Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 94 de 107

La importancia de delegar

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Transcripción del vídeo

¿Qué es la vida?

En la vida, quien no delega no progresa. Se convierte en esclavo de sus responsabilidades.

No delegar supone frenar nuestro propio desarrollo y el de los que nos rodean.

En definitiva, frenamos la evolución del equipo en el que trabajamos y el de la propia empresa.

Por lo general, no delegan las personas que por carencias en su formación humana y o profesional sienten miedo de ser desplazados en sus responsabilidades o privados de ciertos reconocimientos.

También puede ocurrir simplemente porque se desconoce la importancia capital del acto de la delegación en la evolución de toda empresa.

La persona que no delega no se da cuenta de que no solo está perjudicando a los demás,

sino que suele estar cavando su propia tumba profesional.

En primer lugar, porque ninguna empresa puede permitirse por mucho tiempo el riesgo de que tareas importantes o muy importantes dependan de una sola persona.

Pero todavía más importante, porque no delegando tareas que yo domino, no libero mi propio tiempo para poder seguir creciendo.

para intentar llegar a dominar otros ámbitos quizás más complejos y de mayor responsabilidad.

Delegar exige siempre humildad y un ejercicio de confianza. Humildad para admitir que no somos

ni debemos ser imprescindibles. Confianza en que estas personas en las que delego no harán las

cosas exactamente igual que yo, pero las harán. Y, sorpresa, muchas veces lo harán mejor o mucho

mejor. Delegar no quiere decir de ninguna manera desentenderse. Delegar de verdad requiere conocer

suficientemente a las personas en las que se delega, formarlas, acompañarlas en el camino y

finalmente confiar en ellas, soltar las riendas. Delegar es otra forma de cruzar el Rubicón,

audacia y valentía para enfrentarnos a nuevos retos. En un artículo publicado hace algunos años

en el periódico Financial Times, su autor enumeraba una lista de síntomas que pueden servirnos para

saber si sabemos o no delegar. Realmente son síntomas de que no sabemos delegar. A raíz de

ese análisis, en otro artículo posterior que se publica en la web del IES, se relacionan los

síntomas mencionados con diferentes competencias morales o virtudes necesarias para una buena

dirección. Yo diría que no sólo para una buena dirección, sino para una buena convivencia, sea

desde la responsabilidad de la dirección o no. En relación a las personas que trabajan contigo,

el que no delega generalmente no transmite ideas ni preocupaciones. Probablemente te consideren,

si no delegas, poco accesible y carente de una mentalidad abierta. Sufres, por lo general,

una rotación elevada en tu equipo. Puede ser que no sientan la motivación para trabajar contigo.

Otro síntoma de no saber delegar es en relación al trabajo en equipo. Tratas a todos por igual,

sin ser capaz de identificar lo que hace única a cada persona. Tomas cualquier éxito o fracaso

de la empresa como propio. Todo eso significa que no sabes delegar. Y tiene que ver con la justicia,

la virtud de la justicia, dar a cada uno lo que le corresponde, que incluye evitar que los

colaboradores se sientan minusvalorados y desmotivados para el trabajo. Otra virtud es la de la confianza.

No confías, si no sabes delegar, no confías en que los demás pueden hacer el trabajo tan bien o mejor que tú.

O la virtud del respeto relacionada con la justicia y es también debido al reconocimiento a la dignidad humana.

Una actitud inaccesible y cerrada a las personas sin reconocer las diferencias personales y el carácter único de cada persona

no es suficientemente respetuosa con la dignidad humana.

Si no delegas es porque piensas que depende de ti la solución de cualquier problema.

Cuando las cosas no funcionan, tu reacción es controlar todavía más el trabajo.

Cuidado y desarrollo de las personas es lo que tienes que analizar.

El temor a delegar, como hemos visto, lleva a un menor desarrollo de las personas.

Por el contrario, acciones formativas adecuadas pueden proporcionar a los colaboradores mayores posibilidades

para poder delegar en ellos con éxito.

Aquí llega la virtud de la humildad, sentirse tan imprescindible y central en el negocio,

pensar que todo depende de uno mismo, es una manifestación de soberbia.

La virtud de la humildad contrasta con la soberbia y la arrogancia,

por ayudar a buscar la verdad sobre uno mismo y a no sobrevalorarse en exceso.

Hablemos de los estados de ánimo.

Si tu estado de ánimo es bajo, cayendo incluso en la depresión o ansiedad,

que sientes abrumado por la responsabilidad es que no estás delegando. Y tiene mucho que ver con la

virtud de la templanza, virtud que ayuda a disfrutar del trabajo sin caer en el mal humor, la angustia o

la depresión, sin ser esclavo del trabajo. Hablemos de vida de familia, si no sabes desconectar del

trabajo y eso afecta negativamente a tus relaciones de familia no estás delegando. Y relacionémoslo

con la virtud de la fortaleza, saber cortar con las preocupaciones empresariales al llegar a casa

implica fortaleza y es una necesidad para poder tener una vida completa.

Saber pedir ayuda, el que no delega no pide ayuda,

te cuesta pedir ayuda, tu rasgo dominante es la autosuficiencia

y esto tiene que ver con la virtud de la prudencia,

ponderar las decisiones y lo que se puede delegar y pedir ayuda

son manifestaciones de prudencia, conocida también como sabiduría práctica.

Delegar es progresar, delegar es absolutamente necesario

para ti y para tu empresa. No delegar supone un perjuicio para todos y delegar supone una

oportunidad para progresar y además el hecho o la acción de delegar supone poner en práctica

múltiples virtudes.

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