Mi hacer en la empresa: reflejo de mi misión

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Transcripción del vídeo
Aunque la sesión pasada ya habíamos hablado de la confluencia entre el empleado y la empresa,
merece la pena detenernos en la misión individual, el hacer del empleado.
¿Cómo podemos aproximarnos a nuestra actividad particular en el marco de la empresa?
Y sobre todo, ¿cómo alcanzar esa confluencia de la que hemos venido hablando?
En resumen, la pregunta sería...
En una escena de Gran Torino, el protagonista, Walt, dirige a su vecino la pregunta educativa
fundamental, que es, chaval, ¿qué quieres hacer con tu vida? Una pregunta también,
por qué no decirlo, que está en el núcleo de cualquier reflexión antropológica cabal.
En el terreno de la cultura y de la historia del pensamiento,
esta pregunta solía plantearse en otros términos como vocación o misión personal.
Una pregunta que surge desde la más tierna infancia, el que quiere ser mayor,
y que influye en nuestra toma de decisiones durante toda la vida.
Uno de los pensadores que abundó con insistencia esta cuestión fue Ortega Gasset cuando insistía
en que la vida humana es un quehacer. Y en efecto, aunque los seres humanos no nos definimos
exclusivamente por lo que hacemos, aquello a lo que nos dedicamos en la vida configura gran parte
de nuestra identidad y del sentido que damos a nuestra existencia. En cierto modo se puede decir
algo parecido de las organizaciones. Ahora bien, ¿en qué sentido tienen estas una misión? ¿Realmente
se puede decir que están llamadas a ser algo? Para muchos consultores y expertos de economía y
empresa? La pregunta no presenta dificultad. La misión de una organización tiene que ver con su
identidad corporativa y a la vez ésta consiste en aquello que ofrece la empresa. Una empresa adquiere
una identidad propia en la medida en que se diferencia de sus rivales. Acudiendo a la historia
militar sabemos que en el siglo XIX se produjo un relevo entre Francia y Prusia en la excelencia
militar. El artífice de esta revolución de asuntos militares y también el responsable
de la victoria de Prusia sobre Dinamarca y también en la guerra austro-prusiana y franco-prusiana
fue el general Helmut von Moltke. Una de las grandes claves del nuevo modelo operativo
prusiano fue la Austrastaktik, del alemán Austrak, directiva, y Taktik, táctica. Se
trataba de cambiar la forma de dar las órdenes a las unidades subordenadas. En lugar de indicarles
la acción que debían ejecutar, se les decía la misión que debían cumplir, dejando al jefe de la
unidad la elección de la táctica más adecuada para su consecución. Esto dinamizó el modo de operar,
ya que en la guerra, al igual que en las empresas, se pueden dar muchas situaciones imprevistas que
obligan a actuar según las circunstancias. Tener clara la misión permite reaccionar con coherencia
en relación con el conjunto de la empresa y el propósito general de ésta. Del mismo modo,
tener clara la misión permite evaluar el modo en que se desarrollan los procesos y también corregir
las deficiencias. Además, cuando la misión está coherentemente articulada, la identificación de
la persona con la misión dentro de su empresa contribuye a su satisfacción personal y
autorealización, lo que actúa como lo que supone como una especie de sabia visificadora de la
organización de la empresa. Volviendo a nuestra búsqueda inicial, daríamos con la misión de una
empresa entonces si detectamos qué es aquello que está llamada a ofrecer de forma irrenunciable y
única. Esto último es así porque el concepto misión hunde sus raíces en lo más profundo del
ser de la persona, de lo que da sentido a su vida y justifica su existencia y la persona es social
por naturaleza. Y por tanto si no se consigue articular el trabajo de la empresa en función
de la misión de cada una de sus partes tiene el efecto disolvente y por tanto perjudicial para la empresa.
Por eso hay otra característica en común entre la búsqueda de identidad de las empresas y de las personas
y es que no podemos descubrir quiénes somos en soledad a través de un mero ejercicio reflexivo o introspectivo.
Si las personas descubrimos nuestro lugar en el mundo averiguando qué podemos ofrecer a los demás,
lo mismo ocurre en el caso de las organizaciones.
Estas descubren su misión cuando saben cómo satisfacer a sus clientes, consumidores, empleados,
etc. Por eso, la actividad del empresario, esencialmente, siempre se dirige al otro y
solo tiene éxito en la medida en que acierta a ofrecerle lo que éste realmente necesite de
una forma creativa e innovadora. Mutatis mutandis, podemos aprender algo valioso de este argumento.
Pretender descubrir la misión en clave de autorrealización tiene un punto engañoso.
Dar con ella implica hallar nuestro lugar en la realidad, una realidad que me supera y en la que
vivo con otros. Por eso, la misión personal es inseparable de las circunstancias y exige,
por tanto, una genuina actitud excéntrica, es decir, centrada en los demás. Solo mirando fuera
de mí, encuentro aquello en lo que puedo dar más de mí. Como veíamos en capítulos anteriores,
la primera etapa de la gesta de un héroe desplaza su centro espiritual de gravedad desde el
confortable hogar hacia una zona desconocida. Esa región desconocida puede ser un país muy lejano,
un bosque, un reino subterráneo, una isla secreta, una montaña o un sueño. Pero siempre se trata de
un lugar que representa un reto, una dificultad o una prueba donde el héroe debe seguir el camino
por su propia voluntad de afrontar con valentía la empresa que le es encomendada, como Teseo,
que cambia su ciudad y su mundo conocido por un laberinto en una remota isla para luchar
con un monstruo mitad hombre mitad toro. El curso de la aventura aleja al héroe de
su tierra, como le ocurre a Ulises en su periplo por el Mediterráneo, para volver a su casa
desde Troya. Para atravesar el estrecho donde las sirenas cantan a los marineros la canción
que cada uno desea oír, Ulises decide atarse al palo mayor del barco. Si queremos descubrir
nuestro quehacer en la empresa, tenemos que sobrepasar nuestros límites y superar los
guardianes de los confines. La misión del héroe siempre implica un salir de la zona
de confort, hacia un lugar ignoto y lleno de peligros. Y es precisamente en ese viaje
donde el héroe descubre siempre su propia identidad. Es muy importante destacar que
aunque Teseo hubiera matado al minotauro, no hubiera podido salir del laberinto sin la ayuda
de Ariadna, que sujetaba el hilo de oro, que previsoramente le dio desde el principio. De la
misma manera, Ulises no se podría atar solo al mástil, le pidió a sus hombres que lo hicieran,
sin la confianza y el apoyo de estos, hubiera sucumbido al embrujo. La ayuda, la asistencia,
el consejo, la herramienta brindada, la amistad... En el camino del héroe, ese acompañamiento es
fundamental para que pueda lograr sus cometidos, pues solos no llegamos ni a la esquina.
Este descubrimiento no solo cambia nuestra identidad, sino también lo que hacemos. Si
averiguo mi visión personal, exige de mí una apertura a lo ajeno y esto transformará mi vida
y mi trabajo, disponiéndome a la escucha, al aprendizaje y a una entrega de todas mis habilidades
y conocimientos. Dar y recibir constituyen así la visión que ilumina el modo humano de estar en la
empresa. Como hemos visto, la pregunta por el qué hacer con la vida es la educativa por la misión
personal. La conciencia de una misión facilita la coordinación de los equipos, permite la
identificación del empleado con su empresa. Para descubrir la misión no basta con reflexionar,
sino que hay que estar abiertos a la realidad que nos rodea. Persona y empresa tienen en común que
ambas descubren su misión averiguando en qué son útiles para los demás y enfrentándose a lo
desconocido. ¿Y tú? ¿Has pensado alguna vez cuál es la misión de tu empresa? ¿Y tu misión personal
en la vida? ¿Crees que hay algo que las une?
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