Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 31 de 107

Mando y obediencia

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MANDO Y OBEDIENCIA - CRUZAR EL RÍO

CALIFICA LA CLASE

El organigrama en movimiento implica jerarquía, basada en una simbiosis entre el mando y la obediencia. Estos dos fenómenos muchas veces nos interpelan, generando la pregunta sobre el por qué de la necesidad o justificación del obedecer. Esta es una pregunta que se han hecho grandes estudiosos de la política: ¿Por qué el hombre obedece naturalmente a la autoridad?

Puedes profundizar en el binomio mando-obediencia en este artículo: Mando y obediencia en Julien Freund.pdf

Si las comunidades se estructuran jerárquicamente, de acuerdo al binomio mando-obediencia, es porque el hombre reconoce un superior en su vida. A partir del núcleo básico que es la familia, el hijo reconoce a sus padres como figuras de autoridad. El hijo está llamado a encontrar en sus padres un modelo al que imitar. En la infancia, el niño obedece naturalmente porque reconoce en sus padres personas a quienes obedecer, "superiores naturales".

¿Pero qué pasa en el mundo de la empresa? En una empresa la relación de jefe-subordinado no es una de superioridad natural, sino artificial. ¿Cómo se mantiene el binomio mando-obediencia en este caso? ¿Solamente por miedo? ¿O el mando debería de encontrar otra justificación más profunda? En la obediencia "artificial", hay que demostrar un vínculo parecido o análogo al que se da en la obediencia natural, que ayude a desarrollar sentimientos similares. Un jefe no es un padre, y nunca lo va a ser, pero puede encontrar en la paternidad características de las que aprender y a las que emular, que potencien el vínculo con sus subalternos.

Puedes profundizar en la relación familia-empresa en este artículo de Salvador Rus Rufino y Mª Rosario Rodríguez Díaz.

Tenemos la historia de Décimo Junio Bruto (180-120 a.C.), que al emprender la conquista de Galicia, tuvo que cruzar el río Limia con sus legiones: el río era identificado como Lethes, ‘río del olvido’, y los soldados se negaban a cruzarlo por miedo a la amnesia. El comandante lo cruzó, el primero como verdadero líder, y desde el otro lado fue llamando uno por uno a sus soldados para que comprobaran que no había perdido la memoria. El comandante les llamó a cada uno por su nombre para la batalla, y sus soldados reconocieron en él a alguien a quien seguir: no solo un valiente que asume el mismo riesgo que va a exigir a sus subordinados, sino un líder tan comprometido con su equipo que los conoce por su nombre, a todos y cada uno de ellos. Puedes profundizar en su historia y fuentes en este artículo.

Otro ejemplo lo tenemos en nuestro personaje patrio Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. El rey Alfonso lo condena al exilio por haber dado crédito a los envidiosos cortesanos enemigos del Cid, quienes lo habían acusado falsamente de haberse quedado parte de los tributos pagados a la corona por el rey moro de Sevilla. Otra versión afirma que Alfonso destierra al Cid porque este se niega a jurarle como rey hasta que él no jure no haber participado en el asesinato de su hermano don Sancho.

El Cantar del mío Cid no narra este hecho (puedes leerlo entero, adaptado al castellano moderno, en este enlace). Comienza justo cuando el Cid es mandado al destierro. El Cantar comienza con el llanto del Cid:

“De los sus ojos tan fuertemente llorando, Tornaba la cabeza y estábalos catando”

Cantar del Mío Cid.

En el poema del Cid encontramos momentos en los que el mando y la obediencia resplandecen: el primero corresponde al inicio del poema que acabamos de referir. El Cid es lanzado al peor de los destierros: su honra ha sido mancillada, ha perdido todas sus posesiones, sale de Burgos como un paria. Y sin embargo, no se va solo. Sus hombres se van con él. Podrían haberse quedado, la condena no se extendía a ellos, pero aceptan compartir el destino oprobioso de su señor. ¿Por qué? Porque reconocen en el Cid a alguien a quien seguir. Alguien que merece ser obedecido, alguien a quien jurar lealtad, alguien con quien estar en las buenas y en las malas: en los honores y en el destierro. Esto se refleja en la famosa frase: "Qué buen vasallo si hubiera buen señor".

Puedes profundizar aquí en su historia:

Cuando hay un mando y una obediencia real, cuando el mando nace del ejemplo y la obediencia de un reconocimiento de que hay alguien que merece ser obedecido, hay acuerdo. Y cuando hay acuerdo, hay proyecto.

“Obediencia. La palabra más emocionante del mundo; menudo trueno de palabra. ¿Por qué imaginan los necios que el alma es libre sólo cuando discrepa del orden común? Incluso la muchedumbre que se alza para quemar y destruir debe toda su grandeza y terror, y cierta autoridad, no a su ira, sino a su acuerdo. ¿Por qué debería hacernos sentir libres el mero desacuerdo?”.

Gilbert Keith Chesterton

Aquí tienes una lista de las obras de Chesterton, uno de los autores más admirados del siglo XX: https://www.todostuslibros.com/autor/chesterton


FICHA DE PUNTOS CLAVE

A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.

Transcripción del vídeo

En los vídeos anteriores hemos abordado la identidad de la empresa y su dimensión comunitaria.

Ha llegado la hora de tocar un tema delicado, la obediencia. ¿De verdad es necesaria?

En la primera semana del curso hablamos de la importancia del organigrama y de la coordinación.

Y estos elementos no pueden desligarse de dos conceptos, el mando y la obediencia.

¿Por qué el hombre obedece naturalmente a la autoridad? Autores como Bertando Yuenel o

Julielmo Ferrero han insistido en el origen y carácter misterioso de la obediencia humana

al mando político. Apuntan esos autores que hay algo mágico en la predisposición humana a la

obediencia. Para comprender este fenómeno, como siempre, debemos remontarnos a la naturaleza

social del hombre. Las comunidades se estructuran jerárquicamente porque reconocemos un ser superior

en la vida. Esto comienza con la familia. Los padres van abriendo a sus hijos a la realidad.

Es la forma que estos tienen de introducirse en el mundo. El hijo está llamado a encontrar en sus

padres un modelo al que imitar. Para él, sus padres son como superhéroes, que todo lo pueden

y todo lo saben. Se trata de un modelo de obediencia natural, que parte de la familia

y se replica en otros ámbitos. El maestro, por ejemplo, al buscar el aprendizaje y crecimiento

del alumno, se convierte en figura de autoridad. En la familia y en la escuela, la figura de la

autoridad resulta natural. Pero ¿qué pasa en ámbitos como la empresa, donde la superioridad

no es tan objetiva? La relación de jefe y subordinado a veces se debe a la antigüedad,

o a circunstancias vitales o a motivos aleatorios. Se trata en definitiva de una

obediencia artificial y para que funcione hay algo fundamental, ganarse el respeto.

En el siglo II a.C. el romano décimo junio bruto necesitaba cruzar el río Limia para

entrar y conquistar Galicia. Sin embargo, sus legionarios se negaban porque lo identificaban

con el río Lezos que en la mitología estaba identificado como el olvido. Décimo cruzó

entonces encabeza el río y desde el otro lado fue llamando uno por uno a sus legionarios,

demostrando que no había olvidado sus nombres y que era un líder al que se podía seguir.

El destierro del Cid Campeador también ilustra la obediencia basada en el respeto. El cantar

del Mio Cid comienza justo cuando el Cid es mandado al destierro. Todas las grandes obras

de la literatura empiezan con una frase magnífica que resuena por todos los siglos. La Iliada

comienza con la ira de Aquiles. Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles. O en la divina

comedia, el famosísimo En medio del camino de nuestra vida. El cantar comienza con el llanto

del Cid. De los sus ojos, tan fuertemente llorando, tornaba la cabeza y estaba los catando. Lo

curioso es que el poema no empezaba así. Si comparamos con otros cantares medievales,

los inicios del poema son grandes preámbulos sobre el autor, la época y las circunstancias,

pero la historia quiso que se perdiera esta primera página para dejarnos este bello comienzo con las

lágrimas del héroe desterrado. Rodrigo Díaz de Vivar es expulsado, deshonrado y desposeído de

sus bienes, sale de Burgos como un paria y sin embargo no marcha solo, sus hombres le acompañan.

Podrían haberse quedado, pero aceptan compartir el destino de su señor.

Reconocen en el Cid a alguien digno de lealtad, en los honores y en el destierro.

El propio Cid encarna esta obediencia basada en el respeto.

Después de tomar valencia, podría haberse coronado, pero ratifica la conquista de esta

tierra en nombre del rey Alfonso y en señal de su lealtad envía regalos a la corte.

Estos ejemplos se resumen en una frase de la película del Hobbit, inspirada en la novela

de Tolkien que antecede al Señor de los Anillos. Cuando la batalla de Moria aparece perdida,

aparece Thorin con su escudo de roble y se enfrenta a Azo, el líder de los orcos. Y gracias

a su intervención salva a los demás enanos. Y Balin piensa, he ahí a uno al que podría

seguir, he ahí a uno al que podría llamar rey.

El mando nace siempre del ejemplo y la obediencia de un reconocimiento al respeto ganado. Cuando

Cuando se produce este reconocimiento, hay acuerdo. Y cuando hay acuerdo, hay proyecto.

Sin el acuerdo, la obediencia artificial es imposible. Por eso debemos buscar en nuestro

entorno a nuestro décimo, a nuestro CID o a nuestro VALI. Y también podrías preguntártelo

a ti mismo ¿me seguiría mi equipo hasta el fin del mundo? Solo hay una manera de comprobarlo.

Cruzando el río.

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