Importancia del sentido

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IMPORTANCIA DEL SENTIDO - EL SENTIDO DEL SENTIDO
Ante una realidad que no conocemos, el ser humano pregunta, de forma natural, qué es eso, qué es esa cosa. La pregunta sobre el qué es algo, es una pregunta que quiere responder al por qué existe. Comprender el sentido de algo nos permite relacionarnos adecuadamente con esa realidad y ampliar las posibilidades que esa realidad me ofrece.
Descubrir y conocer el fin de una realidad es muy importante, ya que nos marca la dirección de nuestra acción (hacia dónde, qué hay que alcanzar) y también la perfección, la realización de esa realidad (qué está llamada a ser).
Ya desde la Antigüedad los primeros filósofos griegos, los presocráticos, se preguntaron por el origen y principio de todas las cosas, buscando una sola explicación necesaria de todas las cosas, aquello que explicara el origen y fundamento de toda la realidad. Lo llamaban el "arché".
En este corto vídeo se explica el arché como búsqueda de sentido, y su diferencia con la physis:
Te proponemos también estos dos poemas de Jorge Luis Borges, poeta admirador de Heráclito, uno de los presocráticos. Los poemas tratan de expresar el cambio, del que Heráclito hacía fundamento de la realidad:
Heráclito
Heráclito camina por la tarde
De Éfeso. La tarde lo ha dejado,
Sin que su voluntad lo decidiera,
En la margen de un río silencioso
Cuyo destino y cuyo nombre ignora.
Hay un Jano de piedra y unos álamos.
Se mira en el espejo fugitivo
Y descubre y trabaja la sentencia
Que las generaciones de los hombres
No dejarán caer. Su voz declara:
“Nadie baja dos veces a las aguas
Del mismo río”. Se detiene. Siente
Con el asombro de un horror sagrado
Que él también es un río y una fuga.
Quiere recuperar esa mañana
Y su noche y la víspera. No puede.
(….)
J. L. Borges
Son los ríos
Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua, no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo cambia
en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.
J. L. Borges
Ahora bien, esa búsqueda del principio de las cosas nos lleva a preguntarnos, tras Aristóteles, por la causa de las cosas. Como veíamos en el vídeo de Motor y motivación, Aristóteles distingue entre cuatro causas (Aristóteles, Metafísica, I, 3, 983a 25–983b y V, 2, 1013a 20–1013b) de cada realidad:
Causa material: aquello de lo que está formada una sustancia. Por ej., la madera y acero de nuestro piano.
Causa formal: aquello que hace que una cosa sea lo que es y que le diferencia de otras cosas, su verdadera esencia. Por ej., ser un instrumento musical que funciona por pulsación y vibración de cuerdas a través de un mecanismo de teclas.
Causa eficiente: es la actividad por la que se produce la cosa, que en nuestro ejemplo es el diseño y trabajo de la Casa Steinway & sons.
Causa final: es el fin, el objetivo, el motivo por el que se ha hecho la cosa. En nuestro ejemplo: para ser tocado virtuosamente.
La causa final es la que nos permite comprender el sentido, lo que a su vez nos habilita para relacionarnos adecuadamente con esa realidad. Un piano como un mero objeto decorativo puede ser estético, pero el piano no está siendo aquello para lo que se ha construido. Solo cuando alguien abre su tapa y entra en relación con él sacando toda su potencialidad, hay un orden, y se alcanza una perfección en nuestra relación con esa realidad.
Incluso podríamos decir que, comprender el fin, el sentido de algo, nos permite ampliar las posibilidades que esa realidad me ofrece. Descubrir y conocer el fin de una realidad es esencial, ya que nos marca la dirección de nuestra acción (hacia dónde, qué hay que alcanzar) y también la perfección, la realización de esa realidad (qué está llamada a ser).
Así, el fin es lo primero en la acción humana: conocer el objetivo, el fin, el propósito. Cuanto más claro sea aquello que queremos alcanzar, mejores decisiones y opciones tomaremos. Nuestras acciones estarán orientadas hacia ese fin.
FICHA DE PUNTOS CLAVE
A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.
Transcripción del vídeo
Ya hemos visto que esta semana estará dedicada al fin de la empresa. Pero antes deberíamos
plantearnos otra pregunta. ¿Por qué es importante conocer el fin de las cosas? La respuesta es que
el fin determina el sentido de cada cosa. Pero la duda sigue ahí. ¿Qué sentido tiene
preguntarse por el sentido? Ante lo desconocido, el ser humano se pregunta por su naturaleza.
Y al preguntarse qué es esto, en realidad está preguntando por qué existe.
Esto es algo que ocurre con todo lo que rodea al hombre, desde las cosas más pequeñas hasta
la realidad misma en la que vive. El hombre se pregunta el por qué.
Un caso emblemático de esta búsqueda del porqué de las cosas es el de los filósofos
presocráticos, los primeros filósofos de la historia. Los presocráticos no se preguntan
qué son las cosas, sino cuál es su origen o de qué están hechas. Es lo que ellos llaman
argeo-principio, no un principio entendido como comienzo, sino como explicación necesaria de las
cosas. Así, por ejemplo, para Tales de Mileto, el agua es el principio radical del que están hechas
todas las cosas y que explica el cambio y la permanencia de todos los seres. Se trata, por lo
tanto, de un principio de orden que da sentido a la realidad. Esta búsqueda de la causa o del
principio que explicara y diera sentido a toda la realidad articula todo el pensamiento anterior a
Sócrates. Además del agua, se investiga el fuego, el aire, la tierra, los cuatro elementos
a la vez, los átomos, los números… siempre en busca de una clave que diera sentido al
universo.
Como os explicó en vídeos anteriores, Aristóteles distingue cuatro causas que explican la realidad.
La causa material, la causa formal, la causa eficiente y la causa final. Cada una corresponde
a una pregunta sobre el porqué de ese objeto. La causa material responde a aquello de qué
está hecho, la formal a su diseño, la eficiente al cómo se ha hecho, las herramientas, las técnicas,
el modo, etc. Y la final a su propósito, el para qué de esa cosa en particular. Por ejemplo, si nos
preguntáramos qué es un piano, al verlo por primera vez, podríamos contestar con cualquiera
de sus causas. Es un objeto hecho de madera, cuerdas tensadas de distinto grosor, ancladas
a unas teclas que emiten sonidos cuando se pulsa. El armazón es de roble, el mecanismo es de madera
de peral y las teclas de madera de tilo, pero también tiene acero fundido para la estructura
y las cuerdas son de alambre de acero. Encontramos también fieltro para los macillos de cada tecla.
Podríamos decir igualmente que es un objeto compuesto de 88 teclas, 35 negras más estrechas
y 53 blancas más anchas, cada tecla activa una cuerda tensada que emite una vibración distinta
según su posición y que reproducen en su conjunto una variedad de sonidos correspondiente a siete
octavas, son las notas de do a do, hasta ocho veces. Podemos encontrar este mecanismo acogido
en un formato de cola, o sea, los famosos pianos de cola, los pequeñitos colín, media cola,
tres cuartos de cola o gran cola o verticales o de pared. Otra posible respuesta sería explicar
que se construyó en la casa de pianos Steinway & Sons de Nueva York y que este modelo en concreto
lo hizo el famoso, el mismísimo Heinrich Steinweg. La fábrica de Steinweg estaba en Alemania y se fue
a Estados Unidos y se cambió el nombre por Steinway. Weg es camino en alemán, Stein mantuvieron la
palabra piedra en alemán y ahora son famosísimos los Steinweg. Pero también quedan del siglo XIX
los Steinbeck. Pero ninguna de estas explicaciones saciarán nuestra curiosidad. Y sin embargo,
las tres son verdaderas. ¿Qué nos falta entonces? ¿Qué es lo que realmente queremos saber?
Hasta que no veamos el potencial del instrumento en todo su esplendor,
no entenderemos su propósito, su fin, su sentido. Es decir, interpretar una melodía. Sin música no
tiene sentido que el piano exista. Comprender el sentido de algo nos permite relacionarnos
adecuadamente con esa realidad. Un piano como objeto decorativo puede ser estético, pero no
será aquello para lo que se ha construido. Podemos utilizarlo para colocar libros encima, flores,
tapar una mancha en la pared… Le podemos dar muchos usos. Pero cuando alguien abre su tapa
y entra en relación con él sacando toda su potencialidad, lo que sucede es mucho más grande.
Hay un orden, una perfección en esa realidad.
Podríamos trasladar esta pregunta a la empresa y decir que su finalidad consiste en generar beneficios.
Pero esto supondría reducir sus posibilidades.
La finalidad de una empresa no se limita a ese único fin.
Esto es lo crucial.
Si no conocemos el fin de una realidad, jamás podremos orientar nuestra acción a alcanzarlo.
Por eso, el fin es lo primero en la acción humana.
Si el sobrepeso, por ejemplo, me produce un problema cardiovascular y mi médico me insiste
en que debo cuidarme, tomaré la decisión de perder unos kilos. En función de ese objetivo,
ordenaré mis comidas, mi horario, mis hábitos, pero si no tuviera claro que adelgazar mejora
mi salud, no podré tomar decisión alguna porque no sabré hacia dónde dirigirme. La medida en que
me aproxime a ese fin me indicará el grado de perfección alcanzado. Cuando hablamos de perfección,
hay que entenderlo en su sentido original. Perfecto significa acabado, terminado, aquello a lo que no
se le puede añadir ni quitar nada. Esto se aprecia en otros ejemplos cotidianos, como un libro que
solo alcanza su sentido cuando es leído, no cuando se limita a decorar una biblioteca. O con nuestro
piano que solo alcanza su sentido cuando es tocado virtuosamente, no cuando sirve de mueble o es
maltratado, aporreado.
Lo mismo ocurre con una tarta.
Por muy bonita que sea la vista,
está hecha para ser degustada.
Muchas obras de arte fueron creadas para la contemplación religiosa
y no para el consumo turístico.
De hecho, la realización del potencial artístico de una obra
depende de la persona que la contempla
y de la relación que ésta establezca con ella.
Esta pregunta se extiende también a nuestra propia existencia.
Podemos darnos muchas respuestas,
pero solo la que ilumina nuestro fin
nos permitirá ordenar nuestra vida. Sin un sentido claro de nuestra vida no podremos orientar acciones.
Podemos ver un ejemplo de esto en una obra de literatura muy conocida, Las aventuras de Pinocho,
de Carlo Collodi. Esta obra fue publicada con el subtítulo Historia de un Buratino, es decir,
Historia de un títere. Este título explicita más el drama del protagonista. Como todos sabéis,
la obra narra cómo el humilde Gepetto, carpintero, está solo. Su mayor deseo ha sido tener un hijo.
Un día se le ocurre tallar con sus propias manos una marioneta en madera con la genialidad de que
parece un niño de verdad. Mágicamente esta talla cobra vida y ese títere es un niño muy travieso
y desobediente que, fascinado por las cosas que el mundo ofrece, se aleja de su padre creador.
Toda la obra va narrando las peripecias de este niño, que en el fondo es un títere en manos de las personas con las que se va encontrando.
No sabe hacia dónde ir, porque en el fondo no sabe quién es ni para qué existe.
Solo cuando se reencuentra con Gepetto y descubre que es hijo, es cuando empieza a ser verdaderamente libre
y a decidir qué hacer a pesar de las nuevas tentaciones que le salen al encuentro.
Y gracias a saberse hijo, acaba transformándose en un niño de verdad.
La familia, la política, el estudio, los impuestos, un juego… Comprender el sentido
no solo de la propia existencia, sino de todas las cosas con las que nos encontramos, nos
permite relacionarnos mejor con la propia realidad. El sentido ilumina nuestro actuar.
La pregunta por el sentido, como hemos visto, es clave para saber cómo queremos actuar
en la vida. Lo mismo ocurre con el fin de la empresa.
¿Te has preguntado alguna vez cuál es el fin de tu empresa?
¿Crees que influye en la relación con tu equipo y en tu desarrollo profesional?
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