Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 58 de 107

Conocerse a uno mismo

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CONOCERSE A UNO MISMO - LA VENTANA DEL OTRO

En el diálogo Cármides de Platón, podemos encontrar al maestro Sócrates afirmando que la sabiduría se concreta en la frase «Conócete a ti mismo». Estas palabras se encontraban talladas en el frontón del templo de Apolo en Delfos, junto con otra expresión de sabiduría popular «nada en exceso». Sócrates afirma que esta sabiduría que nos regala la divinidad invita al autoconocimiento; es el saludo que Apolo, dios griego que representaba la belleza, la perfección, la armonía o la razón, entre otras cosas, dirige a aquellos que se acercan a su tempo. En vez de saludarles con un Jaire, ¡Alégrate! Les regalaba este leit motiv vital que invita al devoto a ser sabio, que sería lo mismo que «conocerse a uno mismo».

Ya estos primeros filósofos apuntaban la necesidad de la introspección, del conocimiento personal en todas las dimensiones de la persona, para alcanzar una vida lograda. Quizás, actualmente, comprendemos la introspección centrada exclusivamente a lo psicológico. Sócrates, por su parte, está apuntando a la excelencia de vida, a la areté, a la virtud. Para el griego todo nos lo jugábamos en el conocimiento racional, conocer la propia naturaleza me permitiría distinguir el bien y el mal, lo que me beneficia como ser humano y lo que no, en relación a mi propósito de vida. Para Sócrates, si uno conoce el bien, lo elige y lo consigue, sin embargo, el que escoge el mal es porque es un ignorante. El conocimiento movería la voluntad.

Pero… no siempre es así. ¡Cuántas veces uno, conociendo la mejor opción o el bien que le conviene se descubre eligiendo aquello que no le convenía tanto! No todo se centra en lo intelectual. Tenemos que comprender bien todas las dimensiones del ser humano, cuáles son, qué buscan, qué requieren, y cómo se relacionan unas con otras. Cuánto más comprendamos nuestro ser, mejor podremos identificar lo que nos conviene y, también podremos adelantarnos para suplir nuestras deficiencias.

Hay muchas herramientas a las que podemos acudir para poder «conocernos a nosotros mismos», desde utilizar un DAFO para identificar nuestras debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades en un ámbito concreto de nuestra vida; a realizar tests de caracteriología para comprender nuestros rasgos temperamentales dentro de nuestra personalidad; Podemos encontrar muchas herramientas que nos ayudan a conocernos. Y son muy valiosas, pero siempre sin olvidar cuál es el fin del autoconocimiento, que no es el mero saber-se, sino el conocer-se para poder crecer, madurar y vivir a la altura de nuestra propia humanidad.

Este conocerse podríamos dividirlo en dos bloques: por un lado el conocimiento de nuestra propia naturaleza, qué es ser persona, y aquí acudiríamos a ciencias como la medicina, la psicología, la sociología, la antropología filosófica y la teología. Así tendríamos un conocimiento muy amplio de lo que somos.

Pero por otro lado estaría el conocimiento de mi propia individualidad, de mi unicidad. ¿Quién soy yo? Cada uno de nosotros decimos que somos únicos e irrepetibles. Aunque alguien clonara nuestros genes, no nos replicaría porque somos seres biográficos y libres. Lo que somos hoy es fruto de las circunstancias que nos han rodeado, que hemos vivido, y la respuesta y comprensión que hemos dado a esas circunstancias. Por lo tanto, no existe nadie como tú, eres único, y como tal, lo que tú aportas al mundo, a la Sociedad, a la empresa, tu presencia en la empresa, es única.

¿Cómo me puedo conocer? Estamos rodeados de filosofías orientales que beben del hinduismo y del budismo en las que subyace una concepción del ser humano excesivamente espiritual. Partir de estas corrientes podría derivarnos a un sesgo de la totalidad de la persona donde la dimensión relacional es esencial.

Veamos un ejemplo. Los psicólogos Joseph Luft y Harrington Ingham crearon una herramienta de conocimiento personal con interacción en grupo muy interesante que se conoce como La Ventana de Johari. Esta herramienta es muy conocida y de su aportación han surgido otra muchas como la evaluación 360.

Lo que nos interesa comprender de esta herramienta es que uno no es todo lo que cree ser y que, por un lado, en la relación con los otros hay aspectos que los demás perciben y conocen y que uno es incapaz de ver. El cuarto cuadrante nos indica la grandeza y misterio que encierra una persona porque hay una parte de mí que todavía es desconocida, se me desvelará con el tiempo pero no en su totalidad. Para poder conocerme necesito de los otros. La mirada de los demás sobre nosotros mismos no solo nos puede ayudar a descubrir esa Área ciega que indica la Ventana de Johari, también esa mirada me hace, me forma, me construye. Nuestra dimensión relacional es tan esencial, que este conocerte a ti mismo implica conocer lo que los otros conocen de ti.

Esta necesidad de los otros es cotidiana. Seguro que si indagamos en nuestra vida podemos encontrar ejemplos personales de cómo la mirada de otro sobre nosotros ha sido el gesto posibilitante de mi crecimiento, cuando un familiar, un profesor, un directivo, ha percibido tu capacidad aunque tu mirada fuera mucho más reducida, la visión del otro sobre ti te ha impulsado a desplegar la potencialidad que ni tú mismo conseguías ver.

Lamentablemente, podemos tener ejemplos contrarios en los que la mirada de otros hacia nosotros nos ha empequeñecido.

Si nuestra empresa tiene en el horizonte esta comprensión del ser humano, y cuando digo empresa no hablo simplemente de una estructura, estoy refiriéndome también a un equipo de personas, nos daríamos cuenta de que las relaciones laborales también nos permiten descubrirnos, conocernos por lo que otros ven en nosotros, y superarnos. Cuanto mejor sepa quién soy, mi implicación en el trabajo, pero también en todos los ámbitos de mi vida, estará mejor encauzado porque conozco mis límites, mis fortalezas y lo que quiero alcanzar para vivir mejor según mi propia naturaleza. Y, por supuesto, este conocimiento personal me ayudará a poder liderar mejor mi equipo, porque el conocimiento personal es esencial para poder comprender al otro, descubrir sus potencialidades y crear los cauces necesarios para que pueda, podamos, poner en acto nuestra capacidad.

El punto de partida para alcanzar esa areté, esa vida virtuosa, que Podemos traducirlo como vida lograda, vida plena, vida feliz, requiere «conocerse a uno mismo» con la ayuda de los otros.

Transcripción del vídeo

En las últimas cuatro semanas hemos profundizado en la dimensión antropológica de la empresa,

pero todavía hay mucho que decir sobre el empleado como persona. Comenzamos la quinta

y última semana con una pregunta. ¿Te conoces a ti mismo?

En el diálogo Carmides de Platón, el maestro Sócrates afirma que la sabiduría se concreta

en la frase CONÓCETE A TI MISMO. Estas palabras se encontraban talladas en el frontón del

templo de Apolo en Delfos, junto con otra expresión de sabiduría popular, nada en exceso.

Sócrates afirma que esta sabiduría que nos regala la divinidad invita al autoconocimiento.

Es el saludo que Apolo, dios griego que representaba la belleza, la perfección, la armonía y la

razón, dirige a aquellos que se acercan a su templo.

En vez de saludarles con un jaire, alégrate, les regalaba este leitmotiv vital que invita al devoto a ser sabio en el conocerse a uno mismo.

Este imperativo ha sido cimiento del pensamiento occidental y oriental.

Daniel Goleman, autor de la inteligencia emocional, afirma que es esta enseñanza aplicada,

es decir, darse cuenta de los propios sentimientos en el mismo momento en que estos tienen lugar,

consiste en la piedra angular de la inteligencia emocional.

Los primeros filósofos apuntaban la necesidad de la introspección

para conocer las dimensiones de la persona y así alcanzar una vida lograda.

Sócrates incluso va más allá.

Se pregunta cómo alcanzar la excelencia en la vida, la arete, la virtud.

Para el griego, todo nos lo jugamos en el conocimiento personal.

Conocer la propia naturaleza me permitirá distinguir el bien del mal,

lo que me beneficia como ser humano y lo que no, en relación a mi propósito de vida.

Para Sócrates, si uno conoce el bien, lo elige y lo consigue,

y si alguien escoge el mal, se debe a su ignorancia.

El conocimiento movería la voluntad.

Pero no siempre es así.

¿Cuántas veces, conociendo la mejor opción, la que más nos conviene,

uno se descubre eligiendo lo contrario?

Está claro que no todo depende de lo meramente intelectual.

Por eso hay que comprender todas las dimensiones del ser humano, cuáles son, qué requieren y cómo se relacionan unas con otras.

Así, no solo podremos identificar lo que nos conviene, sino también adelantarnos para suplir nuestras deficiencias.

Podemos acudir a muchas herramientas, desde utilizar un DAFO para identificar nuestras debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades en un ámbito concreto de nuestra vida,

a realizar test de caracterología para comprender nuestros rasgos temperamentales dentro de nuestra personalidad.

Estas herramientas son muchas y muy valiosas, pero siempre sin olvidar que el fin del autoconocimiento

no es el mero saberse, como quien conoce una fórmula matemática o meros datos,

sino el conocerse, como quien entiende la relación, el sentido y la aplicación de esos datos a nuestro crecimiento personal.

Este conocerse podríamos dividirlo en dos bloques.

Por un lado, el conocimiento de nuestra propia naturaleza,

con ayuda de ciencias como la medicina, la psicología, la sociología,

la antropología filosófica y la teología.

Y por otro lado, estaría el conocimiento de mi propia individualidad, de mi unicidad.

¿Quién soy yo?

Cada uno de nosotros decimos que somos únicos e irrepetibles.

Aunque alguien clonara nuestros genes, no nos replicaría,

porque somos seres biográficos y libres. Lo que somos es fácil de resumir, somos personas,

pero quienes somos hoy es en buena medida fruto de las circunstancias que nos han rodeado,

que hemos vivido y la respuesta y comprensión que hemos dado a esas circunstancias. Por lo tanto,

contrariamente a lo que la objetivización del mundo del progreso nos quiere vender,

no existe nadie como tú eres único y como tal lo que tú aportas al mundo a la sociedad a la empresa

tu presencia en la empresa es única y el primero que tiene que darse cuenta de eso eres tú un ejemplo

de esto es la ventana de juari una herramienta de conocimiento personal con interacción en grupo

creada por los psicólogos joseph luft y harrington ingham de su importancia han nacido otras muchas

como la evaluación 360. El área pública es aquello que conozco sobre mí y los demás conocen también

sobre mí. El área ciega, aquello que los demás conocen pero yo no. La oculta se corresponde con

lo que únicamente conozco yo de mí mismo y no cuento a los demás. Y el área desconocida equivale

a lo que ni los demás ni yo mismo conocemos sobre mí. Lo que nos revela esta herramienta es que uno

no es todo lo que cree ser y que en la relación con los otros hay aspectos que los demás

perciben y conocen y que uno mismo es incapaz de ver. El cuarto cuadrante nos indica la grandeza

y misterio que encierra una persona, porque hay una parte de mí que todavía es desconocida. Se

me desvelará con el tiempo, pero no en su totalidad. Para poder conocerme necesito a los

otros. La mirada de los demás sobre nosotros no solo nos puede ayudar a descubrir ese área ciega

que indica la ventana de Juari, también esa mirada me hace, me forma, me construye.

Nuestra dimensión relacional es tan esencial que este conocerte a ti mismo

implica conocer lo que los otros conocen de ti.

Si indagamos en nuestra vida cotidiana, podemos encontrar ejemplos preciosos o personales

de cómo la mirada de otros sobre nosotros ha sido el gesto que ha hecho posible mi crecimiento.

Cuando un familiar, un profesor, un directivo ha percibido tu capacidad aunque tu mirada fuera

mucho más reducida, la visión del otro sobre ti te ha impulsado a desplegar la potencialidad que ni

tú mismo conseguías ver muchas veces. Recordemos cuando en la novela de El Hobbit de Tolkien o en

la adaptación al cine de Peter Jackson, el mago Gandalf el Gris ve en Bilbo, el protagonista,

lo que nadie, ni siquiera él mismo, se imagina que sería capaz de hacer. O cuando en la serie

Gambito de Dama el conserje le hace notar a la niña su gran talento para el ajedrez y le confiesa

a decir verdad eres asombrosa. Si nuestra empresa y equipo de trabajo tienen en el horizonte esta

comprensión del ser humano nos daremos cuenta de que las relaciones laborales también nos permiten

descubrirnos por lo que otros ven en nosotros y superarnos.

Aunque soy un ser en constante cambio y un misterio inagotable, puedo conocerme a mí.

Cuanto mejor sepa quién soy, mejor me implicaré en el trabajo y en todos los ámbitos de mi vida.

Conoceré mis límites, mis fortalezas y lo que quiero alcanzar para vivir mejor según mi propia naturaleza.

Y por supuesto, este conocimiento personal me ayudará a poder liderar mejor mi equipo.

El conocimiento personal es esencial para comprender al otro, descubrir sus potencialidades y permitir que pueda, que podamos poner en acto nuestra capacidad.

Buscar momentos de reflexión y de silencio resulta fundamental para lograr que aquellas

cosas que los demás nos revelan sobre nosotros mismos puedan encontrar resonancia en nuestro

interior. Busca tiempo para preguntarte ¿por qué me ha impactado tanto determinada experiencia? ¿por

qué me he conmovido? ¿por qué he reaccionado así? ¿qué quise decir con eso? ¿cómo pude haberme

expresado mejor? ¿Qué fue lo que más me gustó? Reflexionar sobre tu presente. ¿Qué es lo más

importante para mí? ¿Dónde pongo el acento? ¿Estoy verdaderamente presente? Así como tu futuro. ¿Qué

quiero lograr con esto? ¿Cómo quiero ser recordado el día de mañana? En definitiva, el punto de

partida para alcanzar esa arete, esa vida virtuosa, vida lograda, vida plena, vida feliz, requiere

conocerse a uno mismo con la ayuda de los otros. Como hemos visto, el conocimiento de uno mismo es

necesario para alcanzar una vida plena. Esto requiere conocer y comprender la relación entre

mi naturaleza humana en toda su integridad y mi identidad única y personal en toda su individualidad.

En este recorrido, la relación con los demás puede ser extremadamente enriquecedora. En la

relación con mi equipo de trabajo, así como en los demás ámbitos de mi vida, la mirada del otro me

ayuda a descubrirme cómo soy. En este sentido, conocer mis límites y potencialidades con ayuda

de los demás puede hacer de la empresa un lugar en el que realizarme plenamente y alcanzar la arete.

¿Te habías planteado ya si tu trabajo te sirve para conocerte mejor a ti mismo? ¿O crees que son

aspectos que deberían permanecer separados? ¿Has aprendido algo de ti mismo que desconocías

gracias a tu equipo? ¿Y de tus compañeros?

Gracias por ver el video.

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