Nº 1Programa Empresa y PersonaLección 32 de 107

Responsabilidad e implicación

El vídeo de esta lección llega en unos días.Mientras tanto, tienes el texto de la lección aquí debajo.

¡ÉCHALE UN VISTAZO AL CONTENIDO EXTRA PINCHANDO AQUÍ!

DESCARGA UN RESUMEN AQUÍIR A FICHA DE PUNTOS CLAVE

RESPONSABILIDAD E IMPLICACIÓN - HÉCTOR DIJO NO

CALIFICA LA CLASE

La dirección en acción es responsabilidad, ya sea ante los subordinados, los superiores, la empresa en conjunto o la sociedad en general. Supone una implicación de toda la persona en la empresa y su misión: el trabajo de uno no solo consiste en el cumplimiento de una tarea, sino la realización de la misma con responsabilidad, que muchas veces ni se ve ni es apreciada.

Esto, hilado al vídeo anterior, sólo se consigue desarrollando un especial respeto, un vínculo de estimación con los que están a tu cargo. Lo que llamamos autoridad. En la Roma clásica, se dividía el liderazgo entre auctoritas y potestas, entre personalidades con autoridad y aquellas con potestad. Puedes profundizar en este artículo: Binomio Auctoritas Potestas - Rafael Domingo.pdf

La potestas era el poder efectivo y coactivo, que detenta los medios para hacer cumplir la voluntad del que manda. Así, tenían al pretor y al cónsul, ambos encarnaciones perfectas del poder efectivo. El primero se encargaba de impartir justicia, de imponer penas y resolver litigios concretos, cuestiones específicas de la vida diaria que requerían de decisiones firmes y mandatos. El segundo, el cónsul, se elegía anualmente para dirigir a los ejércitos, y hacer efectivos los decretos del Senado. Son ejemplos claros de poder efectivo, de ordeno y mando. Se les obedecía porque la desobediencia se castigaba duramente.


Sin embargo, la auctoritas era la verdadera y perfecta autoridad. Es un poder que no llama ser cumplido por la fuerza, sino por el convencimiento. En Roma, la encarnaban instituciones como el Senado (Senatus) o el Colegio de Pontífices (Collegium Pontificum). Eran instituciones y personalidades con funciones sin poder efectivo, pero que afectaban esencial y radicalmente a la vida de la República, que encarnaban su superioridad sobre los individuos, que infundían un respeto y solemnidad que empujaba a obedecerlos naturalmente.

El liderazgo empresarial debe fundarse en la auctoritas, y esta nace de la responsabilidad. La autoridad moral se gana desde una implicación, desde el momento en que me hago verdaderamente responsable. Puedes profundizar en el excelente ensayo del Prof. Manuel García Pelayo: Auctoritas - Manuel García-Pelayo.pdf

El mejor ejemplo de liderazgo por responsabilidad lo encontramos en una escena de la Ilíada, personificado en Héctor. En la Ilíada, obra que comienza la historia de la literatura en occidente, tiene grandes enseñanzas. En un momento de la batalla, Héctor entra en la ciudad buscando a su hermano Paris, y le encuentra su madre Hécuba que le detiene. Hécuba le pide que descanse de la batalla, y le ofrece vino dulce para que haga libaciones a Zeus y recupere el vigor:

Hécuba, madre de Héctor: “Lo tomó de la mano, le habló por su nombre y le dijo: —Hijo mío, ¿por qué aquí viniste y dejaste la lucha? (...) Aguarda y traeré el vino dulce lo mismo que mieles y así liba primero a Zeus padre y después a los dioses; y tú luego, bebiendo, sabrás encontrar tu provecho. Al guerrero cansado las fuerzas el vino acrecienta y tú estás muy cansado de haber defendido a los tuyos. Y el gran Héctor del casco brillante repuso diciendo: —No me des, madre mía, ese vino lo mismo que mieles, no sea que debilite mi fuerza y olvide mi audacia. Sin lavarme las manos no habré de libar por Zeus Padre negro vino, ni orar al Cronión el que nubes reúne, pues no es lícito hacerlo manchado de sangre y de polvo.”

Homero, Ilíada, Canto VI, 253-268

Héctor rechaza detenerse y hacer las libaciones, pues la batalla le requiere. Se encuentra manchado de sangre y barro. No es el momento de hacer sacrificios a los dioses sino el momento de la guerra. Cuando finalmente encuentra a su hermano Paris, le reprende duramente que mientras sus hombres luchan por su causa, él está descansando:

-¡Desgraciado! No es decoroso que guardes en el corazón ese rencor. Los hombres perecen combatiendo al pie de los altos muros de la ciudad; el bélico clamor y la lucha se encendieron por tu causa alrededor de nosotros, y tú mismo reconvendrías a quien cejara en la pelea horrenda. Ea, levántate.

Y una vez más, su cuñada Helena de Troya (por quien ha comenzado la guerra) le pide que se siente y descanse. A lo que Héctor responde:

“Entonces Helena le habló con palabras dulcísimas: —(...) Pero entra, cuñado, y en este sitial acomódate puesto que la fatiga tu gran corazón te acongoja por mí, ¡oh perra!, y por la sinrazón que comete Alejandro, a los que mala suerte dio Zeus para que a los que vengan les sirvamos nosotros de tema para sus canciones. Y el gran Héctor del casco brillante repuso diciendo: —¡No me ofrezcas asiento, oh Helena! Aunque mucho me aprecies, no te escucho, pues mi corazón se me va con los teucros a ayudarlos, que todos me están esperando impacientes.”

Homero, Ilíada, Canto VI, 343-362.

Más adelante lo detiene su mujer, Andrómaca, y le pide que se quede con ella, suplicándole:

“Sonreía en silencio el gran Héctor, mirando a su hijo, y con llanto muy grande a su lado detúvose Andrómaca, lo tomó de la mano, y nombró con sus nombres y dijo: —¡Desgraciado! Te habrá de perder tu valor. No te apiadas de tu hijo tan tierno y tampoco de mí, ¡oh desdichada!, viuda pronto porque los aqueos te habrán de dar muerte (...). Ten piedad de nosotros y quédate aquí en esta torre; no me dejes sin padre a tu hijo y viuda a tu esposa. (...) Y el gran Héctor del casco brillante repuso diciendo: —Yo también he pensado estas cosas, mas grande vergüenza sentiría ante teucros y teucras de peplos holgados si me vieran huir de la lucha como hace un cobarde.”

Homero, Ilíada, Canto VI, 404-443.

¿Quién fue Andrómaca? Aprende más sobre este fascinante personaje y su historia de amor con el príncipe troyano en este enlace.

La responsabilidad implica un sacrificio cuando las cosas no salen bien, una asunción de las consecuencias por el bien del equipo, sin centrarse en el reparto de culpas, sino en el éxito de la empresa:

Durante el sitio de Gergovia, baluarte de Vercingétorix, en el año 52 a.C., las tropas de Julio César trataron de conquistar la fortaleza, pero cuando consiguen abrir brecha en la muralla César tocó retirada para que, reorganizándose, el asalto final fuera más efectivo Sin embargo, la avaricia pudo más, y varios miles de soldados se lanzaron caóticamente al interior de la ciudad, deseosos de mayor botín. Rechazados por los galos, estos soldados emprendieron una desordenada huida monte abajo, presa fácil de los arqueros que aún seguían en las murallas.

En este caso, la anarquía estuvo a punto de causar una derrota, pero el liderazgo pudo salvar la situación: los centuriones (comandantes de 80 legionarios) se quedaron a cubrir la retirada de sus hombres: de los miles que habrían sido capturados, solo cayeron 700 hombres, de los cuales 46 eran centuriones (cayó uno por cada 14 legionarios muertos, cuando su proporción en la legión era de uno por cada 80).


Todo ello puedes leerlo en los Comentarios sobre la guerra de las Galias (Commentarii de bello Gallico) de Julio César, 7.47.1 - 7.51.1. La obra entera está disponible aquí.


FICHA DE PUNTOS CLAVE

A continuación podrás descargar un documento con los puntos más importantes que se han comentado en el video.

Transcripción del vídeo

En los vídeos introductorios hemos tratado cuestiones como la dirección y el liderazgo.

Cuando la dirección actúa, hablamos de responsabilidad.

La antigüedad, como siempre, ofrece ejemplos muy ilustrativos. En la República Romana, de hecho, había dos clases de responsabilidad o de liderazgo, la auctoritas y la potestas.

La potestas era el poder efectivo y coactivo. El pretor y el cónsul eran la encarnación perfecta

de la potestas. El primero se encargaba de impartir justicia, señalar penas y resolver

litigios de la vida diaria. El segundo se elegía anualmente para dirigir a los ejércitos y hacer

efectivos los decretos del Senado. La obediencia a este tipo de figura se basaba en el castigo.

La auctoritas, en contraste, no se basaba en el poder de la fuerza, sino precisamente en el de

la autoridad. Se obedecía a la auctoritas por convencimiento. En Roma la encarnaban instituciones

como el Senado, Senatus, o el Colegio de Pontífices, Collegium Pontificum. Estos órganos carecían de

poder efectivo, pero afectaban radicalmente a la vida de la república. Y esto se debía al respeto

y solemnidad que infundían en los ciudadanos. Los romanos reconocían su superioridad moral.

La dirección de una empresa tiene que fundarse en la auctoritas, que el equipo actúe porque cree

en lo que hacemos y se siente implicado en el proyecto. Esta autoridad moral nace de la

responsabilidad y la responsabilidad exige sentir el proyecto como propio. Es lo mismo que ocurre

cuando un niño aprende que nadie va a sustituir sus juguetes rotos, es entonces cuando empieza

a apreciarlos de verdad, a tratarlos como suyos. El mejor ejemplo de liderazgo responsable lo

encontramos en Héctor. El héroe troyano se encuentra hasta en tres ocasiones con una invitación

a descansar de la batalla. Primero con su madre, Ecuba, que le ofrece un vino de miel. Después con

Helena, cuñada suya y en parte causante de la guerra. Y por último con su propia esposa,

Andrómaca. Héctor rechaza las tres oportunidades de apartarse de la lucha. Sin duda la más dolorosa

es la de Andrómaca, a la que así responde. Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría

entre los troyanos y las troyanas de rezongantes peplos, si como un cobarde huyera del combate.

Y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos.

Nadie le hubiera reprochado que hiciera las libaciones a Zeus, que tomase el asiento que le ofrecía Helena o se quedara junto a su mujer y su hijo.

Pero Héctor sabe que él, príncipe de Troya, comparte el mismo destino que el soldado más raso.

La victoria o la muerte, la salvación o la condenación de la ciudad.

Se siente responsable ante su conciencia y ante sí mismo.

Pero la responsabilidad también se da frente a otros. En sentido coloquial se trata de dar la cara.

Un buen ejemplo es la elección por constituency del sistema electoral británico. En vez de votar

una lista cerrada o un partido, se vota un representante de tu distrito. Se elige una

persona a la que pones cara, alguien a quien podrás pedir cuentas, que incluso podría ser tu vecino.

La responsabilidad ante los demás también implica un sacrificio cuando las cosas no salen bien,

asumir las consecuencias y centrarse en el éxito de la empresa en lugar de dedicarse a repartir

culpas. Durante el sitio de Jergovia, defendido por el líder galo Vercingetorix, Julio César hizo

avanzar sus legiones. Y en un cierto momento, cuando las legiones ya estaban llegando a

la fortaleza y empezando a romper la muralla, ordenó que se detuvieran y se retiraran para

concentrar las fuerzas. Sin embargo, una parte importante de sus tropas continuaron probablemente

por ansias de botín. En ese momento contraatacó Perfín Getórix y se produjo una situación

crítica en la batalla. Al producirse una desbandada, los centuriones formaron una línea

en retaguardia y detuvieron la cometida de los galos. Según Julio César, fueron solo

700 bajas cuando habían podido ser varios miles. Asumir la responsabilidad es constituirse

como líder. Al dar la cara, el equipo reconoce en nosotros una autóritas, alguien capaz de

llevar el proyecto hasta el final a pesar de todos los errores. También podríamos resumirlo de esta

manera. Hacerse responsable es asumir el mundo como un don, cuidarlo e integrarlo en mi vida a la vez

que me dejo integrar por él.

Gracias por ver el video.

Se guardan solo en este navegador. Nadie más puede verlas.