La delegación

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LA DELEGACIÓN - VIRREINATOS Y PROVINCIAS
CALIFICA LA CLASEMientras que la idea de dirección depende de esa autoridad moral inherente; cuando se pone en acto, cuando se lleva a la realidad, lo hace necesariamente a través de la delegación. En términos filosóficos, la esencia (la idea rectora) de la dirección es la auctoritas y su existencia (su realidad) es la delegación. Aquí encontrarás un interesante artículo del IESE sobre el temor a delegar.

Todo el peso de la empresa no puede descansar en los hombros del CEO o de la junta directiva, como la bóveda celeste descansaba sobre los hombros de Atlas en la mitología griega (su iconografía es tremendamente influyente en el Arte, como reflejo de quien, castigado eternamente, sufre con cargar más de lo debido: El titán Atlas en el arte.pdf). Igual que los pilares marcan la dirección vertical del edificio, son las vigas las que, repartiendo el peso horizontalmente, permiten que verdaderamente ascienda equilibrado y sólido.
Se delega correctamente cuando se ha llevado a cabo un proceso continuo y consciente de formación de esas personas en las que se va a delegar. Se delega correctamente cuando se apoya en la sombra a las personas en las que se ha delegado, al menos en sus primeras decisiones autónomas, con el fin de ayudarles a conseguir una transición exitosa para todos: ellos y su empresa.
De la misma forma que la persona no puede quedar disuelta en la colectividad, no es sano para un cuerpo social que las instancias superiores absorban toda la actividad que pueden resolver otras instancias. Cuanto mejor funcione la base de la empresa, en sus tareas correspondientes, y menos requieran de una constante intervención y supervisión, más fluidamente se darán las relaciones y más integrados estarán los grupos humanos en el proyecto. Este es un principio que se conoce como el principio de subsidiariedad. Puedes profundizar sobre su origen en este interesantísimo artículo.


Esta necesidad de repartir las tareas, y de apreciar las funciones de cada uno, se ve claramente reflejada en el funcionamiento de la tripulación de un barco. Platón lo refleja claramente en la fábula que, en boca de Sócrates, utiliza para reflexionar sobre la necesidad de cabezas pensantes al frente de la comunidad política. Como vemos en el texto, Platón quiere criticar la corrupta democracia ateniense, que funcionaba sin enfocarse al bien común: los gobernantes eran siempre gente sin preparación ni ideales, y el pueblo los iba cambiando según cambiaban sus deseos o según la popularidad de los candidatos. Lo ilustra Platón hablando de un conjunto de marineros caprichosos. Desprecian a su patrón de barco que, por ignorante, no sabe pilotar: se deshacen de él, pero al pasar a gobernar el barco ellos, que no tienen tampoco ni idea de pilotarlo, pasan también a despreciar a quien sí sepa pilotarlo, pues no va a hacer lo que ellos quieran sino lo que sea bueno para el barco. Así, no haber tenido claras las funciones de cada miembro (el patrón es propietario y pone los medios y el destino, el piloto pilota, los marineros lo hacen efectivo con velas y remos), el barco nunca llega a buen puerto. La moraleja es clara:
Despreciar la delegación y reparto de funciones conlleva, necesariamente, un desprecio de la dirección y el liderazgo.

"Figúrate, pues, un patrón de una o de muchas naves tal como voy a pintártele; más grande y más robusto que el resto de la tripulación, pero un poco sordo, de vista corta, y poco versado en el arte de la navegación. Los marineros se disputan el timón; cada uno de ellos pretende ser piloto, sin tener ningún conocimiento náutico, y sin poder decir ni con qué maestro ni en qué tiempo lo ha adquirido. Además, son bastante extravagantes para decir que no es una ciencia que pueda aprenderse, y estarán dispuestos á hacer trizas al que intente sostener lo contrario. Imagínate que los ves alrededor del patrón, sitiándole, conjurándole, y apurándole para que les confíe el timón. (...) Embriagan al patrón o le adormecen haciéndole beber la mandrágora o se libran de él por cualquier otro medio. Entonces se apoderan de la nave, se echan sobre las provisiones, beben y comen con exceso, y conducen la nave del modo que semejantes gentes pueden conducirla. Además consideran como un hombre entendido, como un hábil marino, a todo el que pueda ayudarles a obtener por la persuasión o por la violencia la dirección de la nave; desprecian como inútil al que no sabe lisonjear sus deseos; ignoran por otra parte lo que es un piloto, y que para serlo es preciso tener conocimiento exacto de los tiempos, de las estaciones, del cielo, de los astros, de los vientos y de todo lo que pertenece a este arte; y en cuanto al talento de gobernar una nave, haya o no oposición de parte de la tripulación, no creen que sea posible unir a él la ciencia del pilotaje. En las naves en que pasan tales cosas, ¿qué idea quieres que se tenga del verdadero piloto? Los marineros, en la disposición de espíritu en que yo los supongo, ¿no le considerarán como hombre inútil, y como visionario que pierde el tiempo en contemplar los astros?"
(Platón, La República, Libro VI, 488 b-e)
La tripulación de un barco es el conjunto de personas dedicadas a su maniobra y servicio que, siguiendo una estructura jerarquizada, se organizan según las diversas funciones necesarias. Imaginemos una empresa sin la delegación de funciones inherente tanto a los distintos departamentos como a los equipos de trabajo: nada quedaría hecho. Un barco es un claro ejemplo de esta realidad, desde cómo se organiza un crucero, a cómo funcionaba un buque de guerra en el s.XVIII, perfectamente distribuidas las funciones.

Si te interesa la vida a bordo, puedes profundizar en este artículo. Sin embargo, el mayor punto de interés es que ninguna delegación funciona si no es propiciada, primero, y respetada después, por quien la realiza, el directivo. Esto se ve también perfectamente reflejado en los barcos, como puedes leer en este relato (El comandante del buque de guerra.pdf). Se encuentra perfectamente expresado en este artículo en la revista Forbes sobre el paralelismo entre el capitán de un barco y el director de una empresa.
Por último, un perfecto ejemplo de la efectividad de la delegación es su reflejo en gigantescas estructuras políticas: los imperios. El Imperio romano manejaba extensiones de miles de kilómetros, y la ciudad de Roma estaba separada de las periferias por varias semanas de viaje. ¿Cómo mantener el aparato imperial en aquellas regiones a las que el emperador no podía desplazarse?




El Imperio romano acomete una división en provincias gestionadas por un procónsul, delegado de los cónsules de Roma, y un cuestor provincial encargado de las finanzas. Más adelante, tras la reforma de Diocleciano en el 305 d.C, se dividieron en diócesis (en griego, "administración"), a cargo de un vicario. Esta división permitía una gestión de los problemas locales más directa, especializada y consciente, sin perder la unidad del imperio o la fácil capacidad de reacción de las muchas legiones apostadas en cada provincia.
Puedes consultar este "Google maps" del Imperio romano para descubrir los sistemas de comunicación que mantenían unido al imperio desde el proyecto Orbis, explicado en este vídeo. ¿Habría sido posible la delegación que sostuvo el Imperio durante siglos sin las famosas vías romanas? No dudes en aprender más sobre el Imperio romano con este ilustrativo vídeo de 10 minutos del canal de divulgación histórica Academia Play:
Otro ejemplo es el conocido comúnmente como Imperio Español, que propiamente se denomina Monarquía Hispánica: el orden político que, extendido por los cinco continentes, fue la primera potencia mundial durante los siglos XV a XVIII: del descubrimiento de América en 1492 a la Paz de Westfalia de 1648, o incluso hasta la Guerra de Sucesión en 1700.

La evolución de la Monarquía va dependiendo de las características de sus reyes. Primero tenemos a los Reyes Católicos, cuya influencia es clave para conformar lo que conocemos como España (Fernando el Católico - el oficio de Rey como una empresa familiar.pdf). Tenemos, después, los deseos de ser Monarquía Universal, especialmente en tiempos imperiales de Carlos I de España y V de Alemania, y reduciéndose sus aspiraciones según avanza el tiempo y se pierde la vinculación directa con el Sacro Imperio Romano-Germánico, del que solo Carlos I será emperador, hasta abdicar en 1556 en favor de su hermano Fernando. A su vez, habrá abdicado algo antes, en su hijo Felipe II las coronas de la Monarquía Hispánica.
Sin título imperial, el afán del rey Felipe será el de salvaguardar en su Monarquía el ideal de Cristiandad unida que Europa ha perdido por le protestantismo y la fragmentación política. Para entender correctamente las aspiraciones de los reyes hispánicos del XVI, debe primero comprenderse qué era la Cristiandad como ente político. Puedes profundizar en el tema en la obra histórica de Alfredo Sáenz (La Cristiandad, realidad histórica - Alfredo Sáenz.pdf), y el artículo del filósofo y jurista Francisco Elías de Tejada (La Cristiandad medieval y la crisis de sus instituciones - E. de Tejada.pdf).
Felipe II se propone ser salvaguarda de la Cristiandad, objetivo que se irá debilitando en el s.XVII, pero que condicionará cómo la Monarquía se estructure política y administrativamente: ni como un estado absoluto ni como un imperio colonial, sino como Monarquía compuesta o federativa: cada reino y territorio conservará su identidad: sus leyes, instituciones, costumbres y moneda, pero quedarán aunados bajo una única corona, un único liderazgo, y una común visión cristiana y expansiva del mundo. Puedes investigar el total alcance territorial de la Monarquía en este mapa.

La división administrativa de la Monarquía se organizaba en Consejos y Reales Audiencias. La división política se hacía en Virreinatos y Provincias, coordinados por estos Consejos, dando lugar a lo que se llamó el Régimen polisinodial. Estas instancias actuaban con bastante autonomía, y aunque había disparidad jurisdiccional, todos los territorios actuaban frente al exterior como una unidad política. Estos órganos, en los que la Corona delegaba la mayor parte de las funciones de gobierno, se ocupaban de los asuntos locales: poblamiento, comercio, tutela del buen funcionamiento de las autoridades, nombramiento de cargos y de los Jueces de Residencia, para la protección de los indígenas, etc.
Políticamente, entre las posesiones de la Monarquía Hispánica en Europa podemos enumerar los virreinatos de Portugal, Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca, Navarra, Sicilia, Nápoles y Cerdeña, y las gobernaciones generales de los Países Bajos y Milán. La administración americana se divide con los Austrias en los virreinatos de Nueva España y del Perú. Con los borbones se añaden el virreinato del Nueva Granada y el virreinato del Río de la Plata.

Administrativamente, los Consejos territoriales son un elemento cohesionador, que representa al pueblo de los distintos reinos frente al monarca: Consejo de Portugal, Consejo Real de Castilla, Consejo de Aragón, Consejo Real de Navarra, Consejo de Italia, Consejo de Flandes, y Consejo de Indias. Para temas más específicos, se fueron creando consejos especializados, que reunían a militares, estadistas, y juristas para tratar os diversos temas que afectaban a toda la Monarquía: por encima de los consejos territoriales, primero aparece el Consejo de Estado, y bajo éste, el Consejo de las Órdenes Militares, el Consejo de Cruzada y el Consejo de Hacienda, y el Consejo de la Inquisición. Queda así una estructura piramidal de consejos, que denominamos Régimen polisinodial.
Sobre la idea de Monarquía compuesta, puedes profundizar en este artículo: La formación de la monarquía hispánica como monarquía compuesta.pdf
América es el principal territorio de expansión española en el XVI, y XVII, y puedes consultar en profundidad el mapa de sus territorios en este excelente mapa. Para comprender la estructura no colonial, sino virreinal de los territorios españoles, que pretendían replicar nuevas Españas allá donde conquistaban, puedes leer la famosa obra del argentino Ricardo Levene: Las Indias no eran Colonias. Ricardo Levene.pdf
Para profundizar, puedes ver este interesante debate sobre el impacto internacional de la Monarquía, así como la apasionante conferencia de los profesores Pietschmann y Bermúdez, sobre las instituciones imperiales de la Monarquía:
También se puede ver este vídeo de 15 minutos sobre el Imperio Español:
Finalmente, se recomienda encarecidamente a quienes quieran profundizar sobre la idea de Imperio, la obra Origen y metamorfosis de las formas imperiales en la Historia, en que han participado varios de nuestros consejeros académicos, entre otros, Hipólito Sanchiz Álvarez de Toledo, Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña, Consuelo Martínez-Sicluna y Sepúlveda, y Domingo González Hernández. Puede adquirirla aquí.
Podrás ver el vídeo sobre Delegación en la Monarquía Hispánica, de la Profª. Consuelo Martínez-Sicluna en Extras - Bloque 1
A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.
Transcripción del vídeo
Proyecto, equipo, organigrama y dirección.
Cualquiera diría que la empresa ya puede sostenerse sola y echar a andar.
Pero esto no es del todo cierto.
Los pilares por sí mismos no aguantan todo el peso. Necesitan vigas.
Sin ellas, el edificio acabaría desplomándose.
Por eso la empresa necesita que el líder domine un arte muy particular.
La delegación.
Como hemos visto en el vídeo anterior, la dirección depende de la autoritas, la autoridad
moral inherente al líder. Pero eso no significa que deba hacerlo todo él. Es como si le pidieramos
que hiciera lo mismo que Atlas. Obviamente acabaría aplastado bajo el peso de la empresa.
El líder debe ser el primero en la batalla, como César Enalesia, sí, pero también debe
aprender a ponerse en segundo plano cuando es necesario. De hecho, el ejercicio de la autoritas
se demuestra a través de la delegación, que tiene dos movimientos. Uno, de arriba hacia abajo,
en el que se repartan tareas y responsabilidades, y otro de abajo arriba, que es la forma en la que
opera el principio de subsidiariedad. El trabajo asciende desde la base hasta la gestión y la
dirección interviene para coordinar grupos y para ocuparse de aquellas cosas que las bases no pueden
resolver por sí mismas. Y esto requiere humildad y confianza. Humildad para admitir que no somos
imprescindibles. Confianza en que las personas en las que denego no harán las cosas exactamente
igual que yo, pero las harán. Y sorpresa, muchas veces lo harán mejor. Platón se refiere
constantemente a la sociedad como un barco y critica los amotinamientos. De nada sirve una
tripulación descabezada. Aunque cada uno sea experto en su función, tiene que ver alguien que
aúne todos esos esfuerzos para cumplir una misión. El capitán tiene también sus conocimientos,
de astronomía, meteorología, pero tiene que contar con el resto de la tripulación.
Esa expresión de que vamos en el mismo barco, eso tiene todo el sentido,
porque en un barco todos son necesarios y ninguno imprescindible, eso también es cierto.
Ahora bien, la misión del capitán resultaría estéril sin la tripulación.
Los oficiales en la cubierta, los oficiales en la guardia del puente,
el oficial de comunicaciones, el jefe de máquinas, los oficiales de máquinas, especialistas si es un
barco de guerra en tiro y artillería naval o si es un barco mercante pues también es importante el
oficial de carga porque la carga hay que distribuirla de forma adecuada cuántos barcos se han perdido
por lo que se llama corrimiento de la carga, la carga se ha desplazado, ha escorado el barco y se ha
acababundiente. Por lo tanto, es una necesidad el contar unos con otros. Un capitán sin tripulación
no podría hacer nada y una tripulación sin capitán tampoco lo hace, porque cada cual es capaz de hacer
su especialidad, su cometido, pero sin embargo no tiene una cabeza rectora que pueda organizar
y definir la misión del buque.
El capitán solo jamás podría desempeñar todas las funciones necesarias para la migración,
pero también toda la tripulación necesita un jefe que les coordine,
que aúne esfuerzos y que defina una misión para llevarla a cabo con éxito.
La expansión de los grandes imperios también ofrece un buen ejemplo de la importancia de saber delegar.
Roma manejaba extensiones de miles de kilómetros sin la tecnología actual.
¿Cómo mantener el aparato imperial en un territorio casi inabarcable?
Mediante la división en provincias gestionadas por un procónsul y un cuéstor provincial
y más adelante, gracias a las diócesis, a cargo siempre de un vicario.
La monarquía hispánica se enfrentó al mismo reto pero multiplicado hasta en cinco continentes.
La división política se hacía en virreinatos y provincias, coordinados por consejos y reales audiencias.
Era el régimen polisinodial.
Por un lado, estas instancias actuaban con bastante autonomía y disparidad jurisdiccional.
Por el otro, todos los territorios actuaban frente al exterior como una unidad política.
Los consejos territoriales son un elemento capital para la cohesión imperial.
Constituyen un foro en el que las opiniones y agravios locales pueden manifestarse ante la corte del rey,
de modo que las provincias y los reinatos no quedan marginados por la metrópoli.
Delegar requiere valentía para hacer partícipes a los demás.
Delegar requiere también un conocimiento profundo de tu equipo para saber a quién encomendar unas tareas u otras.
Pero delegar no implica desentenderse, sino que exige acompañar al equipo en su desarrollo.
Por eso, Delegar fomenta el desarrollo de la humildad y de la capacidad para confiar en el líder y, a la vez, el crecimiento orgánico de los empleados.
La pregunta es inevitable. ¿Confían en ti como lo esperas?
¿Y tú? ¿Confías en los tuyos como deberías?
Gracias por ver el video.
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