguaje con más carga significativa,
el lugar en que se puede hablar de lo conveniente, lo justo, lo bueno y lo bello referido a todos.
La ciudad, tanto como la casa, dirá, se constituyen cuando se comparte el sentido de lo bueno y lo
justo. Para ilustrar este discurso en su vertiente genética y esencial, podemos fijarnos en el Señor
de los Anillos. Vemos el nacimiento de una asociación especializada cuando se forma la
comunidad del anillo, cuyo fin es claro y limitado, llevar el anillo al monte del destino para
destruirlo. Esta comunidad está integrada por miembros de todas las razas libres de la Tierra
media. Hobbits, elfos, hombres y enanos liderados por un mago. Es decir, en cierta manera se compone
de hijos de distintas familias. El Señor de los Anillos está lleno de ejemplos de esta comunidad
que llamamos ciudad o sociedad política. Los asentamientos élficos de Rivendell o los Dorien,
los reinos de Gondor y Arnor con su capital en Minas Tirith, el reino de Rohan con capital en
Enedoras. Incluso la comarca puede decirse que es un tipo de sociedad política compuesta por
diversas tradiciones populares. Y lo es porque cumple la función esencial de toda ciudad de
ordenar el espacio y la convivencia en torno a una idea de lo justo. En cierta manera,
tanto Frodo como Sam son hijos de la comarca, pues han heredado el particular etos de esta
comunidad basada en el trabajo agrícola, la prudencia, el valor del hogar y el servicio
incondicional a los amigos. El ejemplo más claro del tipo de comunidad que llamamos familia es el
Hobbit Sam. Los hobbits viven en la comarca, divididos en cuadernas con distintos sistemas
de gobierno. El Zain de la familia Tuck gobierna una parte de la comarca, mientras que los
brandigamos son gobernados por un senado familiar y un patriarca. Sin embargo, su interés social
trasciende estas diferencias y son muy dados a mezclarse entre sí por motivos de negocios,
para organizar alguna fiesta o para celebrar una tertulia. Sus hábitos sociales se encuentran
profundamente arraigados en una visión familiar de la sociedad, en la que los factores diferenciales
se limitan al respeto al propio linaje y al propio patrimonio.
La ciudad, dicho en términos de la filosofía clásica, nos engendra mucho más de lo que
pensamos. Hacia el final de la ética nicómaco, Aristóteles llega a la conclusión de que
la ética individual y la ética comunitaria se necesitan mutuamente. Para ser feliz,
se necesita vivir la virtud, pero a la virtud solo se puede aprender y vivir con plenitud
comunitariamente. Y la sociedad sólo podrá satisfacer estas necesidades si está conformada
por individuos virtuosos. Esta mutua necesidad se traslada también a la lógica personal y
comunitaria que sostiene a la empresa. Al salir de su hogar, la persona se pone al servicio de la
empresa para hacerla prosperar. Esta, a su vez, favorece el desarrollo de los individuos que la
conforman. De este modo, empresa y hogar se distinguen como ámbitos de desarrollo personal
donde cada miembro desempeña dos actividades complementarias que deben ser mutuamente
enriquecedoras, como ocurre en El Señor de los Anillos. Frente al reto empresa de salvar el mundo
por medio de la destrucción del anillo, una comunidad de personas sale de su hogar y se une
para lograr el objetivo. Una vez cumplido el objetivo, vuelven al hogar habiendo crecido,
madurado y con las fuerzas y el aprendizaje necesarios para hacer prosperar la comarca.
De hecho, cada uno de los personajes implicados en la empresa comunitaria volverá a su pueblo
como gobernante. Lo que aprenden en el cumplimiento de la misión enriquece su vida personal,
pero sobre todo permite encontrar sentido pleno al hogar como lugar de descanso, de acogida y de crecimiento familiar
frente a la empresa como lugar de trabajo, de donación personal y de desarrollo social.
Como hemos visto, para comprender la relación esencial entre persona, familia y empresa,
debemos tener en cuenta que, históricamente, existe una progresión natural de la familia a la empresa.
Su unión cobra sentido y plenitud en el seno de otra comunidad.
La ciudad o sociedad política armoniza a familia y asociación especializada.
La ciudad es necesaria para desarrollar nuestra plena humanidad.
Y en la medida en que nos integra en ella, la empresa enriquece a la persona,
fortaleciendo su condición familiar.
Y en tu caso, ¿qué equilibrio existe entre tu familia y tu trabajo?
¿Cuando vuelves a casa te sientes realizado y fortalecido?
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