Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 65 de 107

Confluencia de fines

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Transcripción del vídeo

Como hemos visto hasta ahora, la empresa tiene una estructura dual. Por un lado es personal y por el otro social.

Pero ¿de qué depende que ambos aspectos se complementen? ¿Qué relación puede existir entre el rendimiento empresarial y satisfacción personal del empleado?

Hoy vamos a hablar de la clave final de esta semana, la confluencia de fines.

La satisfacción del empleado y el rendimiento de la empresa pueden maximizarse si se descubre

que sus fines coinciden.

El 25 de mayo de 1961, el presidente de Estados Unidos, John Kennedy, anunció su intención

de poner un hombre en la Luna antes de terminar la década.

Y ellos pueden preguntar por qué se desplazó la montaña más alta.

Hace 5, 35 años, volvió el Atlántico.

¿Por qué Rice juega Texas?

Nos elegimos ir a la luna.

Nos elegimos ir a la luna en esta década y hacer las otras cosas.

Un año más tarde, en septiembre de 1962, decía en un discurso en la Universidad de Rice lo siguiente.

Decía, elegimos ir a la luna en esta década y también afrontar los otros desafíos

no porque sean fáciles, sino porque son difíciles

porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes

porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar y que no estamos dispuestos a posponer

y tenemos toda la intención de ganar también a los demás

La insistencia en proponer objetivos elevados para unir a las personas fue una constante de sus discursos, como recordamos todos, por aquel

No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país, que aparecía en la inauguración de su presidencia.

Por eso señalaba también Cervantes, por boca de Don Quijote, que no se pueden ni deben llamar engaños los que ponen la mira en virtuosos fines.

Parece que esto debió decalar hasta en los lugares más insospechados.

Se cuenta que en 1963, durante una visita a las instalaciones de la NASA, el presidente habló con ingenieros, astrofísicos y científicos preguntándoles por su trabajo.

En una de estas conversaciones, al pasar junto a un limpiador, le preguntó lo mismo.

¿Y usted a qué se dedica? Haga lo que el hombre respondió con orgullo.

Señor presidente, yo estoy ayudando a poner a un hombre en la luna.

Esta anécdota ilustra a la perfección la conciencia de la identificación entre el

fin del trabajador y el fin de la empresa. ¿Qué hacía que aquel limpiador de la NASA

pudiera contestar con alegría a Kennedy? Pues sabía el porqué de su trabajo. No tenía

ciertamente ni idea de física espacial, de comunicaciones o de la distancia entre las

estrellas, pero sí era consciente de que su labor contribuía a hacer posible la aventura

del espacio. La actitud que resulta de la motivación extrínseca e intrínseca que se

tenga resulta fundamental. El cuento popular de tradición oral Los tres canteros hace

referencia a tres actitudes o enfoques que se pueden asumir ante una misma tarea. Un

peregrino se dirigía a Chartres. Sobre el camino ve a un hombre cansado y sudoroso rompiendo

bloques de roca y le pregunta ¿qué está haciendo señor? ¿Qué hago yo? ¿Romper

las piedras no está viendo. Es duro. Madrugo mucho. Me duele la espalda. Tengo sed y hace

mucho calor. Hago lo mismo día tras día. El peregrino sigue y ve a otro más lejos,

rompiendo piedras. Señor, ¿qué está haciendo? Bueno, yo rompo piedras para ganarme la vida.

Este le explicó con rapidez el método que seguía para extraer de la roca una piedra lo

más parecida posible a la anterior. Trabajo de sol a sol para llevar pan a la mesa a mi

familia. Estoy bien y me alegro de tener al menos este trabajo. El peregrino siguió su camino y se

encontró con un tercer cantero igualmente sudado, pero que trabajaba las piedras con cierta energía

y entusiasmo. Al partirse la piedra pudo notar que el cantero sonreía y miraba con placer lo

logrado. ¿Qué está haciendo, señor? Yo, caballero, respondió el hombre con orgullo, estoy construyendo

una catedral. Y con su mano tendida indicó el valle donde se levantaba un templo grandioso,

con pilares, arcos y atrevidos pináculos de piedra gris que apuntaban al cielo.

El primer cantero se había quedado en el qué.

Hacía su tarea sin ningún sentido, con el único objetivo de cumplir y ganarse la vida.

El segundo estaba centrado en el cómo,

centrado principalmente en su responsabilidad para con su familia

y la satisfacción del trabajo bien hecho.

El tercero, en cambio, asumiendo la tarea y la responsabilidad,

había dado un paso más allá encontrando el sentido a su trabajo.

más allá de la propia tarea.

Estaba focalizado en el para qué, en el propósito último de esa tarea en concreto.

Era consciente del valor de su aportación a esa gran tarea.

¿Podríamos llevar la historia a un paso más allá?

Para que nuestra respuesta sea, estamos construyendo una catedral.

Estamos.

Es fundamental que se comunique efectivamente a todos los involucrados cuál es ese gran proyecto.

Con esta verdad tan sencilla, por ejemplo, hizo fortuna Simon Sinek en 2009 cuando recordaba el error frecuente en que suelen caer emprendedores, gestores y directivos de empresa que es obcecarse en el qué, o sea, el producto y en el cómo, es decir, el proceso, cuando lo realmente importante, lo que moviliza los esfuerzos de todos los empleados es el por qué, el sentido de aquello que ofrece la empresa.

Los fines de la empresa y los de cada uno de sus empleados son, en gran medida, inconmensurables.

Algo de esto resuena en la memoria de ese gran moralista que fue Lucio Anneoséneca,

cuando, en el siglo I de nuestra era, escribe que el trabajo llama a los mejores y que la

virtud camina por las alturas.

La composición de un varón siempre vigilante necesita un destino más recio.

Su camino no será llano, habrá que ir cuesta arriba y cuesta abajo, engolfarse en la tormenta,

gobernando su nave por un mar algo alborotado teniendo la fortuna en su

contra habrá de sufrir muchas adversidades ásperas y duras que tendrá

que dominar y allanar el fuego purifica el oro la adversidad a los hombres

fuertes se da cuenta de la altura a la que ha de subir para ser virtuoso y

sabrá que no se llega por caminos fáciles en definitiva lo mismo que las

personas necesitamos superar dificultades para desarrollarnos moralmente

las organizaciones resuelven desafíos técnicos o procedimentales y perfeccionan sus productos y

servicios cuando son capaces de ofrecer a la sociedad un motivo elevado que justifica su

existencia es decir un para qué es por ello que es menester que conozcas muy bien los objetivos

de la empresa de la que formas parte que te familiarices con los medios que se utilizan

para alcanzarlos? Y no solamente lo que tú haces, también conocer a grandes rasgos lo que hacen tus

compañeros y para qué lo hacen. Al descubrir que los fines sociales y personales de tu empresa

pueden coincidir con los de tu proyecto personal y familiar, la motivación no solo será extrínseca,

el salario percibido o el estatus del puesto, sino intrínseca. Ahora bien, puede que esta confluencia

de voluntades se quiebre por un afán tiránico de quienes la dirigen. Aristóteles explica los

tres tipos de fines personales del tirano. Uno, que los súbditos piensen poco, pues un apocado no

podría conspirar contra nadie. En segundo lugar, que desconfíen unos de otros, pues la tiranía no

se derriba hasta que algunos ciudadanos confían en sí mismos y por eso también luchan contra las

clases superiores considerándolas nocivas para su poder, no sólo porque no se resignan a ser

gobernados despóticamente, sino también porque son leales a sí mismos y a los demás ciudadanos

y no acusan ni a los suyos ni a los demás. Y en tercer lugar, la imposibilidad de la acción,

pues nadie emprende lo imposible de modo que la tiranía no se derriba si no se dispone de fuerza.

Así pues, estos son los tres fines a los que tienden las intenciones de los tiranos,

pues todas las medidas tiránicas conducen a estos principios fundamentales,

que no se fíen unos de otros, que no tengan fuerza y que estén humillados.

La desconfianza, la falta de conciencia sobre las responsabilidades individuales o la parálisis

debido a un control excesivo pueden dividir las voluntades y así de este modo la empresa

será pasto de la tiranía de unos pocos o incluso peor, de la guerra de todos contra

todos.

Por el contrario, si se orientan los fines personales y sociales para que confluyan,

la empresa podrá navegar con más solvencia el océano de un mundo en crisis.

Hemos de distinguir que la confluencia de fines no significa la fusión de identidad con la de la empresa.

Como hemos venido recordando, cuanto más se cultive la persona en todas sus áreas intelectual, afectivo, social, espiritual y física,

más integrado estará para la exigencia y vivencia de su vida en totalidad.

Y dentro de todo lo que éste incluye poder incorporar con entusiasmo los objetivos de la empresa como parte de sus objetivos vitales.

La persona podrá aportar mejor a la empresa y la empresa podrá aportar mejor a la persona de esta manera, aumentando la calidad de la relación y del desempeño mutuo.

Puede parecer quijotesco, pero sin un cierto toque de locura hacia lo bueno y excelente, nada grande ni duradero se habría hecho en el pasado.

Como hemos visto, el fin personal del empleado es complementario con el fin empresarial. Es la confluencia de fines.

En este funcionamiento de una empresa hay algo más importante que el qué y el cómo.

El por qué resulta más decisivo para motivar a los trabajadores.

En este sentido, el por qué ayuda a entender cómo la misión personal se realiza en la misión empresarial.

Por último, el olvido de esta confluencia puede conducir a una tiranía que anule la solvencia y esperanza de la empresa.

¿Y tú? ¿Has pensado alguna vez qué papel juega tu labor en el fin de la empresa?

¿Qué cantero te gustaría ser? ¿Crees que tu fin personal está alineado con el de la empresa o que

hay un desequilibrio? Identificar nuestros fines y comprender los de la empresa es el

primer paso para lograr esta confluencia.

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