Lo crematístico y lo económico

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LO CREMATÍSTICO Y LO ECONÓMICO - OIKOS CONTRA MERCURIO
CALIFICA LA CLASEEn los vídeos anteriores hemos ahondado en la relación entre empresa, el mercado, lo público y lo privado. Pero hay un término que aún no hemos definido: economía. ¿Qué significa realmente lo económico? ¿Y cómo afecta a la vida empresarial cada manera de aproximarnos a la realidad económica?
“Es evidente, entonces, que no es lo mismo la economía que la crematística. Pues lo propio de esta es la adquisición, y de aquella, la utilización”.
Aristóteles
La moderna obsesión con la cuantificación de todo ocasiona que tendamos a confundir valor y precio así como a que tendamos a reducir la economía a lo monetario. Confundimos οíκονομία (economía) y χρηματιστική (crematística).
El término economía llegó al castellano procedente del latín, pero es una adaptación del término griego oiko-nomía, es decir, la ley de la casa. La economía, en su origen, hacía referencia a la administración y gobierno de la casa, dado que esta era considerada la célula básica de toda comunidad política.
En nuestro tiempo, es habitual definir la economía como la disciplina que estudia los criterios para un reparto eficiente. La economía, se dice, atiende solo al criterio de utilidad cuando se trata de asignar los bienes disponibles. Con el nacimiento de la ciencia económica, poco a poco, comenzó a identificarse la economía con una búsqueda sin límites del beneficio. Nuestra economía, se dice, es una economía de mercado. Sin embargo, la historia del mercado y la economía marcan un discurrir algo distinto:

El término mercado está emparentado con el dios romano Mercurio. Es curioso que esta divinidad fuera considerada como el protector de los mercados, pero también de los ladrones y de las personas astutas o engañosas, el protector de los viajeros o el de los pastores. No es que los antiguos relacionaran a los mercaderes con estas otras categorías, sino que a todos les protegía el mismo dios, el de la crematística. Este patronazgo de Mercurio se mantiene aún hoy en las Bolsas a lo largo y ancho del mundo, con el símbolo del caduceo, como podemos ver en este artículo.
En la Grecia clásica, el mercado no era el lugar propio de la economía, sino de la crematística, como actividad encaminada a la búsqueda de fuentes de financiación: como la obtención de dinero. La economía, en cambio, era la gestión de la casa, y estaba destinada a la búsqueda de un equilibrio en los repartos: como vemos economía no es meramente ganar dinero, sino que va más allá.
Con independencia de los términos, todo lo que llamamos bueno, lo es:
1. Bien porque se trata de algo honesto: Lo honesto es aquello que es querido por sí mismo, como por ejemplo, proteger la vida humana, que es valiosa en sí misma.
2. Bien porque se trata de algo agradable: Lo agradable es aquello que fuente de placer en algún sentido.
3. Bien porque resulta útil: aquellas cosas que constituyen un medio para alcanzar algún fin. Lo útil no es querido por sí mismo, sino por ser un instrumento, un modo de conseguir otra cosa. El dinero es el ejemplo más característico de bien útil.
Cuando pensamos sobre lo que es más útil, estamos utilizando un criterio pragmático. Es importante deliberar sobre los medios adecuados para conseguir ciertos objetivos. Lo que se llama la crematística analiza cuáles son los medios más útiles para adquirir ciertos bienes. Pero no se ha de olvidar que la crematística está al servicio de la economía, y la economía no consiste únicamente en repartos basados en la utilidad, sino que también toma en consideración criterios de honestidad o belleza. El problema no está en la utilidad, sino en el pragmatismo, esto es, la creencia de que todo se reduce a lo pragmático. Por el contrario:
Lo correcto es integrar todo lo que es pragmático en un planteamiento más amplio, ético, en que todo debe estar ordenado al bien del hombre en un sentido más amplio.
Si cuidamos lo económico intangible, lo crematístico le seguirá. Pero si nos centramos en lo meramente monetario, a largo plazo, perderemos nuestro descuidado valor. Puedes profundizar sobre esta diferencia entre economía y crematística en este artículo.

Si tuvieras más tiempo, está esta interesantísima reflexión sobre la subordinación de economía y crematística al bien común del Profesor Miguel Alfonso Martínez Echevarría y Ortega:
Técnica y crematística en Aristóteles.pdf
FICHA DE PUNTOS CLAVE
A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.
Transcripción del vídeo
En los vídeos anteriores hemos ahondado en la relación entre empresa, el mercado, lo público y lo privado.
Pero hay un término que aún no hemos definido. Economía. ¿Qué significa realmente lo económico?
¿Y cómo afecta a la vida empresarial cada manera de aproximarnos a la realidad económica? Veámoslo.
A la hora de valorar algún bien en la realidad debemos distinguir entre su valor y su precio.
Bien dice Antonio Machado que solo el necio los confunde. Un tertuliano de televisión
o un ministro bien pueden tener un precio elevado, su coste salarial puede ser de 100.000 euros.
No obstante, su valor real puede ser extremadamente bajo.
Cuando hablamos de que un piso está caro, queremos decir que su precio, sobrevalorado,
no se corresponde con su valor real. El voluntariado, las fundaciones y las
donaciones altruistas son actividades de gran valor, pero sin un precio asociado.
La actividad que se realiza en la familia tiene un valor prácticamente infinito y,
precisamente por eso decimos que es precioso, o sea que no tiene precio. Lo mismo ocurre con la
imagen de marca de una empresa o con las habilidades de un trabajador. Son intangibles pero muy reales.
La obsesión con la cuantificación nos hace confundir valor y precio. Del mismo modo tendemos
a reducir la economía a lo monetario. El término economía procede del latín pero es una adaptación
del término griego oikonomos, es decir, la ley de la casa. La economía en su origen hace referencia
a la administración y gobierno de la casa, dado que ésta era considerada la célula básica de
toda comunidad política. En nuestro tiempo es habitual definir la economía como aquella
disciplina que estudia los criterios para un reparto eficiente. La economía, se dice,
atiende sólo al criterio de utilidad. Con el nacimiento de la ciencia económica,
comenzó a identificarse con una búsqueda sin límites del beneficio, la economía de mercado.
Aquí la etimología vuelve a ponernos sobre aviso. El término mercado está emparentado
con el dios romano Mercurio. Es curioso que esta divinidad fuera considerada como el protector de
los mercados, pero también de los ladrones y de las personas astutas o engañosas. Los antiguos
no consideraban ladrones a los mercaderes, pero les protegía al mismo dios, el de la crematística.
Aristóteles, en su libro sobre la política, afirma, es evidente entonces que no es lo mismo
la economía que la crematística, pues lo propio de esta es la adquisición y de aquella la utilización.
En la Grecia clásica el mercado no solo era el lugar propio de la economía, sino de la crematística
como actividad encaminada a la búsqueda de fuentes de financiación. La economía,
en cambio, era la gestión de la casa y estaba destinada a la búsqueda de un equilibrio
en los repartos. Como vemos, la economía no es meramente ganar dinero, sino que va
más allá.
Con independencia de los términos que siempre suelen cambiar según las modas, es importante
recordar que todo lo que llamamos bueno lo es bien porque se trata de algo honesto, bien
porque se trata de algo agradable o bien porque resulta útil.
Lo honesto es aquello que es querido por sí mismo, como por ejemplo, proteger la vida
humana.
Impedir o castigar el homicidio es algo honesto, con ello no se busca obtener algún beneficio
posterior sino que la vida humana es valiosa en sí misma.
Lo agradable es aquello que es fuente de placer en algún sentido.
La vida sin música sería un error, dice Nietzsche.
Por último, llamamos útil a aquellas cosas que constituyen un medio para alcanzar algún fin.
Lo útil no es querido por sí mismo, sino por ser un instrumento, un modo de conseguir otra cosa.
El dinero es el ejemplo más característico de bien útil. Si queremos el dinero, no es para
tenerlo sin más, sino porque permite conseguir otras cosas. Cuando pensamos sobre lo que es más
útil estamos utilizando un criterio pragmático. Es importante deliberar sobre los medios adecuados
para conseguir ciertos objetivos. El problema no está en la utilidad, sino en el pragmatismo,
esto es, la creencia de que todo se reduce a lo pragmático. El pragmático piensa que sólo se ha
de pensar sobre lo que es más útil en cada momento. Pero esto es imposible, porque algo
es útil cuando constituye un medio para alcanzar un fin. No hay que olvidar que la crematística
está al servicio de la economía y la economía no consiste únicamente en repartos basados
en la utilidad, sino que también toma en consideración criterios de honestidad o belleza.
Todo lo que es pragmático debe estar ordenado al bien del hombre en un sentido más amplio.
Por ello la economía no se limita a las habilidades de marketing, ventas, finanzas, etc.
El hombre no salió de las cavernas porque vendía mucho o persuadía muy eficazmente a sus semejantes para que le hicieran una transferencia de riqueza.
Lo hizo porque se propuso planes, y esos planes despliegan un conjunto de medios orientados
a fines que hacen mejorar el tejido productivo, la productividad, el empleo de recursos y,
en general, maximizan la utilidad. Si el hombre solo se hubiera movido por generar caja y
no por los motivos subyacentes de valor que hacen generar caja, no habría habido mejora
económica alguna. Por tanto, lo crematístico, dinero, mercadotecnia, finanzas, está al servicio
de lo económico y no se confunde con ello. El hacerlo al revés es una de las causas que a largo
plazo las grandes organizaciones pierdan valor porque se concentran en automatizar un método
de generar caja. Si las notas de unos estudios fueran el dinero y el conocimiento o sabiduría
real de un estudiante fuera su valor, sería preferible un sabio con malas notas a un idiota
con tres carreras. Si cuidamos lo económico intangible, lo crematístico le seguirá,
pero si nos centramos en lo meramente monetario, a largo plazo perderemos nuestro valor.
Para comprender el papel de la empresa en la sociedad, resulta necesario comprender el
verdadero sentido de la economía. Repasemos las ideas principales. Precio y valor son cosas
distintas. Lo segundo no debe reducirse a lo primero. Del mismo modo, crematística y economía
no deben confundirse. Por eso, una economía verdadera se basa en la búsqueda de valor
por encima de la búsqueda de utilidad o beneficio.
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