Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 44 de 107

La importancia de la empresa para la vida política y social

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LA IMPORTANCIA DE LA EMPRESA - BOSQUE O DESIERTO

CALIFICA LA CLASE

Acabamos de profundizar en la diferencia entre lo público y lo privado. Pero no hemos explicado qué papel juega la empresa exactamente en esta relación. ¿Qué consecuencias tiene la actividad empresarial para la vida política y social de un país?

Frecuentemente pensamos que la empresa es una actividad meramente privada, mientras que el resto de instituciones con un carácter altruista las identificamos con el sentido de lo público. Tendemos a reducir la empresa a una mera búsqueda particular del lucro monetario. En ese sentido, se fomenta considerar a las empresas bajo una especie de sospecha. Tendemos por tanto a dividir la sociedad en dos compartimentos estancos, una movida por el lucro y el interés particular, y otro movido por el desinterés más absoluto y una especie de interés general.

Sin embargo, esta imagen de la economía es errónea. Como hemos visto en el vídeo, sería más adecuado comparar la economía (y en general la nación) con un bosque o un ecosistema. En él, todos los miembros y partes contribuyen al conjunto y a su vez, reciben su sentido del mismo. Ninguna institución o parte del bosque puede identificarse con el todo, tampoco el gobierno. De este modo cuando los diversos organismos persiguen su propia naturaleza (los árboles, los arbustos y líquenes, los microorganismos, los invertebrados, los mamíferos, las aves etc…) contribuyen al equilibrio del conjunto. Si uno de los elementos (el Estado, o el Mercado, o...) ocupase la posición de ser el todo, el conjunto, el terreno se parecería más a una explotación agrícola industrial que, eliminando la biodiversidad, sólo plantaría lo que le interesase, y evitaría con su actividad el surgimiento de un bosque.

En este sentido, las empresas y la actividad de sus empleados y directivos se asemeja a la diversidad de vida en la naturaleza. Persiguiendo sus fines particulares contribuyen a generar ese bosque desarrollado y rico. Por eso a las economías con una gran riqueza empresarial las identificamos con economías desarrolladas, mientras que los países pobres, aun teniendo quizá más recursos en forma de petróleo o minerales, tienen economías menos desarrolladas precisamente porque carecen de “biodiversidad económica”.

Para expresar esto, hemos utilizado en el vídeo el principio de subsidiariedad, que ya tratamos en el bloque 1. Según este principio, el orden natural de las sociedades humanas exige que los niveles de organización superiores estén al servicio de los niveles inferiores, y no traten de acaparar todo el terreno, sino que cada peldaño del orden político tenga su propio espacio de autonomía. Puedes profundizar sobre su origen en este interesantísimo artículo.

Las formas de asociación humana son de muchos tipos, y cada cuerpo asociativo existe con vistas a conseguir un fin. La mayor parte de los grupos humanos son limitados en sus fines y en sus recursos, es decir, hay ciertas necesidades que cubren, pero son incapaces de atender a todas las necesidades humanas. Por eso, precisamos de organizaciones más amplias, podríamos decir, más elevadas, si pensamos el orden social humano como una escala de niveles jerárquicos.

Es lógico que los niveles de organización superiores tengan más capacidad y más recursos. Ahora bien, seguro que alguna vez hemos contemplado un paisaje desde una cierta altura. Cuanto más nos elevamos, ciertamente conseguimos una mayor amplitud en la mirada, pero al mismo tiempo perdemos en riqueza de detalles. Así sucede en las organizaciones humanas. Cuanto más extensas son, abarcan más aspectos de la vida humana, pero deben ser conscientes de que lo que se gana en amplitud, se pierde en intensidad. Y es que, ¿sabías que el principio de subsidiariedad pretende ser uno de los fundamentos rectores de la actuación de la UE? Se encuentra explicado con más detalle en este vídeo.

Así, concluimos que el estado y la empresa constituyen un nivel asociativo más amplio que la familia, cada uno de ellos con su ámbito de actuación, más amplio o más detallado según sea conveniente a la resolución de los retos de la comunidad humana a que atañe.

Por tanto, lo público no es un patrimonio exclusivo del poder político. También las empresas desempeñan un papel de primer orden en la promoción del bien común, puesto que fabrican productos o prestan servicios que redundan en beneficio del pueblo (populus). Tienen su propio espacio de autonomía en el orden de las organizaciones humanas, y se rigen por un criterio de ética económica.

Ahora bien, precisamente porque tienen un papel muy importante en la vida política, las empresas deben ordenarse como es propio de esa misma vida política. La pura lógica del beneficio a toda costa contradice su misma naturaleza, siendo así que, como ya se explicó en un vídeo anterior, lo que es útil, lo pragmático, es importante, pero solo como un medio para conseguir fines que existen y son necesarios, aunque escapen a la mentalidad del pragmatista.

El principio de subsidiariedad establece que los niveles organizativos superiores no deben inmiscuirse en aquellos asuntos que otro nivel organizativo inferior pueda atender de forma autónoma. Pero si existen necesidades que no son atendidas, entonces, por el mismo principio, la solución debe ser precisamente la contraria.

Si no entendemos a las empresas como parte de este ecosistema económico, no comprenderemos que nuestro abnegado, trabajo como abejas, no sólo no es egoísta sino que es necesario para el funcionamiento del todo. La empresa produciendo miel que pone a la venta, contribuye directamente a ofrecer un producto valioso a todos a la par que con su mera actividad estimula y desarrolla otras partes del conjunto. Sin empresas la vida social y económica sería peor que un desierto: vacío, homogéneo, sin riqueza. Perder empresas es desertificar nuestra vida social y económica. Una tupida red de empresas es un huerto orgánico donde cada parte tiene su sentido en el conjunto de relaciones con los demás.


FICHA DE PUNTOS CLAVE

A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.

Transcripción del vídeo

Acabamos de profundizar en la diferencia entre lo público y lo privado, pero no hemos explicado qué papel juega la empresa exactamente en esta relación.

¿Qué consecuencias tiene la actividad empresarial para la vida política y social de un país?

¿Qué define el papel de la empresa? ¿Su beneficio? ¿Su contexto? ¿O algo más?

A menudo pensamos que la empresa tiene una actividad meramente privada y centrada en el lucro,

mientras que lo altruista y público pertenece solo al Estado, a la Iglesia o a las ONGs.

Tendemos, por tanto, a dividir la sociedad en dos compartimentos estancos,

uno movido por el interés particular y otro movido por el interés general.

Sin embargo, sería más adecuado comparar la economía y, en general, la nación

con un bosque o un ecosistema en el que todos los miembros y partes contribuyen al conjunto

y, a su vez, reciben de éste su sentido.

En la medida en que cada organismo persigue su propia naturaleza,

contribuye al equilibrio del conjunto.

Pero si el Estado, el mercado o uno de los elementos del ecosistema tratase de usurpar

el conjunto, el equilibrio se perdería.

En este sentido, el tejido empresarial se asemeja a la biodiversidad.

Cada empresa contribuye a la riqueza del bosque persiguiendo sus propios objetivos, pero sin

perder de vista la necesidad de estar en armonía con el resto de elementos.

Por eso, a las economías con una gran riqueza asociativa las identificamos con economías

desarrolladas.

mientras que los países pobres, aún teniendo quizá más recursos, en forma de petróleo o minerales,

tienen economías menos desarrolladas, precisamente porque carecen de biodiversidad económica.

Aquí es necesario mencionar el principio de subsidiariedad. El orden natural de las sociedades

humanas exige que los niveles de organización superiores estén al servicio de los niveles

inferiores y no traten de acaparar todo el terreno, sino que cada peldaño del orden

político tenga su propio espacio de autonomía.

La mayor parte de los grupos humanos son limitados en sus fines y en sus recursos, es decir,

hay ciertas necesidades que cubren pero son incapaces de atender a todas las necesidades

humanas. Por eso precisamos de organizaciones más amplias, con más recursos.

Ahora bien, seguro que alguna vez hemos contemplado un paisaje desde una cierta altura. Cuanto

más nos elevamos, ciertamente conseguimos una mayor amplitud en la mirada, pero al mismo

tiempo perdemos en riqueza de detalles. Así sucede en las organizaciones humanas. Cuanto

más extensas son, abarcan más aspectos de la vida humana, pero también pierden en intensidad.

Si pretendieran inmiscuirse en los asuntos de las organizaciones inferiores, lo harían

como un elefante en una cacharrería, según reza el dicho popular.

Desde el plano más individual, Aristóteles entendía que la ética es la misma vida del

hombre y así establecía tres niveles.

Primero, la ética individual, es decir, el orden propio de la persona.

Segundo, la ética económica, esto es, el orden de la casa. Como veremos en el próximo

vídeo, economía es oiconomía, administración de la casa. Y tercero, la ética política,

el orden de la ciudad.

A cualquiera que preguntáramos coincidiría en que la empresa, como asociación de personas

y conjuntos de recursos ordenados a un fin productivo, se sitúa en el orden de la ética

económica. Sin embargo, lo que para Grecia se limitaba a la casa, hoy en día abarca mucho más,

y no debemos caer en el error de identificar empresa y casa. Así, el ámbito de la empresa

no es el ámbito de la familia. Esta constituye un nivel asociativo más amplio. Sería absurdo que,

por ejemplo, un comité de dirección se pusiera a arreglar matrimonios o a fundar familias. De

igual modo tampoco el poder político debe entrar en competencia salvaje con el llamado sector

privado. Confundir el ámbito de la empresa con el familiar o el político trastoca el orden natural

de la sociedad. Así, junto a la familia o el poder político, también las empresas desempeñan un papel

de primer orden en la promoción del bien común, del bien público. Fabrican productos o prestan

servicios que redundan en beneficio del pueblo. Tienen su propio espacio de autonomía en el orden

de las organizaciones humanas y se rigen por un criterio de ética económica. Ahora bien,

precisamente por su importancia, no deben actuar cada una por su cuenta, sino armonizadas con el

resto de estamentos sociales. El principio de subsidiariedad establece que los niveles

organizativos superiores no deben inmiscuirse en aquellos asuntos que otro nivel organizativo

inferior pueda atender de forma autónoma. Pero si existen necesidades que no son atendidas,

entonces, por el mismo principio, la solución debe ser precisamente la contraria. Una lógica

del beneficio reduccionista también reduce la autonomía propia del ámbito empresarial y

trastorna el orden que le es propio, obligando al poder político a intervenir.

Así, la empresa y su autonomía solo se entienden desde una visión de la sociedad como ecosistema

económico. Sin empresas, la vida social y económica sería peor que un desierto. Una

túpida red empresarial es un huerto orgánico donde cada parte tiene su sentido en el conjunto

de relaciones con los demás.

La empresa privada tiene una función primordial en la vida social y política, como acabamos

deber. Para comprenderlo es necesario recordar que la economía es un ecosistema dotado de

equilibrio. El principio de subsidiariedad es clave para mantenerlo. La empresa pertenece a

la ética familiar y no puede someterse al poder político. Y sin embargo, la empresa como proveedora

de un servicio público debe ser responsable de su impacto en la polis.

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