Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 49 de 107

Los dos fines de la empresa

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IRA FICHA DE PUNTOS CLAVE

LOS DOS FINES DE LA EMPRESA

CALIFICA LA CLASE

Este vídeo sirve de conclusión de este bloque, y de introducción a los dos siguientes. Los fines de la empresa responden a dos realidades. En primer lugar, a la realidad económica y su impacto en las personas dependientes de la empresa. A esto lo llamamos el fin personal de la empresa: la dependencia, sustento y enriquecimiento de empresario, trabajadores, proveedores, clientes, familias, etc. Sin embargo, a este fin propio, que se encarna en una relación individual empresa-persona, debemos añadir un fin social de la empresa. Más allá de los vínculos personales que la empresa nutre, la empresa afecta a las vidas, el enriquecimiento, trabajo, labor y explotación de recursos de la comunidad en que está inserta, en infinidad de maneras.

En el mundo contemporáneo, la empresa ha llegado a ser el lugar natural en que los seres humanos participan, con su trabajo, de la vida económica de sus comunidades. El amplio margen de tiempo que invertimos en las empresas en que trabajamos, así como el esfuerzo y dedicación que ponemos en ello, manifiestan hasta qué punto la actividad empresarial no puede presentarse como neutra desde el punto de vista de sus efectos.

En este sentido, el ámbito de la economía empresarial, a medio camino entre la vida personal y familiar, y la vida política de los pueblos, además de su finalidad directa (la producción de bienes o la prestación de servicios con ánimo lucrativo) no debemos perder de vista dos fines intrínsecos a toda actividad humana.

- Por una parte, como veíamos en la introducción al Programa, las empresas no son maquinarias automatizadas. No están compuestas por engranajes, sino por personas, y no se puede obviar el dinamismo propio de toda vida humana: la empresa es lugar de y para personas. Un lugar de trabajo en condiciones, así como un ambiente que propicie la cooperación y el espíritu corporativo, son elementos fundamentales. El anonimato en el puesto de trabajo solo puede conducir a que los miembros del equipo se sientan como piezas sustituibles de un mecanismo que no comprenden. Y, por supuesto, es necesario tener presente que la amistad que une a las personas en una empresa es una amistad del género de la utilidad, lo que implica que el reconocimiento del mérito y el esfuerzo ha de tener una traducción en términos económicos.

En definitiva, las empresas más sostenibles son aquellas que, en lugar de desconocer, reconocen los fines propios de sus miembros. En palabras de Gustave Thibon:

“El fin supremo de la economía -casi da vergüenza enunciar algo tan evidente- es lograr que todos los hombres obtengan el máximo de utilidades económicas”

Gustave Thibon, La solución social (2011), p. 88

- Por otra parte, la empresa no puede tampoco ignorar el lugar que ocupa dentro del orden político en el que se enmarca su actividad. La lógica del beneficio a toda costa ha demostrado ser absolutamente ineficiente, puesto que arrasa el ecosistema en que se desenvuelve la propia vida empresarial. Importa recordar que la economía constituye en sí misma un ámbito dentro de la ética. Así, es necesario tener muy presente a qué bien común contribuye la actividad empresarial que se está desarrollando, y qué impacto puede tener una mala praxis. El compromiso de las empresas con el desarrollo de las comunidades políticas en que se incardinan es uno de los retos de nuestro tiempo.

Así, la comunidad humana, como señala Aristóteles en su Política, no es un simple mercado, ni tampoco un campamento militar. Porque el fin que mueve naturalmente a los seres humanos a vivir en ciudades no es únicamente la seguridad, tampoco la mera posibilidad de los intercambios comerciales, sino que aquel fin es la felicidad común, lo que Aristóteles llama la vida buena, o el bien vivir. La empresa debe respetar el ecosistema en que se desarrolla la vida humana, su vida familiar, su participación en la cultura y los avances científicos, la vida interior, etc. Son fines que trascienden a la empresa, como cuerpo asociativo, pero que no puede desconocer sin riesgo para su propia existencia. Como decía Thibon:

“la solución que queremos proponer (la solución social que su obra lleva por título) consistirá ante todo en volver a las leyes de la vida, en adaptar los logros de la civilización a las exigencias fundamentales de la naturaleza humana. Esta naturaleza nuestra tiene sus reglas y sus inviolables limitaciones y el que quiera dominarla debe primero obedecerla”

Gustave Thibon, La solución social (2011), pp. 64-65

Como ya vimos en el vídeo de Organigrama, el cónsul romano Agripa Menenio Lanato , con ocasión de la huelga entre trabajadores y ricos en la antigua Roma, formuló una metáfora que ayudó a ambos a recuperar la concordia. La vida común es como un cuerpo con distintos órganos, y contó la siguiente historia:

“La primera vez no todo estaba en armonía en la naturaleza del hombre tal como es ahora: Cada miembro tiene su propia voluntad y su propia lengua. Todos los miembros del cuerpo se quejaban que todos sus afanes, y todos sus servicios eran solo para servir al estómago. Hubo una verdadera conspiración. "Si el perezoso estómago", dijeron, "muriere, ya no trabajaríamos más". Así que de acuerdo todos, las manos ya no llevaron comestibles a la boca, los dientes ya no masticaban. "Por lo tanto, el estómago, será conquistado por el hambre", dijeron. Pero lo que ocurrió es que las fuerzas de todo el cuerpo se debilitaron. De esta forma aprendieron rápidamente que el estómago no es ocioso e inútil; así como él mismo puede alimentar, él mismo era un seguidor del conjunto. De esta forma el hombre es a las fuerzas por el que vive y prospera a través de la silenciosa labor del estómago”.

(Tito Livio, Ab Urbe condita, Libro II, 2.32 )

Puedes profundizar en su historia aquí: La Fábula de Menenio Agripa en Tito Livio.pdf

Análogamente, una empresa tiene un fin en sí mismo para sus trabajadores y propietarios, pero debe de comprender que es un órgano dentro del cuerpo social y que por lo tanto, no puede sobrevivir por sí sola. Movida únicamente por aumentar sus salarios, bonus o dividendos perdería su engarce y sentido con el cuerpo al que pertenece y sirve. Servir aquí no es una mera palabra de carácter moral, sino una realidad económica muy concreta: si una empresa no sirve a la sociedad, no le aporta valor, entonces deja de tener sentido y desaparece (con la consiguiente pérdida de rentas salariales y beneficios empresariales). Por ello, debemos entender que lo bueno para el hígado, es muy probablemente, lo bueno para el cuerpo al que pertenece y viceversa.

El problema del bien común, por tanto, es comparable al problema de la amistad. La amistad es lo contrario del obrar por interés, dice Aristóteles. Se da entre iguales, y en la medida en que requiere la comunidad de intenciones y deseos, supone “hombres buenos” que obran racionalmente, o conforme a la recta razón o bien. Por el contrario,

“los malos no pueden concordar excepto en pequeña medida, como tampoco ser amigos, porque en los beneficios aspiran alcanzar más de lo que les corresponde, y se quedan rezagados en los trabajos y servicios públicos. Y como cada uno desea estas cosas para sí, critica y pone trabas a su vecino, y si no se atiende a la comunidad, ésta se destruye” (Aristóteles).

En otras palabras, la subsistencia de la sociedad requiere la coherencia de las acciones entre los individuos que la conforman, y ésta es posible en la medida en que son virtuosos. En cambio, el conflicto permanente la desintegra. Por ello, una empresa que sólo buscase su fin propio o personal, terminaría por perder su valor y sentido social. Si por el contrario, sólo atendiera a lo común, perdería su ser y acabaría también desintegrada. Por ello, el fin de la empresa debe comprenderse de modo dual, como fin personal y social, y el personal debe de entenderse dentro del fin social que da sentido a todas las partes del cuerpo social.

FICHA DE PUNTOS CLAVE

A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.

Transcripción del vídeo

En este bloque hemos podido profundizar en los aspectos clave del fin empresarial.

El sentido, el motivo fundacional, la comunidad, lo público y lo privado,

la diferencia entre beneficio crematístico y beneficio económico,

el impacto social de la empresa y los tipos de dependencia.

Para terminar esta parte del curso vamos a hablar del doble fin de la empresa.

¿Cuál es? ¿En qué se basa?

Y sobre todo, ¿cómo determina el fin de una empresa?

En el mundo contemporáneo, la empresa ha llegado a ser el lugar natural en que los seres humanos

participan con su trabajo de la vida económica de sus comunidades. El amplio margen de tiempo

que invertimos en las empresas en que trabajamos, así como el esfuerzo y dedicación que ponemos

en ello, manifiestan hasta qué punto la actividad empresarial no puede presentarse como neutra

desde el punto de vista de sus efectos. El ámbito de la economía empresarial no debe perder de vista

dos fines intrínsecos a toda actividad humana. Por una parte debemos tener presente que las

empresas no son maquinarias automatizadas, no están compuestas por engranajes sino por personas

y no se puede obviar el dinamismo propio de toda vida humana. Es necesario cuidar la ecología en

la que se desenvuelve la vida personal en términos de auténtica biografía y no de

pura biología. Un lugar de trabajo en condiciones, así como un ambiente que propicie la cooperación

y el espíritu corporativo, son elementos fundamentales. El cuidado y promoción de

una carrera profesional con hitos en el camino puede contribuir sin duda a una cultura del

esfuerzo y de recompensa del mérito. Si no hay objetivos que alcanzar o los objetivos no resultan

nada motivantes, se entra en el desánimo. Pero el mismo resultado se produce si los objetivos se

presentan como absolutamente inalcanzables. Y por supuesto es necesario tener presente que la

amistad que une a las personas en una empresa es una amistad del género de la utilidad, lo que

implica que el reconocimiento del mérito y el esfuerzo ha de tener una traducción en términos

económicos. En definitiva, las empresas más sostenibles son aquellas que, en lugar de desconocer,

reconocen los fines propios de sus miembros. En palabras de Gustave Thibault, el fin supremo de

la economía, casi da vergüenza en un cia algo tan evidente, es lograr que todos los hombres

obtengan el máximo de utilidades económicas. Por otra parte, la empresa tampoco puede ignorar

el lugar que ocupa dentro del orden político en el que se enmarca su actividad. La lógica

del beneficio a toda costa ha demostrado ser absolutamente ineficiente, puesto que arrasa

el ecosistema en que se desenvuelve la propia vida empresarial. El compromiso de las empresas

con el desarrollo de las comunidades políticas en que se incardinan es uno de los retos de nuestro tiempo.

La comunidad humana, como señala Aristóteles en su política, no es un simple emborcado ni tampoco un campamento militar,

porque el fin que mueve naturalmente a los seres humanos a vivir en ciudades no es únicamente la seguridad,

tampoco la mera posibilidad de intercambios comerciales, sino que es aquel fin que es la felicidad común.

lo que Aristóteles llama la vida buena o el bien vivir, el vivir bien.

Como veremos en futuros vídeos, no es el ocio el que está ordenado al trabajo,

sino por el contrario, el trabajo el que está ordenado al ocio.

Y se referían a él como el no ocio, nec otium, es decir, el negocio.

El ocio, en el mundo romano, no era sinónimo de tiempo libre para no hacer nada,

sino que incluía todas aquellas actividades ordenadas al bien común y al conocimiento

que nos proporcionan una vida plenamente humana.

No es el ocio el que está ordenado a que podamos ser más eficientes en el trabajo,

sino el trabajo el que está ordenado al ocio.

La empresa debe respetar el ecosistema en que se desarrolla la vida humana,

su vida familiar, su participación en la cultura y los avances científicos,

la vida interior, etc. Son fines que trascienden a la empresa como cuerpo asociativo, pero no

puede desconocerse sin riesgo para su propia existencia.

Como decía una vez más Gustav Thibault, la solución que queremos proponer, es decir,

la solución social que su obra lleva por título, consistirá ante todo en volver a

las leyes de la vida, en adaptar los logros de la civilización a las exigencias fundamentales

de la naturaleza humana. Esta naturaleza tiene sus reglas y sus inviolables limitaciones

y el que quiera dominarla debe primero obedecerla. Se cuenta que el cónsul romano Menenio Agripa,

como vimos también en capítulos anteriores, nos ofrece una gran reflexión acerca de la unidad

del cuerpo social. Tenemos el famoso discurso que nos describe Tito Livio en su historia de Roma,

cuando ante una rebelión de los plebeyos, el senado romano envió al excónsul Agripa,

Menenio Lanato, también de origen plebeyo, a mediar entre plebeyos y patricios. Menenio

les convenció con una fábula, mostrando cómo las discordias internas entre las partes del cuerpo

solo llevan a su autodestrucción. Les contó Menenio que cuando las partes del cuerpo humano

vivían aún separadas, se indignaron todos contra el vientre, acusándolo de que vivía a costa del

resto y como castigo decidieron dejar de alimentarlo. Ni las manos, ni la boca, ni los dientes

le llevarían ningún tipo de comida. Sin embargo, matando de hambre al vientre se debilitaron

todos, haciéndose evidente que el vientre no es un holgazán y que su función de distribuir

equitativamente por las venas todo lo que recibe era vital para todos los miedos.

Análogamente, una empresa tiene un fin en sí mismo para sus trabajadores y propietarios,

pero debe comprender que es un órgano dentro del cuerpo social y que por lo tanto no puede

sobrevivir por sí sola. Movida únicamente por aumentar sus salarios, perdería su engarce con

el cuerpo al que pertenece y sirve. Servir aquí no es una mera palabra de carácter moral, sino una

realidad económica muy concreta. Si una empresa no sirve a la sociedad, no le aporta valor, entonces

deja de tener sentido y simplemente desaparece. En este sentido el problema del bien común es

similar al de la amistad que según Aristóteles es lo contrario de hablar por puro interés,

como también hemos visto anteriormente. La amistad es un elemento imprescindible de la

vida humana, incluso de la economía. El fundamento del mercado, si se piensa bien,

reside en la natural amistad entre los hombres. ¿Por qué? Por la necesidad de creer los unos en

los otros es lo que llamamos el dinamismo de la confianza mutua. Aristóteles, en cambio,

siempre tuvo muy claro que el verdadero fundamento de la comunidad política, la comunidad humana,

es la natural amistad entre sus miembros. En palabras del filósofo, parece evidente que todas

las sociedades son parte de la asociación política y que son tales clases de amistad las que responden

a tales clases de asociación. De esta asociación, diría Aristóteles, no pueden participar los

hombres que no estén movidos por la virtud. Dice Aristóteles, los malos no pueden concordar

excepto en pequeña medida, como tampoco ser amigos, porque los beneficios aspiran a alcanzar

más de lo que les corresponde y se quedan rezagados en los trabajos y servicios públicos.

Y como cada uno desea estas cosas para sí, critica y pone trabas a su vecino, y si no se atiende a la comunidad, ésta se destruye.

La subsistencia de la sociedad requiere la coherencia de las acciones entre los individuos que la conforman,

pero ésta solo es posible en la medida en que son virtuosos.

Por eso, una empresa que solo busque su propio fin, perderá su valor y sentido social.

y si al contrario solo atiende a lo común, perderá su ser y también desaparecerá.

El fin personal debe entenderse dentro del fin social,

que da sentido a todas las partes del cuerpo social.

La empresa es el lugar de hecho del hombre contemporáneo.

El negocio se supedita al ocio.

La utilidad del cuerpo social es el fundamento de la unidad de los dos fines de la empresa.

Gracias.

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